
El respirar dentro de su camión las peores horas de la DANA le da a Alzbeta Mitasova, Beti, una óptica más profunda del amor por su vida y su trabajo.
Cuando Beti se levanta a las 4 de la madrugada, y una hora después se aúpa a su camión en la sede de Innova Logic Transportes de Riba-roja de Túria (Valencia), para llevar a cabo sus entregas en Murcia, nunca pierde la perspectiva de la felicidad que le ha reportado el camión desde su más tierna infancia.
“De pequeña era el ojito derecho de mi padre, porque siempre que podía le acompañaba en su camión Tatra por Chequia.

Estudie peluquería y trabajé en una imprenta – continúa Beti -, pero al quedar en paro, el equivalente checo a lo que aquí sería en Instituto de Empleo me ofreció sacar el carnet de camión, y ese ha sido uno de mis grandes aciertos en la vida”.
Con el padre de sus dos hijas, Adriana y Katerina, camionero que fue su marido durante dos décadas, comenzó a hacer internacional a doble chófer.
“El primer día que fuimos a una ruta por España – se electriza al recordarlo -, me sentí bienvenida y en paz. Quedé enamorada de Valencia, por su clima, sus rutinas… no sé cómo explicarlo.



El caso es que en 2015 nos vinimos a vivir aquí, cuando la empresa para la que hacíamos la ruta Chequia-Valencia nos permitió realizar las pausas en España. Ya con el NIE (Número de Identidad de Extranjero), que es el código personal que te identifica como profesional que trabaja en España, comenzamos a trabajar para el Grupo Mazo, de Valencia, que tiene una política que favorece mucho la integración de matrimonios compartiendo ruta.
Cobrábamos bien, pero llegó un momento en el que sentí la necesidad de compartir más ratos con mis hijas pequeñas, que pasaban buena parte del tiempo con su abuela”.
De Mazo a Innova Logic
Cada cónyuge se emancipó con su camión, y las circunstancias derivaron al poco en una separación a todos los niveles. La ruta nacional le concedió más tiempo con sus pequeñas, y no le costó encontrar puesto como chófer en Rocamar (frigo-alimentación) y Proyecta (lona y góndola para cristal), lugar este último en el que conoció a Toni Romero, su pareja desde entonces.
“Desde hace 9 meses trabajo en Innova, que son especialistas en transporte frigorífico, y tengo una faena en la que me siento muy afortunada. Nunca – se sincera – percibí hacia mi persona un trato distinto por ser mujer, ni racismo por ser extranjera.

Si eres responsable, trabajadora, sociable y educada, las empresas siempre te quieren. Es cierto que si un hombre acula mal un camión no pasa nada, y si eso le pasa a una mujer, se cuchichea, pero a todo te acostumbras.
Se agradece cuando alguien te quiere ayudar en una maniobra, pero cuando hay 4 haciéndote indicaciones distintas – ríe Mitasova – te dan ganas de asomarte por la ventana y decir ‘Gracias, pero me sobran 3’.
Me siento tratada fenomenalmente por todo el mundo. Llevo un espectacular Renault T520, y en Innova me han apalabrado, para muy pronto, otro de última generación. Le sigo dando gracias cada día a la vida, y más después de todo lo vivido en la DANA”.


Narrar lo inenarrable
El fatídico 29 de octubre de 2024, día funesto en la historia de Valencia y España, Beti llegó con su Renault a las instalaciones de Innova en Riba-roja, y con el agua cubriendo ya las ruedas consiguió acular su remolque al muelle de Innova.
Andando logró llegar dificultosamente a la cabina para coger su móvil, antes de intentar ponerse a salvo en sus instalaciones interiores, pero ante sus ojos vio como un contenedor de hierro era arrastrado por la corriente, así que ya vio del todo inviable llegar por su pie a la oficina, de la que apenas le separaban 20 metros.
“Vi cómo a mi coche, aparcado a poca distancia, se lo llevaba el torrente de agua, pero en ese momento lo material prometo que era lo que menos te importaba.


Sólo querías saber dónde y cómo estaban tus seres queridos. Hablaba a ratos con mi pareja o mis hijas, pero cuando la cobertura se iba todo era angustia. No se me ocurrió subir encima de la cabina – relata –, porque si la corriente arrastraba el camión entonces sí que se acababa todo.
Mi suerte fue que al menos la mitad del camión estaba protegido por las paredes del muelle”.
Ahora se aferra a los brazos de su nieta de 2 años, con más ímpetu aún que en el que aquel día se aferró a la vida.

Como transportista espera seguir escribiendo las más bonitas páginas de la historia de su vida, pero el sueño que algún día espera cumplir es el de montar su propio restaurante, con alguna hija en la barra y ella en cocina, dando a conocer al mundo la maravillosa repostería checa, para la que Beti tiene una mano exquisita.





