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Soy camionera: Jovina Cianqueta, a golpe de carácter

Jovina Cianqueta se ha forjado como camionera durante cerca de un lustro en una de las ligas más exigentes: la ruta internacional.

Semanas fuera de casa, los rigores de la carretera, duchas en vestuarios de hombres y algún que otro encontronazo con algún compañero de trabajo han moldeado poco a poco su manera de afrontar la profesión.

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No basta con hacer bien el trabajo. Ser mujer en un trabajo de hombres significa tener que demostrar constantemente que vales. Pese a eso, Jovina se mueve como pez en el agua. El optimismo por delante, siempre.

Soy camionera Jovina

Y cuando alguien se pasa de listo, plantar cara y no ceder ni un milímetro. He ahí el manual de estilo de esta profesional.

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“La verdad es que no he tenido muchos problemas, gracias a Dios”, dice con una sonrisa que limpia de asperezas el asunto. “Pero tienes que tratarles con carácter porque de lo contrario se equivocan y se creen cosas que no son”.

En uno de los encontronazos que tuvo, hace unos años, un compañero de su misma empresa la invitó a un café durante una pausa.

De ahí pasó a un envío de mensajes para que la siguiente pausa compartida fuera de 9 horas. Viendo por dónde iban los tiros, ella le bloqueó en el móvil, pero el acoso continuó… hasta que coincidieron en una descarga. Jovina fue directa hacia él: “Si vuelves a mandarme mensajes o me llamas, te denuncio y pido orden de alejamiento”.

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Fin de la historia. “Yo tengo carácter y no me escondo. Así de fácil”. Enseñar los dientes es, en muchas ocasiones, la mejor medicina contra la estupidez masculina.

En otra ocasión, otro compañero de trabajo se aventuró a decirle “baja de ahí o te daré unos azotes en el culo”.

Soy camionera Jovina

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De repente, el cielo se abrió en dos, el sol se ocultó y de la cabina bajó una criatura mitad Valquiria de Wagner mitad Uma Thurman en “Kill Bill”.

El pobre diablo tuvo que salir corriendo y dicen las crónicas que aún no ha vuelto a por el camión. Pues eso: sacar el colmillo suele funcionar.

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“El hombre a veces se confunde. Por eso cuando trabajo apenas me maquillo. Y eso que a mí me gusta arreglarme”.

Las ganas de pasar desapercibida han llevado a Jovina, incluso, a frecuentar el bar de algún burdel de La Junquera para matar el rato charlando con las chicas y no ser molestada por ningún hombre.

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“Me tomaba dos copas, hablaba con ellas y nos lo pasábamos bien. Como era la única mujer vestida, nadie me hacía ni caso”, cuenta entre risas.

La cabina, su hogar

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Esta brasileña de Rondonia, hija de agricultores y hermana de cuatro chicas y de tres chicos, llegó a Molina de Segura (Murcia) en 2009.

Buscaba en España un trabajo que le permitiera ahorrar para sacarse las prácticas de piloto privado (la teórica ya la tiene), y a punto está ya de empezar a volar. Empezó la andadura trabajando de camarera.

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Después de cuatro meses dejó el mandil y entró como encargada del lavacoches de una empresa con división de transporte. El jefe vio cómo trabajaba y pronto le ofreció un puesto como chófer.

“Yo dije sí, ¡perfecto! Conocía gente que se dedicaba a esto y desde pequeña he estado siempre en contacto con máquinas grandes”.

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En cuanto se sacó el título, partió rumbo a Perpiñán, y a los 15 días haciendo esa ruta el jefe le dijo: “Te voy a poner en internacional. Jovina, tu siempre mira hacia delante, ¿vale?”.

Sus amigos de Murcia no entendían que prefiriera ser camionera a un trabajo como dependienta o camarera. Pero para ella no hay color: “En el camión me siento más yo misma. Además, no me llevo mal con la soledad. Me gusta.

Ahora llevo cuatro días en casa y estoy ya nerviosa con todas las cosas que tengo que hacer. Para mí, el camión es mi refugio y la cabina, mi primera casa”.

En estos cinco años como camionera ha pasado por unas cuantas empresas y las ha visto de todos los colores.

Desde compañías que la apretaban más de la cuenta “por ser mujer” hasta jefes de tráfico que le daban una libertad absoluta, “que hasta era yo quien tenía que llamarles para decirles: ¡oye!, dejadme pasar por casa, que llevo dos meses fuera”.

Soy camionera Jovina

Desde hace casi un año vive en Deltebre (Tarragona) y trabaja para la empresa Ondara Logística haciendo frigo, siempre en internacional. “Yo he tenido mucha suerte”, reconoce. “Me han dado la oportunidad de dedicarme a esto, pero tengo compañeras que no pueden.

Tienen el permiso pero para ganar experiencia tienen que entrar primero como segundo chófer. ¿Qué pasa?, que la mayoría son hombres y no quieren llevar a una mujer en la cabina”.

Su idea es cambiar la rueda por los flaps: sacarse en breve el título de piloto aéreo privado y un año después ir a por el de comercial. Ahí está el sueño. Carácter para lograrlo no le va a faltar. ¡Suerte y a volar!

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