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Soy camionera: Sabrina Roma Leal, sentirse como en casa

Valiente, trabajadora, emprendedora y, sobre todas las cosas, apasionada de hacer un tipo de transporte, el de cerdos, que ha mamado desde la cuna.

Nos subimos al Volvo de Sabrina cuatro días después de que iniciara una nueva etapa en su vida. Acaba de reincorporarse al trabajo después de ser madre. Está a punto de cumplir los 40 y con Sergi, su hijo, se le acaba de abrir un nuevo horizonte.

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Camionera Sabrina Roma Leal

“Hace tres años, con una estabilidad económica y laboral, decidí ser madre soltera. Le comenté a mi jefe mi planteamiento y le dije que veía que la faena que hacía era incompatible con mi proyecto.

Él me animó a que siguiera adelante. Que entendía mi situación y que me ayudaría en lo que pudiera. De hecho, me permitieron elegir horario de cargas y descargas. Yo me puedo organizar la semana”. La respuesta de su jefe, Carles, de Transporcs Carles Grabulosa y también la del cliente para el que carga los cerdos, la cárnica Batallé, en Girona, le dieron el espaldarazo suficiente para emprender esta aventura.

Ahora tras ocho meses retirada vuelve a la carga. “El lunes cuando volví a trabajar disfruté muchísimo del viaje. Lo necesitaba”, nos cuenta Sabrina, mientras maniobra para entrar en la zona de carga, donde hoy le toca dar entrada a 210 cerdos.

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Camionera Sabrina Roma Leal

100 % positiva

Sabrina Roma lleva desde los 24 años al volante. Pero entre camiones, toda la vida.

“Cuando era pequeña acompañaba muchas veces a mi padre. Para mí era algo especial, un día de fiesta. Esperaba los fines de semana o las vacaciones para acompañarlo a cargar los cerdos y de bajada me dejaba en casa y se iba a descargar.

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El primer camión que me viene a la cabeza es un cuatro ejes, luego vendría un Renault, un tres ejes. Recuerdo jugar con mis primos a hacer camiones con el Lego y simular que las canicas eran los cerdos”.

Camionera Sabrina Roma Leal

Sabrina lo tenía bien claro, eso de subirse a un camión. De hecho, Eni, su madre, también llegó a ser camionera. Una de las pioneras. “Acabé de decirme por sacarme el carnet porque mi padre se estaba haciendo mayor y tenía miedo de que no le renovaran el carnet. Este trabajo era su auténtica pasión”, nos confiesa nuestra protagonista.

Al final se subió a un camión y, como dice, “fue la mejor decisión que pude tomar. Al principio comencé como comodín, echaba una mano cuando me necesitan.» Pero pronto comenzó a hacer los viajes sola.

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“Todavía recuerdo mi primer viaje. Cargué 150 cerdos con el cuatro ejes. Fue perfecto. Luego al matadero y a lavar el camión. Ese se ha convertido en mi día a día desde hace quince años. Cuando murió mi padre me quedé con mi hermano, de chófer para él, y después con Grabulosa”.

Camionera Sabrina Roma Leal

Tras tres lutos siempre realizando transporte de cerdos, Sabrina lo tiene más que claro. “Mi experiencia como camionera es 100% positiva. Tengo la ventaja de ser hija de quien soy. Todavía hay mucha gente que me cuenta anécdotas de mi padre, es como si todavía estuviera presente, la verdad es que lo apreciaban mucho.

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A mí eso me llena de orgullo”, nos cuenta nuestra protagonista, que nos continúa diciendo: “La relación con los granjeros que he heredado y que he mantenido durante tantos años hace que con muchos de ellos sea de amistad. Tanto que ya he quedado con ellos para ir a enseñarles el niño, incluso a algunos donde ya ni siquiera voy a cargar”.

Camionera Sabrina Roma Leal

¿Y el futuro? “Aquí. No me veo de otra forma. En este sector no me falta trabajo, la faena es dura, sobre todo en invierno o cuando llueve, pero a mí me gusta. Tengo mucha amistad con la gente, una muy buena relación.

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El futuro está en el camión y en este tipo de transporte. Si dejo los cerdos, dejo de conducir, no me veo haciendo otro tipo de carga. Son muchos años en los que me he ganado la confianza de la gente”, remarca.

Acompañamos a Sabrina a pesar. Nos despedimos en la báscula. Ahora le toca conducir unos kilómetros hasta el matadero. Limpiar el camión y continuar la otra jornada. “¡No veas cómo lo echo en falta!”.

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