Existe un sonido inconfundible absolutamente para los aficionados y los conductores de camiones: el de los motores V8 que montan los camiones Scania.
Y es que, aparte de su fiabilidad y velocidad, para muchos usuarios de los motores V8 de cuatro tiempos de la marca sueca, un valor añadido es poder oír el rugir de sus motores. El motivo es que, a diferencia de un motor en línea, a cada rotación de 90 grados del cigüeñal detonan dos cilindros simultáneamente, de ahí precisamente el rugido de este tipo de motores en V.
Si echamos la vista atrás, la primera versión del bloque motor DS de 14,2 litros de cilindrada V8 se dio a conocer en el salón IAA de Frankfurt en 1969. El mismo año que se fusionaban Saab y Scania Vabis apareció la primera versión de este propulsor diésel que pesaba 334 kilogramos y que montaron los Scania LBS140, con una potencia máxima de 350 CV.
A lo largo de los años, esta mítica configuración en V ha reportado grandes éxitos a las gamas de mayor cilindrada del constructor sueco.
De hecho, en la última versión del V8, los ingenieros de Scania se han asegurado no perder ese mítico sonido de su V8. Es más, lo han acentuado con modificaciones en los colectores, pues son conscientes de que oír el rugir y sentir la potencia del corazón que impulsa su camión es una de las premisas para sus usuarios.
La versión superior de 770 CV y 3.700 Nm es la más espectacular de la nueva generación del V8. Además, está disponible también con 530, 590 y 660 CV de potencia, con el mismo estruendo que su hermano mayor, que es calificada para muchos como la mejor melodía de todas.
Cabe destacar también que estos motores de última generación, tanto las versiones Euro 5 como Euro 6, pueden alimentarse con una mezcla de aceite vegetal hidrotratado (HVO), así como en cualquier proporción entre diésel y HVO.
Para aquellos entusiastas del Scania V8, este vídeo muestra toda la potencia de su rugido en un impresionante Scania R personalizado y decorado con motivos inspirados en la mítica película de cine El Padrino, de 1972, con dos inmensos Marlon Brando y Al Pacino pintados en los laterales de la cabina.
Su propietario, aparte de ser un ferviente seguidor de Scania, lo es también del séptimo arte. Al fin y al cabo, música y cine acostumbran a ir de la mano.
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