Nile y Viriathus concilian los latidos de sus corazones, que son dos ríos de energía con piel de seda.
Quinientos caballos de este majestuoso Scania tiran de dos almas poderosas, las de Nile Urrutia y Viriathus, que cabalgan a un mismo compás en la grupa de esa parte de la vida entregada a las más hermosas metáforas, que es la que transita de la última adolescencia a la primera madurez.

SOLO CAMIÓN se desplazó a Vitoria para acompañar las horas previas de un viaje que nos llevará a una jornada en Santander de Doma Clásica, una disciplina ecuestre, con vitola olímpica, en la que se establece un binomio caballo-jinete que raya la perfección en cuanto a cadencia, plasticidad, flexibilidad, equilibrio y cuantos adjetivos le queramos poner a aquello que uno percibe cuando la excelencia fluye de manera natural.
“Antes de subir al camión le protejo bien tendones y extremidades, para que llegue a destino descansado y en perfectas condiciones, pero es este un vehículo tan bien acondicionado que, si dejara solo a Viriathus, subiría la rampa tranquilamente, porque ahí dentro se sabe tranquilo y acostumbrado a hacer kilómetros”.







Nile es quien pronuncia estas palabras, mientras le pone a su caballo un protector de cola para preservarla de enredos y pisadas; una cola que, a fuer de su elegancia, va siempre suelta en la monta.
Esta bilbaína de 19 años ríe cuando nos cuenta que se quedaba como quien ve visiones al contemplar los caballos de una hípica que regentaba su abuela, y que con 4 años ya les decía a sus padres que quería subirse a uno de ellos.


“Como a mi madre le daba miedo, no monté hasta los 7, pero cuando lo hice ya supe que nunca más me bajaría. Empecé haciendo Salto de Obstáculos – continúa Nile -, que también es una disciplina olímpica de equitación, junto al Concurso Completo y la Doma Clásica, pero finalmente me incliné por especializarme en esta última.
Hace 3 años comencé a montar a Viriathus – continúa -, y la afinidad que en estos momentos tenemos él, mi entrenador Óscar González, y yo; nos hace presagiar un gran futuro, pues Viri tiene ahora 10 años, y la vida deportiva de un caballo en certámenes internacionales (en nacionales, más aún) puede prolongarse hasta los 18”.
Confort y tecnología
Construido sobre el chasis de un Scania 500, uno se queda atónito examinando los entresijos de este camión Premium para el transporte de caballos, diseñado por la firma belga Stephex.




“Lo compramos este año – es ahora Egoitz, padre de Nile, quien toma la palabra -, y no podemos estar más satisfechos.
Este modelo – continúa Urrutia – es el STX, que ofrece un plus de holgura y un impecable mantenimiento de la orientación.
El equilibrio del caballo garantiza su seguridad y el que llegue a destino lo más relajadamente posible, lo cual deriva después en una actitud de competición más óptima”.
Viriathus va encajado entre separadores, y desde su posición visualiza perfectamente una luz de freno, de manera que sabe que ese rojo le invita a sujetarse.



Un sistema parecido al tacógrafo digital monitoriza las temperaturas durante todo el trayecto, evaluables ante cualquier posible registro.
“A mí me parece bien que la reglamentación sea estricta – opina Urrutia -. Yo llevo mi propio caballo y es como si fuera uno más de la familia, pero entiendo que hay empresas dedicadas profesionalmente a este tipo de transporte, y cabe apreciar que un caballo elevado a estas cotas de exigencia lleva implícito un valor sentimental y afectivo que va más allá de lo puramente económico”.



Hablando con Egoitz, a este humilde periodista, padre de una hija de 20 años, le es imposible no sentirse identificado con los encandilados ojos de película “anime” con los que este hombretón mira a la suya.
“Nile tiene ya su nómina y estudia ADE en Mondragón, con unas notas excelentes, pero el fin de semana no deja ni un día de estar en Vitoria con su Viriathus; y si es época de competición, de lunes a domingo”.

Sus secretos tendrán. Juntos pasaron el fuego de sus adolescencias y, por tanto, como dice la canción, siempre tendrán cosas que darse y que contarse.





