Ola de calor y Los Monegros llevan parejo altas temperaturas, rondamos los 40ºC, pero nuestra protagonista no pierde ni un segundo la sonrisa. Con Rosa Fuentes pasamos una mañana para conocer su historia, repleta de altos y bajos y que ahora ya solo espera el subidón final: volver a conducir un camión. La ilusión por conseguirlo prevalece ante todas las cosas. Es una leona total. No solo porque su equipo sea el Athletic de Bilbao, como muestra uno de los tatuajes que lleva, sino también por la garra que pone en ello.
Ahora, por alcanzar su sueño, le quedan un par de cosillas. En ello está. Primero toca ponerse al día en lo que a certificados se refiere y luego encontrar un trabajo que la lleve a surcar las carreteras de media Europa. Ella lo está deseando. Se lo merece. Ahora que se ha plantado en los 40 años, nos cuenta, entre risas, que le está poniendo el mismo empeño que cuando empezó con 23.

Rosa Fuentes es de las que tenía la profesión en casa. Por un lado, su padre camionero, por el otro, la familia materna regentaba un restaurante de los que podemos decir que a sus puertas se veían muchos camiones aparcados. Se llamaba La Colina y estaba ubicado en Candasnos (Huesca). Sinónimo de buen yantar.
Nuestra invitada pronto se puso a trabajar en la cocina del restaurante, pero ella lo tenía claro. “Soy buenísima cocinera, pero lo mío eran los camiones. Decidí hacerme camionera por mi padre. Pirri lo llamaban. Con 44 años se mató en un accidente. Si hubiera estado él, juntos habríamos montado una flota que no veas. Muchas veces me iba en el camión con él. Los fines de semana o las vacaciones, llevaba un frigo y hacía mucho internacional. La verdad es que el transporte me corre por las venas. Pero bueno, no pudo ser y a mí me queda mucha guerra que dar”, nos confiesa.

Con su idea intacta de sacarse el carnet, una simple apuesta la animó a tirar para adelante. Los camioneros de casa, los que paraban habitualmente en La Colina, le dijeron que si se lo sacaba a la primera le pagaban la mitad del carnet. “Menuda soy yo. No me veían capaz. Y al final me tuvieron que pagar la mitad. Me lo saqué ¡a la primera!”, nos cuenta.
Oportunidades para aprender
Aunque Rosa seguía en el negocio familiar, a la mínima que algún amigo le proponía irse de viaje ella no lo dudaba. “Muchas veces me iba. Eran momentos perfectos para aprender. Con los de Artese iba a la Pegaso de Valladolid con recambios y también a la Iveco de Brescia, en Italia. Allí me iba yo. Luego estuve siete meses compartiendo cabina con Rosa Coloma. De arriba para abajo, le debo mucho, aprendí gracias a ella con el Mercedes Actros. Me dio una gran oportunidad”.

Con todos los carnets en el bolsillo, nuestra protagonista ha ido trabajando a trompicones. “Dejé la ruta porque tuvo con 25 años a mi hijo, Aitor, que ahora ya tiene 20. Luego empecé con los camiones de la recogida de la basura por la comarca aragonesa del Bajo Cinca. Hacía ruta de noche y la verdad es que estuve muy bien”, recalca.
Por circunstancias tuvo que dejar el camión, pero no paró. “Cogí un taxi, también la ambulancia. Incluso probando los coches Seat antes de que se comercialicen. Ocho horas apuntando fallos. Me gustó mucho”. Pero la vida a veces te guarda malas pasadas y a Rosa le tenía preparada una. Un accidente de coche le provocó varias lesiones en las cervicales. La tuvieron que operar de urgencia. “Tenía en la cabeza comprarme un camión. Ya lo tenía mirado, y esto fue un palo muy duro. Me hundí. Después de que también me diagnosticaran fibromialgia pillé una depresión de caballo. Cambiando la alimentación he mejorado mucho y los dolores ahora no son tan fuertes”, nos confiesa Rosa, que ahora más que nunca piensa en positivo.

Cumplir un sueño
Tras la mala racha, nuestra invitada ha ido conociendo a mucha gente a través de las redes sociales. Tanto que incluso tiene una propuesta para irse a vivir y a trabajar a Alemania. Cuenta con el contacto de un chico que trabaja para una empresa que transporta cereales y que le propone buenas condiciones. “Mi idea es irme. Informarme de todo el papeleo mucho mejor e incluso voy a empezar un curso de alemán. A ver si todo sale bien y tengo suerte”.
Seguro que sí. “Llevo varios años sin conducir el camión y ahora tengo que volver a empezar. Reciclarme, y me gustaría comenzar por ir de segunda chófer. Es mi sueño y lo voy a conseguir. Luego vendrán otros proyectos porque que sepas que yo busco novio camionero que sea mi socio capitalista para poder comprar un conjunto con frigo para hacer kilómetros por Europa”, nos dice entre carcajadas, mientras nos enseña una foto de un espectacular Scania con un semirremolque frigorífico. “Me estoy encontrando mucha gente que me quiere ayudar, así nos veremos en la ruta”.

Antes de despedirnos, Rosa es reivindicativa. Lo tiene claro. Reclama sueldos decentes para los transportistas. Que se regulen las operaciones de carga y descarga, “que nuestro trabajo es conducir. Que nos respeten, que si se paran los camiones, se para el mundo. Tendríamos que hacernos valer y la jubilación a los 60 años”. Que así sea.












