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Transportes Fulano: La vista también trabaja

Cuando un camión de Transportes Fulano va allá donde su comparecencia rutera es requerida, no solo da una imagen de sí, sino que la otorga también al que le emplea.

Son detalles que pasan desapercibidos en el fragor de la batalla laboral diaria, pero cuando junto a la solicitud de un porte con destino a un almacén, una fábrica o un mercado, se te apunta sutilmente la petición de si puedes venir con tal modelo decorado así, o tal otro con el color asá, es que las formas, con todo lo que ellas evidencian y simbolizan, te pueden hacer ascender muchos peldaños.

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Seguramente muchos recordaréis el desenfadado reportaje que en nuestro número 381 hicimos sobre el Renault T 520 decorado con un impresionante Thanos y demás iconografía del universo Marvel.

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José Antonio y Carolina comandan una empresa que crece sin parar. “El cliente es quien va dibujando nuestra hoja de ruta”.

En aquella entretenida jornada en la alicantina Albatera, junto a los responsables José Antonio y Carolina, sus dos hijos y varios de los chóferes de la empresa, tomaba nota un servidor de un parque con catorce cabezas tractoras y sus respectivas cajas de frigo, todas ellas de impecable factura.

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El que apenas un año después el censo vehicular de Transportes Fulano haya pasado a 22 unidades le ahorra a uno muchas explicaciones, porque la pregunta de rigor de si la cosa va bien o no, ya se puede dar por contestada de antemano.

“Desde que nos vimos hace un año, hemos tenido mucho trabajo, sobre todo en verano. Ello nos ha ido llevando a ampliar el parque –nos razona–, porque es el cliente el que va dibujando tu hoja de ruta. Se habla mucho de esta crisis que viene, o de la otra que ha de venir, pero la excesiva alarma solo consigue paralizarte.

En casa se meditan todos los pasos que dar, pero con la confianza puesta en lo que el día a día te va transmitiendo, con energía y mucha vocación de ir progresando”.

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José Luis, Francisco, José Manuel y Marco forman parte de una plantilla de chóferes que supera la veintena de integrantes.

Canutas y Fulanos
Así son conocidos popularmente los linajes familiares de Carolina Pacheco y José Antonio Rael, y de tal manera se hacen constar tales leyendas a derecha e izquierda de todas sus camiones. Un Scania 650 es tal vez ahora la joya más preciada, pero desde los Scania 590 y 580 hasta los últimos MAN o el Renault ya citado, todos los modelos de esta empresa alicantina compiten en liga alta.

La ruta nacional de Transportes Fulano abarca cualquier punto del mapa, aunque Madrid, Andalucía y Aragón suelen ser los destinos más pretendidos; al igual de lo que pasa con Francia, Holanda, Alemania o Italia en el ámbito internacional.

“Yo empecé conduciendo un frigo y ya nunca ha habido nada que me atraiga más. El de la alimentación frigorífica es un mercado muy vivo, que si se ejerce con transparencia y profesionalidad, fija muchos lazos entre proveedores, clientes y transportistas.

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Por la manera en la que ha evolucionado la empresa –nos revela su responsable– he tenido que ir aparcando el camión para dedicarme más a la organización de los viajes, junto a mi mujer y otras personas que hay en la oficina para tareas administrativas.

No tengo asignado, pues, ningún camión, pero cuando he de tirar de alguno por menesteres del trabajo, sigo constatando que donde más feliz soy es al volante, sobre todo si consigo –ríe– que el teléfono no me vuelva loco”.

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El compromiso entre dirección y personal es firme, a lo cual ayuda una comunicación franca y directa en ambas direcciones.

Tras unos segundos de reflexión, sin revisar papel alguno, José Antonio nos afirma que son 27 las personas que trabajan en Transportes Fulano.

“Todos son conductores para nuestra empresa, y no sé si está mal que lo diga yo, pero aquí, en esta zona de la Vega Baja, los chóferes de camión tienen muy buena fama. Nunca hemos tenido dificultades para conformar la plantilla –se enorgullece–, sobre todo poniendo la confianza en el criterio de la propia gente que trabaja en Fulano, que son los que me aconsejan entre este o aquel otro. Así nos ha ido de maravilla”.

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A sus 43 años, José Antonio tiene muy presente aquel niño que en su tiempo fue, con su padre conduciendo un Pegaso, un Avia o un MAN 150, en los que se metía a la mínima que le daban permiso.

Su ilusión camionera sigue siendo hoy la misma, y no hay más que ver la percha de sus vehículos y los motivos que adornan cada cabina para saber que eso es así. En el horizonte siempre se divisará el glamour de Canutas y Fulanos agrandando los límites de la tropa camionera.

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