Empezó con el Ebro, luego con un Mercedes 1834 que ya contaba con ganchos superiores; más tarde, un Stralis de Iveco, varios Renault, y finalmente DAF…
Ahora, Eusebio García se ha convertido en una de las únicas empresas riojanas que se dedican al transporte de
carne colgada, un sistema complejo, que exige carrozados especiales, tecnología preventiva y mucha maña al volante.
Natural de Murillo de Río Leza, Eusebio cuenta con una flota compuesta por 8 trailers, 4 cuatro ejes y 5 dos ejes (incluyendo un Pegaso Ekus), más un tren de carretera, con los que trabaja principalmente el transporte de carne desde el matadero hasta el cliente y desde las empresas cárnicas hasta los comercios.
“Empecé abarcando una zona muy local –explica–, y ahora se nos ha quedado ya corto. Por la noche, dos días por semana, hacemos salidas rumbo a Francia en ruta fija”.
Lo cierto es que desde que arrancara con el negocio, el desarrollo de la empresa ha sido siempre ascendente, siguiendo el cauce que marca el crecimiento de su principal cliente, responsable del 70 % de la facturación.
“Es una manera de ver este negocio, que muchos igual no comparten. Dicen que tener todos los huevos en un mismo cesto no es bueno, pero a mi entender, cuando solo te centras en un cliente, ofreces un servicio mucho mejor que si te dedicas a muchos. De alguna manera, lo cuidas más”.
Lo cierto es que, de la mano de este cliente, a partir de 2010, Eusebio García experimentó un desarrollo empresarial espectacular. El negocio exige lo mejor, tanto en higiene –constantes desinfecciones tanto internas como externas– como en equipos
y en chóferes.
La carne descansa colgada en el techo de la caja, por lo que la física juega en contra del conductor en cada viraje y frenada. “Es una conducción muy especializada. No puedes aprovechar la inercia del vehículo porque si lo haces, te sales. Consumes más, y hay mucho riesgo de vuelco”, pese a los sistemas electrónicos de estabilidad que montan los equipos.
Eusebio gestiona el negocio como si fuera una familia. Él actúa de comodín: es el encargado de cuadrar los viajes y de subirse al camión si salen viajes de última hora o si un chófer se queda sin disco cerca de casa.
Raquel pone orden entre los papeles de la oficina y Miguel se encarga del mantenimiento de la flota. Los chóferes, siempre de blanco, como cirujanos a puntos de entrar en quirófano –la imagen es vital– son su principal marca de calidad.








