Nicolás Sánchez ‘El Chorrina’ y su Renault Magnum

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“Si quieres plantar patatas en tu cabina, tú mismo. Pero a mí me gusta llevar el camión así”. Nicolás Sánchez lo tiene claro: el camión es mucho más que una herramienta de trabajo. Su padre, Juan Sánchez, fue el maestro. Con 9 años, el pequeño Nicolás ya cambiaba las salidas de excursión del colegio por pasarse el día de viaje con su padre en el Pegaso 1080. Esa afición se convertiría en pasión. Hoy, El Chorrina viaja a lomos de este Renault Magnum 480 cargado de agua.

No había nada comparable a esa sensación de viaje mágico en el camión. Nuestro protagonista no tenía más de 9 años. “Para mí, ir dormido en la cama del camión por la noche, abrir los ojos y ver esa cabina ¡era la leche!”, dice emocionado.

Renault Magnum El ChorrinaEn esos viajes de infancia, Nicolás Sánchez aprendió de su padre los sacrificios del oficio y el cuidado escrupuloso de la cabina —aunque reconoce que él se ha vuelto todavía más quisquilloso con los detalles—.

Pero no todo es dulce nostalgia: con el paso del tiempo, los recuerdos de aquellos lejanos años 80 le han hecho comprender que, por desgracia, el significado de ser camionero también ha cambiado, y que lo que antes era una profesión respetada, hoy se ha convertido en todo lo contrario.

Todos conocen a Nicolás como El Chorrina —por el apelativo cariñoso que le puso un amigo granadino—. Vive en La Garriga (Barcelona), aunque él es de Figaró. Es un tipo positivo por naturaleza y, además, disfruta de lo que hace. Así que los sinsabores que esta profesión le ha dado —sobre todo en los últimos años— no tienen hueco en la cabina de su exquisito Renault Trucks.

“Ahora llevamos un par de años que parece que la cosa va mejorando –asegura–. Pero han sido unos años muy complicados, en los que te planteas mandarlo todo a tomar por saco. De hecho, puse el camión en venta por Internet”.

Aquel repecho se superó, y este autónomo de risa fácil se ha sacudido el peso de las nubes negras. Tampoco necesita mucho para disfrutar: además de salud para su mujer Aurora y sus hijos Cortes y Leo, solo necesita a los Héroes del Silencio por los altavoces, un Faria en la boca y una carretera por delante.

Renault Magnum El ChorrinaTrabaja junto a su hermano Juan Antonio desde que empezó. Han hecho de todo, nacional e internacional, y cuando han venido mal dadas, se han movido adonde el viento les empujara. Ambos empezaron en la agencia donde estaba su padre. Hasta el año 1996 estuvieron de chóferes, pero fue entonces cuando decidieron dar el triple salto sin red y ponerse por su cuenta.

“Los comienzos fueron durísimos –recuerda Nicolás–. La ayuda de la familia fue fundamental. Mi padre tuvo que vender un coche que tenía para poder ayudarnos, y solo así pudimos arrancar el negocio”.

Compraron el primer camión —un Renault R385 TI Major— y los dos hermanos se pusieron a hacer internacional. Codo con codo. Tres años después adquirieron el segundo —un Pegaso Tecno rígido— y más tarde llegó el tercero —un MAN 362—, momento en el que convencieron a su padre para que entrara a formar parte del negocio.

Por desgracia, la salud de Juan le obligó a bajar de la cabina y, tras una larga enfermedad, falleció. Se fue “un camionero de pura cepa”, como lo describe Nicolás, y aquí abajo dejó en herencia un humilde sendero de tradición que sus dos hijos siguen transitando con orgullo.

En 2003, Nicolás y su hermano Juan Antonio decidieron renovar flota y se compraron sendos Renault Trucks Magnum 480 nuevos, los mismos que siguen usando hoy, pese a que El Chorrina reconoce que ya lleva tiempo machacando a su hermano para que compren un Scania.

“Ando como loco detrás de uno, pero llevo tanto dinero invertido en este que me da lástima venderlo. A veces me planteo si debería guardarlo en casa y dejar que se haga veterano para lucirlo en las concentraciones”.

Renault Magnum El ChorrinaNuestro protagonista estuvo muchos años trabajando para una empresa de La Garriga, pero la crisis reventó todo por los aires, dejando a los hermanos Sánchez sin trabajo y con 50.000 euros a cobrar. “Y no es lo mismo afrontar la crisis con ese dinero en los bolsillos que sin él, te lo aseguro”.

En estos últimos años, Nicolás ha trabajado con una cisterna al enganche y ha pasado de una empresa a otra, hasta terminar —otra vez con su hermano— en Guaza, S.L., una compañía especializada en el transporte de agua embotellada. “Voy a buscar agua a varios manantiales y descargo en centros comerciales”, explica nuestro entrevistado.

“También transportamos cartones, polietileno, tapones, etc., y viajamos entre las provincias de Barcelona y Tarragona”. Cada semana, alrededor de 1.500 km y siempre —o casi siempre— haciendo noche en casa. “Yo soy muy casero y este trabajo es muy cómodo porque me permite disfrutar más de mi familia, pero no te voy a negar que una vez a la semana también me gustaría hacer algún trayecto de una o dos noches fuera para matar el gusanillo. El problema es que tal y como están los precios, esos viajes no te compensan”.

Cambie o no de camión, El Chorrina mantendrá siempre su pasión por los tuneados y los decorados. Dice que ya no quiere añadirle más accesorios al Magnum porque está decidido a venderlo, tarde o temprano, y que solo pensar en volver a empezar a tunear uno nuevo le da muchísima pereza.

Renault Magnum El ChorrinaPero ¿a quién va engañar? El gusto por los camiones transita por sus venas, exactamente igual que transita por las de su hijo Leo, de solo tres años, capaz ya de identificar marcas de vehículos.

“Esta profesión la aguantas porque es lo que te gusta –dice Nicolás–. Es mi afición, además de mi trabajo. Mucha gente me pregunta ¿para qué lo llevas así?, ¿por qué te gastas tanto dinero en eso si es solo una herramienta de trabajo? Yo no lo veo así”. Por suerte, Aurora, su pareja, nunca le ha puesto un pero. “Sin el apoyo de tu mujer esta afición es complicada. Un tubo de escape vale 800 euros y si te pone mala cara, pues evidentemente no lo pones”.

Cuando le preguntamos cuál es la época de la que mejor recuerdo guarda dentro de un camión, responde sin titubeos: “Cuando iba con mi padre”. La pasión por el oficio sigue intacta en él, pero reconoce que el ambiente entre camioneros ha ido a peor, igual que el reconocimiento social.

“Hoy, todo se ha desprestigiado mucho. La gente va a lo suyo y si te pueden chafar un viaje, te lo chafan. Eso no lo veías antes. Incluso el trato hacia el camionero. Yo recuerdo que en la época de mi padre, a él le trataban como a un señor. Le decían: ‘Váyase a almorzar que cuando hayamos descargado la caja le avisamos’. Ahora vas a algunos sitios y te dicen ‘espérate ahí afuera’ casi sin mirarte, ni buenos días”.

Pese a todo, El Chorrina sigue sonriendo. Hay golpes que te derriban, pero la ventaja de Nicolás es que él sabe bien hacia dónde va. Su padre, Juan, le dejó dibujado un sendero de tradición que ahora sigue al volante de su Renault Magnum 480.

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