
De niña, esperaba inquieta esas navidades en las que acompañaba en el Super Comet a su padre, tratante de animales, para repartir corderos por los pueblos y ayudarle con las cuentas.
De aquella determinación sobre un Pegaso, que a esa edad sólo puede ser candorosa, porque aquella pequeña sólo buscaba la coartada adecuada para poder pasar más tiempo con su padre; surgió una lumbre en el alma de esta catalana tenaz: estar siempre en un camión.
“Durante el año veía poco a mi padre, porque todo era trabajar y trabajar fuera de casa. En verano tampoco es que nos viéramos mucho, porque mis hermanos y yo teníamos que estar al cuidado de la casa; pero Navidad era otra cosa.

Todo el mundo quería sus cabritos para Fiestas. Dormía en el camión y, cuando despertaba, mi padre me había dejado un listado de direcciones para ir con los albaranes.
Le esperaba luego en el bar repasando las cuentas. Me sentía tan mayor, valiosa y querida al lado de mi padre – se emociona – , que para mí los fines de año siempre están asociados a esos recuerdos”.
A caballo entre la EGB que se finiquitaba y una ESO que emergía, nuestra rubia, siempre un puntito rebelde, acabó haciendo algunos cursos de Administración, porque la contabilidad siempre le había tirado, pero ya de adolescente combinaba el colegio con unas horas en la carnicería de su hermana, 8 años mayor que ella.



“A mi cuñado también le estoy muy agradecida de haber cuidado de mí, con discreción y constancia a partes iguales, pues yo – recuerda la torderense –, con apenas 20 años, ya ganaba mucho dinero trabajando de lunes a viernes en una fábrica de calcetines, acompañando a mi padre un par de días a la semana en el reparto de canales de cordero, y ayudando a mi madre el fin de semana en la carnicería”.
No obstante, había otra llamita que desde los 13 años Janet mantenía encendida, y cuya historia es digna de ser conocida:

“A esa edad yo ya estaba enamoradísima del que hoy es mi marido, Matías. Pero él ya pasaba de los 20 y, lógicamente, no me hacía ni caso. Era un amor platónico, que además se intensificaba por el hecho de que él era corredor de Rallyes, al que por estas tierras todos conocían como “El Tuercas”.
No obstante, a mí me tenía prendado el corazón más por su faceta de camionero. Conducía un tráiler de pescado – prosigue, mientras él la mira en respetuoso silencio – y en aquellos tiempos aún le idealizaba en mayor medida por eso.
Llevando un pescatero, que a mediados de los 90, sin limitador ni tacógrafo, te podía hacer tres Barcelona-Sevilla en una semana, y levantarse 500.000 pesetas al mes, empleaba buena parte de ese dinero en prepararse para algunas pruebas del Campeonato de Rallyes”.


Empresas familiares
Unos 7 años después sí que, por fin, se volteó Matías a mirar a Janet, e iniciaron un noviazgo que hoy, con tres hijos, ya devino en un matrimonio consolidado; pero que en aquel entonces fructificó en una empresa de transportes en la que Matías compartió proyecto con el padre y el hermano de Janet.
Un año después, la pareja sentimental derivó en una pareja profesional que ya nunca dejó de serlo, bajo esas siglas de la actual JANEMAT (Janet y Matías), que lucen en el frontal de sus camiones. “Al quedarme embarazada, decidimos adelantar la boda, haciéndola coincidir con el mismo año en el que montamos la empresa.
Mi suegro nos ayudó con todo para comprarnos un Volvo FH 380, y con el barrigón de mi hijo segundo tocando el volante del camión – aflora en ella una hermosa sonrisa –, mi marido me hacía las prácticas para sacarme el carnet.
Era una locura. Al principio cogía el camión cuando mi marido hacía el descanso semanal, y a parte echaba muchas horas en otra carnicería. Llegamos a tener 5 camiones, pero eso no era vida.

Ni nos veíamos nosotros, ni podía estar con nuestros hijos el tiempo que yo quería y ellos me demandaban. Organizaba los viajes de los demás, administraba las cuentas y, cómo no, conducía; que era lo que en el fondo resultaba menos agotador; hasta que nos volcaron un par de camiones… y casi nos vamos a la ruina.
Con un chófer de baja estuvimos casi un año moviendo tres camiones entre los dos. No valía la pena, y menos si encima escuchabas a tu pequeño decir lo que más puede dolerte: “Mamá, es que no te veo”. Por fortuna, supimos ver el momento de quitar camiones”.
Mejor reconciliación
Hoy Janemat cuenta con un MAN TGX 580, una Cosechadora y el Scania 540, que para este reportaje conduce nuestra Daenerys de 47 años, madre de tres dragones (Jordi, Dani y David), que nos acompañan en la parte final del reportaje para aportar un punto de vista siempre a valorar, como es el de unos hijos que sienten en su madre la inspiración de alguien cuya energía en su trabajo es sólo equiparable a su inquebrantable dedicación maternal.

“En casa saca su carácter para que ayudemos en la limpieza de la casa, pero todo son enseñanzas que nos valdrán a futuro. De hecho – nos dice Dani, el hijo mediano –, estamos comiendo en este restaurante, pero podríamos comer perfectamente en la jaula donde lleva los animales, de lo limpia que la tiene siempre.
Es una guerrera súper cañera – el pequeño toma la palabra – y se quita de dormir las horas que haga falta para llevarme al fútbol. Es una trabajadora de sol a sol – ahora habla el mayor -. A su lado, todo se supera».




