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Transports i Logística Ignasi: Nada hay más serio que divertirse

Una pizca de locura es la levadura perfecta para que un proyecto vital puje con el punto y sabor apropiados. Leyendo este reportaje de Transports i Logística Ignasi  lo entenderéis.

Quien se precie de conjugar al unísono los verbos trabajar y disfrutar sabe que está ante una de las mayores suertes que uno puede atesorar desde que algún homínido listillo se inventara eso del dinero, el sudor de tu frente y otras perlas similares.

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Para una persona joven con las ganas y el ímpetu de ser profesional del transporte, el pasar una jornada con Ignasi Moliner podría ser considerado una clase teórica de gran provecho. Seguro que él accedería gustoso, ya que es un hombre extrovertido y con un sentido del humor que podría considerarse hasta pedagógico.

A estas alturas del reportaje os invito a indagar en la plataforma TikTok en alguno de los vídeos cortos que, a través del hashtag #transportsignasi, lanza en esta red social nuestro protagonista. En dichas grabaciones, que siempre acaban con la consigna “¡A tope! La cuestión es no parar”, Ignasi va desgranando las peculiaridades de sus portes especiales, con una agudeza y chispa que te hacen amar este oficio tanto o más que el primer trago de cerveza en la tarde de una terracita de verano. ¿Ya? ¿Visto? Pues dejemos ya el móvil y volvamos a la lectura.

Al igual que todos coincidiríamos en que con cordura la vida de Don Quijote hubiera sido un aburrimiento infumable, con la tantas veces sobrevalorada prudencia tampoco habría llegado Ignasi ni a la mitad del camino en el que está ahora, un camino que transita con cuatro camiones que llevan portes de la más indómita naturaleza, arrastrando otros tantos remolques de plataforma lisa o extensible.

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Su mujer, María, coordina viajes y papeleo con una eficacia que Ignasi valora como el 60 % de la empresa. El otro 40 % se lo reparten entre él y sus tres chóferes. Los viajes por toda la geografía española son con paneles, tractores, maquinaria, chapas, depósitos de acero inoxidable, material para la construcción y toda suerte de pesos y volúmenes.

“A mí me va el sufrir un poco –nos dice un Ignasi del que no esperábamos menos–. Algunos me llaman el C15, porque lo cargo todo. Atar minuciosamente cada porte es un reto continuo que no admite relajo alguno. A veces necesitamos coche piloto, un papel que muchas veces ejercemos nosotros mismos. Trabajo muchísimo.

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Hay jornadas en las que me llego a levantar a las 3 de la madrugada. El límite lo rozamos habitualmente, pero el disco va siempre legal. Quien trabaja conmigo sabe perfectamente que eso es sagrado para mí. Si no se llega, no se llega, y ya me apañaré yo con el cliente, pero está prohibidísimo saltarse el disco. Eso, y no aceptar una vuelta mal pagada son dos principios que considero innegociables”·

Una vez que ya estamos al corriente de la sensatez en los principios laborales de nuestro protagonista, es un buen momento para echar la vista atrás y divisar la humilde casilla de salida desde la que este gerundense partió antes de empezar a tirar sus primeros dados en el tablero del oficio camionero.

Los seis hermanos Moliner crecieron felices en Girona, aunque teniendo que superar el fallecimiento temprano de su madre. La cría de caballos formaba parte del negocio familiar, pero Ignasi siempre tuvo debilidad por el transporte motorizado. De niño, recuerda, se atrevió a arreglar el clausor de un 2 CV y arrancarlo.

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Con 13 años ganó su primer dinero haciendo clientes por la urbanización en la que residía, ofreciéndoles el llevar a sus casas leña o estiércol con un tractor.

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Así empezó su singladura por un mundo del transporte en el que fue escalando desde un furgón a un Mercedes Atego 1829, pasando por un rígido, hasta llegar a un MAN 430 6×6 forestal. Tras muchos años en el bosque, también con grúas y excavadoras, y con una prolongada baja labora por en medio, Ignasi decidió sacarse el título de transportista y ahí empezaron los dados del transporte a destapar grandes venturas.

Un Magnum 460 fue su primera adquisición. “Era un desastre orientándome, pero menos mal que María me acompañaba. Iba siempre al enganche –continúa–, pero nos decidimos a comprar un remolque y ahí empezó todo. Mi mujer empezó a buscar viajes y montamos la Agència de Transports i Logística Ignasi”.

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A partir de ahí la empresa ha ido adquiriendo plataformas y camiones a una velocidad de crucero constante. “No nos ponemos un techo, pero la frontera que siempre marcamos es mantener la honorabilidad de este oficio. Los retornos son para los botellines –ríe–. Nuestras vueltas han de ser dignas. A todos nos iría mucho mejor con esa filosofía, buen humor, mejores rutas y ¡A tope!”.

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