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Soy camionera: Teresa García Villaverde, aventurera por vocación

Esta intrépida gallega no es otra que Mª Teresa García Villaverde, quien ha recorrido mucho mundo, incluso antes de ser camionera. Nació un frío mes de diciembre en Galicia, en concreto en 1960, y con apenas 4 años, sus padres decidieron marchar a Venezuela.

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Ya desde muy temprana edad soñaba con ser astronauta, como la mayoría de los niños que vivieron en directo cómo Neil Armstrong ponía su pie en la luna cerrando la década de los sesenta.

Camionera Teresa García

Años más tarde, se decidía por ser piloto, pero por aquel entonces, los que llevaban gafas, no podían aspirar a ese puesto, y a ella le habían diagnosticado miopía de muy jovencita. Mi padre era bastante retrógrado, como la gran mayoría en aquella época, y yo tenía que escoger oficios y cosas de niñas”, remata Teresa.

Camionera Teresa García

Así que estudió Turismo y trabajó en una agencia de viajes, pero reconoce que la vida da muchas vueltas.

Al poco, se casó y tuvo un hijo, pero aquella relación no fue nada bien, no la dejaba vivir, así que decidió poner tierra de por medio. No pudo llevarse a su hijo porque tenían custodia compartida y tuvo que irse sin él. Y justo aquí comienzan sus aventuras por el mundo.

Camionera Teresa García

Rumbo a Israel

“Conocí a un chico argentino con el que empecé a salir, juntos conocimos al presidente de la asociación sionista de Venezuela, en Caracas, y nos fuimos a Israel en un intercambio de estudios.

Era el año noventa y, para llegar hasta allí, viajamos por Alemania, Holanda, etc., donde disfrutamos de aventuras imposibles de soñar. En Israel vivíamos en un kibutz, una especie de comuna agrícola”.

Camionera Teresa García

Pero una vez en Israel, Teresa no podía dejar pasar la ocasión para visitar Egipto. “Desde Caracas, llegar a Egipto era complicado, pero estando en Israel, no podía perder la oportunidad”, reconoce nuestra camionera.

Lejos de convertirse en una simple visita turística, en Egipto se pasaron nueve meses, pues les robaron la documentación y billetes.

Camionera Teresa García

Desde allí, Teresa decidió pasar a Grecia, donde trabajó cuatro meses de camarera para ganar dinero y poder volver a Venezuela, pues había muerto su abuela y le había dejado documentos por firmar, junto a su madre.

Tras ese “impasse” por lo que había sido su hogar desde los cuatro años, se vinieron a España. Pasaron por el País Vasco, Madrid y al final se afincaron en un puebloecito de Huesca, Zaidín. Allí recogían la fruta en pequeñas parcelas.

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Y después fueron a trabajar a un bar de carretera de camareros. Les daban alojamiento y comida, y pactaron un sueldo de 98.000 pesetas al mes, que el dueño les guardaría, hasta que se lo pidieran.

Pero no fue así, el tipo falsificó la firma del que era su pareja en las nóminas como si hubiera cobrado, y solo les pagó la parte de ella, porque no pudo falsificarla. Se compraron un coche en el que vivieron durante tres meses, mientras trabajaban en lo que salía, recoger “llànegues”, una especie de setas, y demás.

Camionera Teresa García

Pusieron punto y final a Zaidín y se trasladaron a Lérida, donde Teresa se casó con el compañero de viajes y aventuras, pero del que, después de años años juntos, se divorció, pues le gustaban todas las mujeres a la vez. Afincada en Lleida, ya en solitario, inicia una nueva etapa.

Cabe destacar que cualquier desplazamiento por Europa o España lo hubo realizado haciendo autostop a camiones. “Desde Grecia hasta España, así viajábamos en aquella época. De Lleida a Galicia con dos o tres camioneros distintos que me recogían y quedábamos a través de la emisora, que ahora casi no se usa, solo unos pocos la seguimos llevando”.

Camionera Teresa García

El inicio del camión

Teresa trabajó varios años en el Restaurante Les Comes, en el polígono de Torrefarrera, en Lleida, allí conoció a muchos camioneros que paraban a hacer el menú y le suscitaban más que envidia.

Y aunque le permitió traerse a su hijo de Venezuela, pues ya había cumplido los 12 años y él podía decidir con qué progenitor vivir. Después de un par, sus padres vendrían a vivir a España, primero a Lleida con su hija y después a su Galicia natal, a la casa que vio nacer a Mª Teresa.

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Años después, un accidente de coche rompería su rutina, que volvería a boicotear los planes de Teresa, o, como dice ella, dictarían el destino.

Uno de esos camioneros que había conocido, sabiendo de la mala situación de Teresa debido a su accidente, para echarle una mano la metió a trabajar con él en la misma empresa de cubas de purín.

“Yo trabajaba de peón, pero siempre le decía: ‘¡Jo! ,Tato, qué envidia me das’, cuando íbamos a las fincas a echar el purín.Yo no me iba a almorzar y me quedaba en el camión, hasta que un día me preguntó: ‘¿Quieres conducir?, conduce’”.

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Y entonces creció todavía más el gusanillo de Teresa por los camiones. Tras ese día, corría el año 2002 cuando decidió a sacarse el carnet de rígido en Lleida y empezó a trabajar en Cajebel.

La empresa la llevaba el padre, pero comenzaban sus hijos, tres, aunque uno de ellos falleció en un accidente cuando auxiliaba a un chófer. La primera semana perdió siete kilos, llevaba un rígido de tres ejes que portaba estiércol a las granjas, viajes a depuradoras.

Poco después se sacó el de tráiler: “Carlos, si me saco el carnet de tráiler, no me quiero quedar llevando el rígido”, le dijo a su jefe. “Sí, sí, sácatelo y cuando lo tengas, te doy un tráiler”, le contestó, y dicho y hecho.

Camionera Teresa García

Empezó con el transporte regional llevando fruta de Tarragona a Lleida, durmiendo en casa días alternos, pues tenía a su hijo con ella, y aunque había crecido, no quería dejarlo solo toda la semana.

No llegar a un acuerdo durante una campaña de fruta hizo que saltase a otra empresa, Transportes Milano, de Zaragoza, en la que empezó a realizar transporte nacional, desde que fuera a Sevilla a recoger un tráiler accidentado de un compañero. Allí estuvo muy bien casi cinco años, pero el destino volvería a intervenir.

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Año 2007, su padre había fallecido y su madre se hacía mayor, así que a finales de ese año, Teresa decide con su hijo mudarse a Galicia para poder cuidar de su madre. Pero azotaba la crisis, y a Teresa, a pesar de su experiencia en Cataluña, no la contrataban.

Hasta que hará unos seis años que conoció a José Luis, su actual pareja y excamionero, por obligación, que la animó para que insistiese en conseguir trabajo de lo que le gustaba, ser camionera. Y hasta el día de hoy.

Cabe destacar que, además del accidente de coche, ha tenido un par de sustos en la profesión, uno con Milano, en el que volcó llevando placas de pladur con un camión plataforma con laterales elevables y eje direccional atrás, y el último, cuando fue a ver un camión para ser autónoma en una cooperativa cuando no le salía trabajo, y cayó en un foso.

Camionera Teresa García

Una caída de la que a día de hoy acarrea secuelas por incorporarse a trabajar apenas quince días después del incidente, pues tiene lagunas en la memoria, pero aquí está.