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Soy camionera: Sara Varela, un camión en medio del camino

Para esta joven valenciana la vida se manifiesta cada amanecer en forma de caja envuelta con un lazo, donde al abrirla encontrará las especias con las que granar sus próximas 24 horas. Ligada siempre al mundo del espectáculo, hoy es en el camión donde despliega todas sus artes escénicas.

Hacer virtud de la necesidad y superar las adversidades, eso que los snob denominan “reinventarse”, es lo que Sara ejercita con el vigor natural de un relámpago. A sus 37 años, esta mujer, a la que sus más cercanos llaman Sarita, se reconoce como una persona abierta, a la que se le han presentado retos que le han hecho vivir experiencias inimaginables.

“Antes de hacerme camionera tenía una vida muy distinta, con mucho movimiento y siempre rodeada de gente. Desde los 16 años he impartido clases de gimnasia y baile, he organizado galas benéficas para distintas fundaciones, así como festivales, escuelas de verano y muchos espectáculos musicales. Pero vino la pandemia –continúa Sara– y todo aquello se desmoronó. Con Fer, mi pareja, que es transportista, ya había compartido algunos viajes, así que fue él mismo quien me propuso que sacara el permiso de conducir para hacer juntos ruta internacional. Acepté el desafío y el resultado ha sido genial. Me encanta conducir. Las horas al volante de un camión se me pasan volando y la convivencia entre ambos es excelente”.

El MAN que Sara conduce para el Grupo Mazo suele atravesar Francia, pero a partir del primer destino, los demás van desplegándose sobre la marcha. “Transportamos de todo –declara–, desde alimento perecedero hasta electrodomésticos, y me fascina ver cómo van cambiando los paisajes de los distintos países, según en qué estación de año nos encontremos”.

 

Devolver la confianza

De esta camionera nacida en La Alcudia, localidad de la Ribera Alta de Valencia, puedes adivinar qué faceta de su trabajo está acometiendo en función de cómo acomode su rubia melena. Si la ves con el moño puesto, es posible que esté entregada a trajines de tipo técnico o de más exigencia física. “Estoy muy agradecida a Mazo –manifiesta con rotundidad– , pues me transmitió confianza incondicional desde el primer momento. Desde hace varios meses tenemos asignado este MAN 510, nuevecito, suave y muy confortable. Si tuviera que destacar algo del mismo –nos enseña Sara su cara más avezada–, sería la corrección de velocidad en curvas cerradas o el que puedas graduarte a voluntad la distancia de seguridad”.

Camionera Sara Varela camión

Sara se ha sentido siempre tratada fenomenalmente por sus colegas de profesión. El ser una todoterreno en su manera de entender la vida le ayuda mucho a adaptarse a toda circunstancia. “Aún sigue llamando la atención el ver a una mujer al volante. Lo noto sobre todo cuando pasa un coche con chicas, o un autobús con niños, y se me quedan mirando. Les hago una mueca saludándoles y nos sacamos una sonrisa mutua. En las fábricas –continúa– igual alguno te echa una mirada más o menos apropiada, pero lo sé porque me lo dice Fer, que si no yo ni me entero”.

Camionera Sara Varela camión

Es un espectáculo en sí mismo ver a Sara Varela caracterizada para cualquiera de los eventos artísticos de los que ha formado parte. Seguro que algunas de las fotos que ilustran este reportaje pueden ofrecer al lector alguna pista. La escalada, la espeleología o el rodar con su Kawasaki Ninja 650 son sus otros espacios personales, al margen del camión.

Su casa, con un hermoso niño de 10 años, perro, gallinas y hasta dos cabras, transpira vitalidad, y más que lo hará: “En dos o tres años –concluye riendo– me gustaría ser madre y empezar otro proyecto”.

 

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