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El Pegaso Comet 3020 de Carlos Hernández

Del Pegaso Comet 3020 F se hicieron pocas unidades, no más de 70 según los más entendidos. ¿Fue acaso un prototipo previo a la fabricación del 3040? Saberlo no es fácil, pero que Carlos tiene grabado en su bastidor el número 29 sí es un privilegio incontestable.

El pegasista más curtido sabe que estamos ante una pieza muy exclusiva y de gran valor histórico, pues este modelo forestal (F) se dio a conocer en 1963, en paralelo a la versión 3020, de naturaleza militar; y dio paso a los subsiguientes 3040/41 y 3045, también en configuración 4X4.

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“Yo no me atrevo a pensar que el 3020 se quedó prácticamente en un prototipo, pero lo que sí se sabe es que más de 100 unidades de este modelo no salieron, segurísimo, y la nuestra tiene en el bastidor el número 29”.

Quien habla con tal autoridad no es precisamente el Carlos Hernández que tan conocido es en los círculos camioneros de Teruel y alrededores, sino su hijo de 22 años, al que su padre se refiere siempre como Carlitos, y al que nosotros, prudencia por delante, seguiremos llamando Carlos.

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“A mi padre le gusta mucho llevar los camiones restaurados, pero yo disfruto más arreglándolos. Por eso elegí estudiar mecánica y automoción. Según he podido constatar, este modelo tiene cosas muy distintas a los Comet que salieron al mercado después.

Los diferenciales 3040/41, 3045 –nos ilustra el joven Hernández– no son los del 3040, 3041 y 3045; al igual de lo que pasa con ejes y puentes. De hecho, llama la atención la semejanza a materiales suministrados por DAF”.

El Carlos Hernández de 54 años escucha a su hijo con el encandilamiento propio de un padre, pero sus palabras le sirven una coartada que no quiere dejar pasar.

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“Me gustaría que este reportaje sirviera también de homenaje a mi amigo Florencio Blasco, que nos dejó hace poco tiempo, y al que dedicamos en abril nuestra I Concentración de Clásicos y Americanos en Torrebaja (Valencia).

A Florencio todo el mundo le conocía como El Profesor, mucho antes de que la serie “La Casa de Papel” internacionalizara ese sobrenombre. De un simple taco de hierro –continúa con emoción– hacía la pieza más ingeniosa.

pegaso comet 3020

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Era mucho más que un amigo para nosotros, y se puede decir que a Carlitos le formó él en lo más sutil de la restauración de los vehículos antiguos y las argucias mecánicas más extraordinarias”.

Mucha historia
El Pegaso Comet 3020 que aparece hoy en Solo Camión bien podría formar parte del Libro de Familia de los Hernández.

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En 1964 fue adquirido por el padre y los tíos de Carlos, que en ese tiempo regentaban una serrería.

“Por aquel entonces encargabas un camión y el fabricante solía tardar en entregártelo. Creo recordar que nos costó 670.000 pesetas (unos 4.000 euros). La empresa por entonces se llamaba Lucio Hernández, que era el nombre de mi padre, y más adelante Maderas Hernández, que es como podéis verlo ahora. Con 10 u 11 años ya me dejaban llevarlo. A esa edad ya pesaba casi lo que peso ahora –ríe Carlos– .

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Yo cargaba pino, chopo, olmo y lo que hiciera falta. Atesoro recuerdos de ir a la subasta de pinos en el monte y traerlos a nuestro aserradero. Como lo veis ahora mismo es como iba el camión, flanqueado por esas velas negras para aguantar la madera. Lo legal era cargar 6.000 kilos, pero te aseguro que en aquellos años setenta transportábamos muchas veces hasta diez toneladas”.

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En Solo Camión hemos visto alguna vez que un único operario puede cargar troncos de la grúa a la plataforma, pero en aquel entonces al menos se necesitaban tres personas para cargarlos en el monte y llevarlos a la serrería.

“Se ponían unos pinos que iban del suelo a la carrocería –rememora– y subías los troncos rodando en orden de mayor a menor. Esta grúa de la marca Tico fue de las primeras que no llevaba patas”.

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Restauración fiel
Más de un cuarto de siglo se encomendó este Pegaso al trabajo forestal, hasta que iniciada la década de los noventa dejó de trabajar, a pesar de lo cual sus dueños jamás dieron un solo paso para venderlo. Su restauración tardó en llegar, pero se dio por iniciada en 2016.

“Nadie diría que llevaba casi treinta años inactivo –afirma el valenciano–. Cambiamos frenos, ruedas, manguitos… y evidentemente remozamos la carrocería y le dimos un pintado a fondo, respetando su color original.

Junto a nuestra casa, en la que vivo con mis hijos Carlitos y Paula, tenemos un taller donde pasamos mucho tiempo trajinando con otras reliquias de las que disfrutamos, pero que nos conceden pocos descansos, como un Ebro B45, un Mercedes-Benz 508 D, un americano International y un Pegaso 1083, entre algún que otro motorizado más”.

Paula, la pequeña de los Hernández, tiene aún 13 años y la ESO ya le da suficiente labor como para pararse en los camiones, pero goza también yendo a concentraciones camioneras con la familia y tiene muy buenos recuerdos de aquel Bar Pegaso que fundó su madre María Ester (hoy fallecida) y que la familia regentó hasta 2017, donde ella respiraba de niña un apego muy especial hacia el oficio de camionero.

Hoy los dos Carlos de la familia regentan sendos taxis, pero ya tienen el ojo puesto en el tapizado del Comet o la restauración inminente de un camión Nazar.

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Miguel Hernández y Daniel Aparicio, hermano y cuñado de Carlos, son los otros integrantes del equipo familiar que cultiva el amor por la restauración. “No hay pan partido entre nosotros –concluye Carlos con orgullo–. Cualquiera puede llevar un camión u otro”.

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