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Los camiones clásicos pasean por La Alpujarra

Si andamos a la búsqueda de una armonía perfecta, repleta de hebras de asfalto entre montañas, casas blancas sobre verdes campos, castillos, torres y horizontes radiantes de difícil acceso, La Alpujarra (o Alpujarras) nos lo entrega muy generosamente en sus decenas de kilómetros, donde Camiones clásicos en La Alpujarrarecónditas joyas se esconden y des-esconden a cada paso.

Hay venturosas veces en las que del dicho al hecho no hay tanto trecho. La idea surgió en uno de esos corrillos que suscita cualquier concentración de camiones, y en este caso con más razón, pues hablamos de la XI Concentración de Camiones Clásicos, que tuvo lugar en junio del pasado año en Salamanca. En esas andaban José Reyes, José Luis Montosa, los Savall, los Marfil y algún que otro parroquiano más, cuando empezaron entre todos a darle vueltas a cómo llevar a cabo algo distinto… algo que les hiciera disfrutar a tope de sus máquinas, y qué mejor para ello que adentrarse en una de las rutas más antiguas que en la historia de España han sido. Dicho, imaginado… y hecho.

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Unos meses después…

Los versos que conformaron este soneto entre valles cerrados, pueblos semiescondidos y mareantes desfiladeros y precipicios fueron los Pegaso 2080 e Iveco 190.38 de Savall; los Pegaso 1236 y 1231 de Guerrero; los Pegaso Comet, 1065 y Leyland Comet de Frutas Montosa, el Camiones clásicos en La AlpujarraDodge C 38 T de Transmarfil, los Pegaso 1236 y Comet de José Reyes, el Leyland Comet de Antonio Pintor; el Pegaso Comet de Jesús Navarro y el Ebro B 45 de Antonio Álvarez. Todos ellos, trovas auténticas de la más fina restauración.

Los integrantes de la expedición fueron Francisco Villegas, Antonio y Ricardo Pintor, José Reyes, Francisco Ortega, Antonio Álvarez, Jordi Llop, Francisco Ruiz, Miguel Morales, José y Javier Guerrero, José Manuel, Daniel, Andrés, y Vicente (padre e hijo) Savall, José Luis Montosa, Jesús y Antonio Marfil, Antonio Rodríguez, Rafael Yanguas y Antonio Rodríguez.

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En la campa de Harry (José Reyes), en Adra, se citaron todos el jueves 9 de junio. En esa tarde los camiones fueron dispuestos en el paseo marítimo de esa ciudad almeriense, y allí quedaron toda la noche, revestidos de la admiración de cuantos por ahí pasaban a dar su paseíto vespertino.

Camiones clásicos en La AlpujarraEn la mañana del viernes encendieron motores, con Berja como primer punto del itinerario, donde pasaron por el centro de una población estrecha y repleta de curvas. “Era impresionante ver la cara de la gente, sobre todo de edad más avanzada, pues a todos les parecía –nos comenta Jordi Llop– que el reloj hubiera vuelto atrás 40 o 50 años”. La ruta prosiguió por pueblos como Cherín, Larones, Mairena, Mecina, Alfahar, Válor o Yegen. Llegados a Mezina de Bombarón aparcaron en plena calle para refrescarse en la fuente de San Miguel, de la que salía una agua fresquísima muy de agradecer, pues ya se sabe que en esas demarcaciones de España el calor suele morder a través de la ropa en esta época del año.

En dicha fuente se recrearon a placer y prosiguieron camino, aprovechando el receso para cambiar monturas y algunas manos al volante. Tras pasar por Bérchules llegaron a Trévelez, que pasa por ser el pueblo más alto de toda la Península Ibérica. “Allí paramos a comer –nos dice un Llop siempre pegado a su cámara de fotos–, e invadimos el centro de la población con nuestros camiones. La gente no paraba de hacer fotos y Camiones clásicos en La Alpujarrapedirnos el poder verlos por dentro. La emoción de algún veterano contándonos alguna de sus batallitas con tal o cual modelo nos conmovía también a nosotros. En su memoria, podían imaginarse alguno de esos tesoros de la carretera desvencijados por el tiempo, pero no en un estado tan pulcro y bello de conservación”.

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A media tarde la hoja de ruta trazada les iba marcando sinuosas carreteras en las que uno iba descubriendo con deleitosa calma villas como Pitres, Pamapaneira, Orgiva o Lanjarón, donde hicieron parada para revisar máquinas.

Todo en orden. La cadencia armónica de los motores de estos Pegaso, Leyland, Dodge, Ebro e Iveco siguió enfilando valles y pasando por pueblos de empinadas de plazas en asimétrico equilibrio, como el granadino Lecrín. En el hostal Zahor, de Dúrcal, cenaron, conversaron con fruición y pasaron la noche.

Encarando el sábado

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Dirección Malahá llegaron a Ventas de Huelma, Agrón y el pantano de los Bermejales (que es el que abre nuestro reportaje), con sus aguas encaladas en un precioso azulón. Empezaron así a bajar el puerto que les iba a llevar a la costa malagueña. En Alcaucín volvieron a echarle un vistazo a las Camiones clásicos en La Alpujarramonturas en el puente de Don Manuel. Los camiones aguantaron como titanes la bajada del puerto, y como inesperado premio se encontraron con un grupo musical que obsequió a la comitiva con unos rítmicos verdiales, típicos de la zona de Vélez-Málaga.

En la tarde sabatina llegaron a las instalaciones de Frutas Montosa en Valle Niza y pasaron un rato de asueto, antes de seguir ruta hacia la base malagueña de la empresa Transmarfil.

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El viaje ya iba tocando a su fin, pero aún, ya fuera de esa Alpujarra comprendida en las provincias de Málaga y Almería, no había ganas de dar por acabado el periplo.

Tras pasar por Benajarafe, se hizo noche en Torre del Mar. La mañana dominical se comenzó enfilando la antigua N-340, y pasando por Nerja, Almuñécar, Salobreña, Motril, Castell de Ferro y cerrar el círculo en Adra, que es donde todo empezó tres días atrás. “La experiencia ha sido bonita y algo nuevo para mí”, afirma para Solo Camión un Harry más que predispuesto a repetir la experiencia. “No paramos de reír y nos pasó de todo”, nos dice un Antonio Marfil que nos dio permiso para escribir en nuestra crónica una de esas anécdotas que no te pueden pasar en cualquier sitio. “Nos paramos Paco Camionero y Camiones clásicos en La Alpujarrayo a orinar a una orilla de un camino y se puso a nuestra vista una serpiente pequeña. No veas –concluye sin poder contener la risa– la de saltos que se puso a dar el Paco”.

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La felicidad de la cara de los conductores y lo altivo del pecho en los camiones que se percibe en cada fotografía nos da idea de la experiencia vivida. Después de 300 kilómetros, con camiones de entre 30 y más de 50 años, no hubo que hacer frente a ninguna avería. Los Savall, que volvieron fascinados a su morada en Alicante, ya proponen los escarpados valles de Teruel para una próxima experiencia. Todo se andará… y se rodará. A la semilla que fue sembrada en La Alpujarra seguro que le quedan muchos frutos por ofrecer.

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