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Soy camionera: Xelo Ferrando Martí, toda una Superwoman

Aunque ella se reste importancia y diga que lo que realmente tiene mérito son las mujeres que van solas y que llevan tantísimos años haciéndolo, lo de Xelo Ferrando tiene que reconocerse casi como una hazaña. Y tanto que sí. A sus 49 años y a punto de irse a la cama, nuestra protagonista recibió una llamada de su marido, Salva.

Este se encontraba en Inglaterra y no podía esperar más, se había encontrado a varios matrimonios que trabajaban juntos, había estado hablando con ellas y tenía una propuesta que hacerle. “¿Tú te atreves a sacarte el carnet de camión? ¿Me ves capacitada?, le respondí. Yo estaba en paro y quería trabajar, así que me convenció rápido. Me fui a la cama dándole vueltas, pero decidida a sacármelo. Lo hice y lo aprobé todo a la primera. Mis principales motivos para tomar la decisión fueron mi madre y mis dos hijos”.

Camionera Xelo Ferrando

Salva ya había hablado con los responsables del Grupo Mazo, la empresa para la que trabajaba (y lo sigue haciendo), les comentó la posibilidad de compartir viajes con su mujer y todo fueron ventajas. De hecho, muchísimos matrimonios trabajan juntos en esta compañía valenciana, ya que sobre todo hacen internacional transportando fruta y verduras haciendo decenas de países europeos.

Dicho y hecho, a puntito de cumplir los 50, Xelo y Salva emprendieron una nueva ruta, juntos. Nuestra invitada recuerda que la cifra redonda la cumplió en Irlanda. “Cuando llegué a casa me esperaba una buena celebración”, nos cuenta. De eso hace ya cuatro años.

Camionera Xelo Ferrando

Ahora echa la vista atrás y recuerda con orgullo momentos que son entrañables, pero que a la vez demuestran que hay decisiones que por extraordinarias, por valientes gustan de ese reconocimiento. Una de ellas le vino de su hijo mayor, Salva, como su padre, “cuando aprobé la última prueba del carnet me dijo que no había en el mundo un hijo que se sintiera más orgulloso de su madre que él. Enrique, el pequeño, me llama Superwoman”. Ante estos empujes, imposible no sentirse poderosa al volante de un camión.

“Me siento feliz. Después de cuatro años solo puedo decir que ojalá lo hubiera hecho antes. Lo recomendaría al 100 %, que no tengan miedo, que eso es algo que nosotras mismas nos creamos. Mi marido me veía más capacitada que yo misma. Yo me ponía obstáculos, pero ahora me doy cuenta de que soy capaz de hacer lo que me proponga”. ¡Claro que sí!

Camionera Xelo Ferrando

En tensión máxima

“En mi primer viaje fuimos a Alemania, en el Sarre, en la frontera con Francia. En el Grupo Mazo cuando subimos siempre es con alimentación fresca (frutas y verduras). Las bajadas cambian. Lo mismo cargamos cajas de plástico que patatas de Francia, cebollas de Holanda, todo seco, eso sí. De ese viaje no recuerda ni por dónde pasé. Iba superconcentrada en la conducción, en tensión máxima.

El segundo viaje me volvió a tocar al mismo sitio, pero en esta ocasión con el hándicap de que en Francia atravesamos 200 kilómetros de niebla. Tenía a Salva pendiente de todo, apenas descansó. Los dos primeros meses perdí 12 kilos, pasé muchos nervios. Una vez coges soltura lo haces de forma natural. Ahora Salva duerme más que tranquilo”, nos relata Xelo, mientras nos explica cómo de organizados están en la cabina.

“No hay otra forma. El orden es esencial y nosotros nos compenetramos a la perfección. Nuestras tiradas son largas porque sumamos las horas de los dos. Cada uno puede conducir como máximo unas cuatro horas hasta sumar un total de 21 horas.

Después realizamos un descanso de 9 horas. Lo normal es que uses la tirada para llegar a Alemania. Comer y dormir lo realizas cuando no te toca el turno para conducir. Un viaje puede durar una semana o tres días, aunque nosotros hemos hecho incluso catorce fuera de casa”.

Camionera Xelo Ferrando

Con toda la experiencia acumulada, Xelo nos cuenta: “Le encanta lo que hace, soy muy feliz con el camión. La noche se hace pesada, pero bueno, vas cogiendo tus truquillos y te acostumbras. Se hace duro, pero incluso te adaptas a las eternas nieblas francesas”, remarca. Fuera de lo que es la propia conducción, nuestra protagonista explica que el tema del aseo para las mujeres es lo peor. “No piensan en nosotras.

Duchas en los espacios de hombres y sitios donde no puedes ni colgar la ropa, ni siquiera un enchufe cerca para poder secarte el pelo. Alemania, Bélgica, Holanda o Luxemburgo son los países con mejores servicios para nosotras, eso sí, los pagas”.

Su campaña de trabajo dura diez meses con dos de parada. “Durante los diez meses y en función de cómo vaya ese año el trabajo, podemos hacer descansos de justo 45 horas como marca la ley, como este año, o incluso estar cuatro días en casa. Depende de la campaña. En estas paradas en casa también estamos organizados para hacer las tareas. Normalmente, Salva se encarga más de la ropa y yo de la comida.

Camionera Xelo Ferrando

Horas de conducción, de descansos, de compartir muchas cosas. “Ni en el mejor de mis sueños me habría imaginado haber visitado tantos países. Inglaterra, Holanda, Polonia, Austria, Bélgica… ¡Quién me lo iba a decir! Desde luego no vas a hacer turismo, pero a veces te tienes que quedar por lo que sea y entonces aprovechas para hacer turismo. Y lo mejor es que estás con tu marido. Los que vamos a dobles con nuestra pareja la mayoría lo hacemos por amor”, nos dice sin dudar.

“Salva tiene cuatro años más que yo. Cuando se jubile casi seguro que me bajaré con él. Si fuera más joven, seguro que seguiría, ahora ya no me veo”. Para eso todavía quedan unos añitos, ahora solo queda disfrutar de compartir todos esos kilómetros juntos, todos esos de cabina, donde realmente estás haciendo lo que te gusta.