Bomberos en el Medio Oeste, la 14 de Kansas City

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A escasos 20 minutos del centro de Kansas City (estado de Kansas), la estación de bomberos número 14 lleva desde 1956 prestando servicio a la ciudad. Siempre desde este tranquilo rincón de Klamm Park.

Es un edificio bajo, con todas las habitaciones a nivel de suelo –no hay barra vertical por donde lanzarse–, bien conservado y limpio.

Bomberos Kansas CityEn el garaje, azulejos blancos que recuerdan a otra época decoran la parte baja de las paredes. Por encima, ladrillos oscurecidos por el humo de los tubos de escape y tuberías a vista.

A ambos lados, una veintena de taquillas de aluminio numeradas forran longitudinalmente todo el espacio.

En el centro del espacio, dos camiones asoman el morro hacia la calle. Son un autobomba HME (especialistas de Cincinnati desde 1910) y un camión con escalera telescópica Pierce (fabricante de Wisconsin, fundado en 1913).

Pero yo veo dos purasangres a punto de echar a galopar. Imponentes, esbeltos. Solo hace falta que suene la corneta por megafonía anunciando una emergencia.

De momento, a esta hora Bomberos Kansas Cityde la mañana (mediodía, un lunes de finales de julio), aquí no se oye un alma. Todo en calma.

Encuentro al capitán del turno de hoy con sus hombres charlando en el comedor. La tele está encendida. Se gastan bromas.

La sirena está en silencio y los muchachos de la 14 de Kansas City viven un día más en la oficina. Mark Smith es el capitán del turno de hoy, al que acompañan Don, Shawn, Daniel, Josh, Kurt y Jarred.

Un grupo heterodoxo de juventud y veteranía, músculo y experiencia, al que hoy se ha sumado Dennis Brown, antiguo capitán de la estación 14, Bomberos Kansas Cityrecién jubilado, y que hoy se ha acercado a saludar.

La visita sirve para lanzarle a Dennis un buen puñado de pullas cariñosas, echarse unas risas y matar la rutina habitual de la estación.

Mientras, Mark Smith abandona un rato el grupo para enseñarme las instalaciones y hablarme de su trabajo. Empezamos por los camiones: “En esta estación trabajamos con dos vehículos, cada uno con su equipo. Uno para el autobomba (“pumper” en inglés) y el otro para el camión-escalera (“truck” a secas en inglés). El primero emplea a tres personas y el segundo a cuatro”.

Cada camión –me explica el capitán– tiene un cometido determinado y, aunque ambos cuentan con equipo médico, sus funciones son complementarias pero diferentes.

La bomba, por un lado, cuenta con un tanque de 1.890 litros y permite suministrar tiros de agua a varias tomas y con diferentes presiones y caudales.

“Por lo general, en un incendio serio suelen reunirse tres camiones autobomba como este por un camión escalera. Aproximadamente 17 personas, entre los miembros de cada vehículo, un jefe de operación, un oficial de seguridad Bomberos Kansas Cityy el personal sanitario de ambulancia.

Es lógica la importancia de los autobomba: son los encargados de suministrar el caudal de agua, apagar el fuego; mientras que el camión-escalera se encarga de la estrategia para facilitar la extinción y el rescate: “Su objetivo es más el de abrir vías de ventilación en el edificio, cuenta Mike.

“Con la escalera podemos agujerear techos y permitir que salga el humo y descienda la temperatura interior, que en ocasiones es elevadísima. Además, sirve también para buscar, localizar y extraer posibles víctimas dentro del edificio”.

Navaja suiza

Suena la alarma y parte del grupo se moviliza. Agarran el equipo, se colocan los monos, suben de un salto al autobomba y arrancan rumbo a la emergencia. Por megafonía, la voz de una mujer no para de dar indicaciones.

“Las Bomberos Kansas Cityllamadas se gestionan en la sede central del Departamento de Bomberos, me aclara Mike.

“Ellos reciben el aviso y contactan con las diferentes estaciones de la ciudad –son 17 en total– y solicitan un número determinado de efectivos, lo que necesiten”. En esta ocasión solo ha partido la bomba.

La mitad del equipo sigue charlando en el comedor. Ya en el vehículo, el jefe de la unidad está constantemente conectado por radio con la central y con el resto de las estaciones involucradas en la emergencia; pero, además, una pantalla mantiene informado al equipo de todo cuanto necesitan saber.

“Aún me acuerdo cuando andábamos con los callejeros en papel, con los mapas en el camión”, recuerda entre risas Bomberos Kansas CityMike. “Ahora la cosa es mucho más sencilla y práctica: en la pantalla me aparece el mapa digital, la localización exacta de la emergencia, etc.”.

