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Soy camionera: Lilian Reges, sin miedo a arriesgar

Nos citamos con Lilian Reges (Goiânia, Brasil, 1980) a las puertas del centro logístico de Montornés, Barcelona, donde arrancará su jornada a las cinco de la tarde. Trabaja como camionera al enganche con un Mercedes-Benz Actros 1846 haciendo el transporte para un centro comercial.

Su hábitat es la noche: lleva el tráiler cargado al puerto de Barcelona, desengancha, recibe una caja vacía de Mallorca, la devuelve al centro de Montornés o al de La Bisbal, le vuelven a cargar y parte rumbo a la tienda del centro de Barcelona donde descargará la mercancía. De ahí, vuelta a empezar. A las 2 de la noche la faena ya está terminada. Total: 400 km diarios.

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Pese a que la rutina facilita el trabajo, Lilian suspira y aún se sofoca cuando le preguntamos sobre aquellas primeras jornadas como camionera. “¡Muchísimos nervios! Imagínate.

Soy Camionera: Lilian Reges

Era una tienda nueva, estaba llena de gente, un montón de trabajadores haciendo suministro para la inauguración. Y llego yo con el tráiler. ‘¿¡Esta quién es!?’ se preguntaban. Menudo espectáculo. Con una vergüenza que me moría y haciendo maniobras en medio de todos”.

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Reconoce que fueron algunas semanas de nervios, pero la cosa cambió pronto: “Cuando le coges el truco al camión y al trabajo, ya está. Ahora estoy encantada y disfruto con la faena que hago”. Lilian dice sentirse como pez en el agua a bordo de su camión en la noche barcelonesa.

El ambiente de la ciudad a esas horas la seduce, aunque el tráfico no deja de ser complicado. “Que nadie se equivoque –advierte–. El centro nunca duerme. Hay gente a todas horas y en verano hasta me piden los turistas que me baje a hacerme fotos con ellos delante del camión.

La verdad es que no paro. No me aburro nada. No tengo esperas largas: llego, me descargan, y vuelvo para acá. Y otra vez a empezar”.

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Ese ritmo frenético la lleva a terminar rendida cuando se acaba la jornada. “Me tumbo y caigo muerta”, asegura entre risas. Brazos y cuello son las partes del cuerpo que más se resienten tras varias jornadas de circulación en tráiler por el centro de una ciudad como Barcelona (el tapizado del volante es relativamente nuevo, porque el anterior estaba desgastado de tanto apretar los dedos).

Pese a todo, se siente afortunada porque duerme cada noche en casa. Un lujo.

Soy Camionera: Lilian Reges

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Pisar fuerte para sobrevivir

El marido de Lilian, Luis Miguel Sebastián, camionero de cuna, es la razón por la que la joven brasileña se decidió a cambiar su trabajo como limpiadora por horas por un nuevo oficio al volante de un tráiler.

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“Yo lo acompañaba a menudo y vi que el camión me gustaba. Le cogí el rollo rápido. Luis me enseñó a manejarlo, así que cuando me examiné, ya sabía cómo hacerlo”. Hoy, la pareja tiene una flota de tres vehículos y trabaja en el mismo horario.

Lilian, que jamás había imaginado que se ganaría así la vida —de hecho en Brasil no se lo creían: ‘¿Tú, Lilian?, ¿con un camión?’—, reconoce que el hecho de ser mujer todavía sorprende entre sus compañeros de faena (es la única en toda la empresa).

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Los mozos de almacén, los colegas conductores, los encargados, a todos les sorprendió en un inicio ver a una mujer al volante del camión. “‘A ver cuánto dura esta’, se preguntaban. Y fíjate, ya llevo siete años”, explica orgullosa.

El tipo de trabajo que lleva a cabo nuestra protagonista (muy local y apenas sin bajar de la cabina) hace que la relación con otros camioneros sea limitada, casi esporádica.

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No obstante, todo lo que la rodea es eminentemente masculino y a la hora de desenvolverse en este mundo, reconoce que hay que marcar el paso con firmeza.

“Al principio sientes mucho machismo, pero cuando te ganas el respeto de los demás, ya no hay problema. Y, luego, como en todo, hay que aprender.

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Entiendes que a alguno que otro hay que pararle los pies porque se confunde, porque no entiende o porque abusa de tu confianza. Pero es acostumbrarse y aprender”.

La goiana no ha renunciado jamás a su feminidad, pese a que muchos —asegura— esperan encontrarse con otro tipo de mujer al volante. “Les extraña, pero yo me siento muy femenina en mi día a día y me gusta maquillarme para ir a trabajar”.

Cuando vienen mal dadas, digiere las piedras del camino con ayuda de un carácter optimista y las pesas del gimnasio. La clave es disfrutar: “Para hacer bien las cosas has de hacer algo que te guste. Y si algo te gusta, tienes que arriesgar. Sin miedo”.

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