Desde que canjeó por otro su primer deseo de ser una mujer de armas tomar, no tuvo misterio para ella lo de ser feliz al volante. Ahora lo entenderéis.
La aspiración de Jennifer Ceferino era opositar para el Ejército. Con ese fin superó algunos exámenes, ciertas pruebas físicas y un reconocimiento médico, pero cuando se sacó el CAP y el permiso de tráiler, con la intención primera de tener más puntos a su favor, una luz se encendió en su interior y empezó a soñar que tal vez no era en el Ejército donde ella quería dar la batalla diaria.
“Me formé con un Renault Magnum – recuerda –, y las sensaciones que yo experimenté desde esa cosechadora de piso plano fueron catárticas para mí. En aquellos días comencé a hablar con gente relacionada con el transporte y cambié aquellas oposiciones al ejército por esta llamada imprevista a una nueva vocación.

Os puedo asegurar que no me he arrepentido ni un minuto de aquella decisión, porque si el mundo se dividiera entre los que se levantan con ganas de ir a trabajar y los que no, yo desde luego sería del primer grupo… y todos los días”.
Tal cambio vocacional es aún más curioso, en tanto que la familia de José Antonio, su padre; estaba ligada a la minería; y la de Carmen, su madre, a la agricultura.
No obstante, por algún sitio debían ir los tiros cuando una Ceferino cuasi adolescente complementó sus estudios de ESO con diversos cursos de chapa y pintura, electromecánica y dirección de empresas.


“En cualquier caso he de reconocer que siempre preferí trabajar a estudiar – reconoce la joven asturiana -. Combiné la labor en una tienda de congelados con períodos en el sector de la restauración, hasta que me saqué los permisos antes mencionados y el carnet de carretillera.
En primera estancia me llamaron del Grupo Pico para llevar un toro mecánico, pero cuando les dije que agradecía la oferta, pero que la necesidad de estabilidad me aconsejaba no dejar el empleo en el que estaba, si no era para subirme a un camión, uno de mis dos jefes, Toni Gómez, no se lo pensó dos veces y me ofreció trabajo de inmediato como chófer de la empresa. Empecé el 11 de diciembre de 2023. Hay fechas que no se olvidan”.

Sus primeras rodadas
Jennifer tampoco olvida los nervios en su primera misión al camión, consistente en ir a recoger una tractora Scania S500.
“En comparación con aquel Magnum en el que me había formado, con aquel Scania me parecía estar llevando un coche o una furgoneta. Con 22 años hice mi primera ruta a Benavente, y la segunda ya fue a Madrid, lugar al que me acompañó mi padre – recuerda la asturiana -, y donde dormí por primera vez una noche entera dentro de la cabina.
A partir de ahí fui cogiendo confianza, y buena parte de ello se lo debo a Luis Ángel, que me enseñó de una manera delicada, eficaz, y sin estridencias; las referencias esenciales para iniciarte en este oficio: cargar y descargar la plataforma, enganchar, estacionar en el muelle o tratar con el personal.
Tengo oído de los camioneros veteranos, a los que me presta acercarme para apercibirme de cómo era antes este oficio, que la costumbre de designar a alguien para que en un principiante se acomodaran los primeros conceptos camioneros era antes muy habitual, pero que la mayoría de empresas han ido perdiendo ese hábito.




Bajo mi experiencia – reflexiona -, yo sólo puedo decir que a mí me sirvió de mucho, y eso es algo que más de una vez he hablado con los Jóvenes del Camión, mis amigos de JDC”.
Sentirse en libertad
Cuando en Pico entró una partida de camiones nuevos, Ceferino vio la oportunidad de postularse para ponerse al volante del Volvo FH que conduce ahora, al que había echado el ojo desde el principio; y su deseo se hizo realidad.
“Fue un 11 de febrero – vuelve a hacer gala de su buena memoria –, y con este camión hice mi primera ruta larga, una semana fuera de casa. Ahí mismo ya empecé a sentir la libertad que me da la carretera. Sé perfectamente que es una sensación más que una realidad, pero ¿Qué otra cosa te puede hacer sentir más viva y conectada al mundo que todo aquello que las sensaciones te susurran al oído?.

También tengo a mi favor que la presión que yo advierto en mis jefes es cero. Nunca he fallado en un porte, y tal vez por ello sé que no me pedirán explicaciones de si anduve aquí o paré allá, quien sabe – me mira y ríe con elegante plasticidad -, si para que un periodista de SOLO CAMIÓN me hiciera algunas fotos en el camino”.
Aunque la flota del Grupo Pico también incluye frigos, Jennifer no esconde su preferencia por llevar tauliner. “Me hace sentir mucho más activa el desamarrar, estibar la carga, distribuir la mercancía o cerrar la lona. El frigo, con todos mis respetos, no me da esa marcha. A mí me gusta romperme la cabeza”.



La ruta de nuestra protagonista es siempre nocturna. Sale hacia las 10 de la noche con bovinas, alimentación o aluminio hacia diferentes puntos, y de allí va a la paquetería.
“Duermo de día, cuando el disco está ya chamuscado. La noche tiene muchos pros, porque no hay tráfico, caravanas ni accidentes; pero aprender a dormir de día y cambiar los horarios el fin de semana – concluye Jenni, antes de despedirse y reincorporarse a la ruta – es toda una ciencia”.