Aprovechando la salida del HME, nos acercamos al camión-escalera. El capitán moviliza a dos de sus chicos para que saquen el vehículo a la calle y extiendan la escalera.

“¡Desde arriba tendrás una foto buenísima!”, me grita uno de los bomberos con una sonrisa de diablo. Declino cortésmente la invitación.

Sé que no me he equivocado cuando veo la escalera extendida al máximo: ahí están los 32 metros de altura.

En lo alto, el mismo bombero que hace cinco minutos me invitaba a subir, me saluda agitando la mano. Parece un mosquito. Mike me explica que la escalera puede usarse tanto en modo de rescate como de manguera.

Bomberos Kansas CityEn el segundo caso, el movimiento del artilugio y el tiro de agua desde arriba se pueden manejar desde el vehículo, sin necesidad de tener a un bombero subido en el extremo.

Este Pierce del año 2010 empieza a tener sus años. Sin embargo, sigue siendo una herramienta muy versátil, especialmente porque cuenta con un pequeño tanque de agua de 1.135 litros y una bomba. “No es lo normal en este tipo de vehículos. Habitualmente cargan una escalera y ya está”.

Tanto los laterales como la parte anterior y posterior del vehículo están diseñados para esconder multitud de compartimentos para herramientas. El Pierce es un bargueño de acero donde hasta el último rincón de la carrocería guarda una herramienta. Hay de Bomberos Kansas Citytodo.

Cualquier cosa que sea útil en caso de emergencia: desde sierras de todo tipo hasta radiales y cizallas. Mazas, martillos, hachas.

Incluso ventiladores para distribuir estratégicamente la salida del humo de los incendios. “En este camión solemos trabajar cuatro personas, cuenta Mike. “El conductor, el capitán y dos bomberos en la parte posterior”.

Dentro del vehículo, el instrumental aumenta: una botella con aire y un respirador por cada hombre, más artilugios para abrir agujeros en cualquier superficie, un desfibrilador, arneses, hachas y cámaras de visión por infrarrojos para detectar el calor de posibles víctimas atrapadas entre el humo.

Es casi imposible que Mike y sus hombres no encuentren una solución con semejante cantidad de instrumentos. El Pierce es una auténtica navaja suiza.

Bomberos Kansas CityApenas 40 minutos después de su salida, el HME regresa a la estación de Klamm Park. Una emergencia menor. Nada grave. Sin fuego. Por fortuna, el número de salidas para atender incendios ha ido menguando con los años.

Mike, que lleva casi tres décadas en el cuerpo de bomberos de Kansas City (Kansas), reconoce que, hoy por hoy, hay un par de salidas por fuegos importantes en cada turno, no más. O sea, unos 14 a la semana.

“Esa tendencia puede mantenerse durante unas tres semanas y después es posible que estemos dos meses sin ningún incendio”. En la 14, el 70 % de las llamadas que se reciben tiene que ver con emergencias no relacionadas con las llamas. “La cosa ha cambiado.

Cuando empecé había más incendios”. Una de las razones que esgrime nuestro protagonista es la incorporación de materiales más resistentes al fuego y de mejor calidad en las construcciones más recientes.

“También me gusta pensar que la gente está hoy un poco más concienciada, que conoce más los riesgos dentro de casa”.

Bomberos Kansas CityEn la estación de Klamm Park, los propios bomberos se encargan de hacer las revisiones básicas de los vehículos a diario. Para el resto, se traslada a ambos camiones a un taller encargado del cuidado de todos los vehículos del Departamento de Bomberos de KC Kansas.

Las inspecciones regulares se hacen tres veces al año y los camiones reciben un chequeo completo cada 4.500 km, aproximadamente.

Con ambos camiones de nuevo aparcados en el garaje de la estación y los altavoces de vuelta al silencio, Mike y los chicos de la 14 de Kansas City vuelven a la rutina. Toca cocinar. Algo de tele.

Quizás algunos ejercicios en el gimnasio. La espera se lleva bien. Entre otras cosas porque los lazos que se generan entre estos hombres son muy parecidos a los de una familia.

Bomberos Kansas CityEs precisamente por eso que cada estación tiene su escudo propio, su logotipo, una marca única que funciona como símbolo de tribu.

Algunos, incluso se han tatuado en la piel el nombre de Klamm Park, el número 14 y la cara de un demonio.

Es el orgullo de la familia, que dentro de estas cuatro paredes sigue esperando. Siempre alerta. Siempre cerca del HME y el Pierce, listos para calzarse las botas, embozarse en el traje y partir allá donde la voz de la centralita diga. La seguridad de Kansas City está en sus manos.

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