Soy camionera: Mari Carmen Bou Alcaraz, creyó su futuro, y lo creó

Soy Camionera

·  Un post de Jesús García
Tiempo de lectura: 4 min.
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Crear su meta fue la mejor manera de encontrarse a sí misma. Con 39 años y 4 hijos se sacó el carnet de tráiler y desde entonces su felicidad ha consistido en encadenar los afanes del día a día.

A punto de cumplir 65 y, por tanto, a las puertas de su jubilación, esta brava mujer, que nació en la habitación de su casa en aquel Hospitalet de Llobregat (frontera entre los años 50 y los 60), donde por la tarde aún se sacaban las sillas a la calle; recuerda para SOLO CAMIÓN cómo se crio entre tres hermanos varones, de manera que jugar con cachivaches sobre ruedas estuvo siempre entre sus principales entretenimientos.

Ya más grande, un camión Ebro 3500 formó parte de su paisaje infantil, pues su padre tenía una gran calderería en casa. “Para transportar aquellos grandes generadores de vapor – recuerda Mari Carmen – a veces había que tirar una pared de la calle y volverla a construir rápidamente, antes de que viniesen las autoridades”.

Otros tiempos, sin duda. Tiempos en los que se metía toda la familia en el camión, repartidos entre la cabina y la caja, para ir de visita a cualquier parte; y tiempos también en los que a los 14 años ya empezó a trabajar, aunque siguiera estudiando por la noche para aprender contabilidad, una certificación que le sirvió posteriormente para ejercer en muchos empleos técnicos de oficina.

A Mari Carmen siempre le encantó conducir. De hecho, a los 19 años ya tenía el carnet. Juan, su marido, transportista hoy ya jubilado, le animó a sacarse el permiso de camión a poco de cumplir los 40. No hizo falta insistirle mucho.

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Con el carnet de tráiler en la mano, empezó como doble chófer con Juan, pero pronto se hicieron con un camión cada uno. “El Volvo F12 con el que salgo en una fotografía es el primer camión que conduje sola, y es el mismo con el que aprendieron luego mis dos hijos. Por mis manos – prosigue – han pasado luego una Cosechadora, un MAN, un DAF y otro Volvo, antes de llegar a este FH 500 que llevo ahora”.

Bou opera en el Puerto de Barcelona, un trabajo que reconoce cómodo. “Sólo has de tener a punto los papeles, que te digan el muelle y acular bien. ¿Qué te dicen que tienes para un par de horas? – sonríe -, pues te das una vuelta. El día a día es sencillo, aunque hay que reconocer que últimamente somos tal vez demasiados para un trabajo que fluctúa mucho por temporadas”.

En palabras de nuestra protagonista, el número de camioneras que conducen por el Puerto llega a duras penas a la docena, entre miles de camioneros varones. “Yo me he sentido siempre tratada fenomenalmente – afirma -. Me tomo con sentido del humor el que alguna vez, al entregar los papeles en recepción, se sigan extrañando de que sea yo quien lleva el camión”.

El relevo familiar lo toman sus hijos Christian y David, así que en casa se seguirá viviendo la profesión muy de cerca. “Hubo un tiempo en el que uno de mis hijos y yo hacíamos muchos viajes juntos a Navarra.

En una ocasión la camarera se sorprendió al oír que me llamaba mamá, pues nos dijo que parecíamos una pareja. Bien para mí – explica entre risas -, pero no tanto para mi hijo. Bromas aparte, siempre hemos estado muy unidos. En su momento formamos una SL familiar, pero cambiamos a módulos, porque nos cocían a impuestos».

Para esta transportista, no existen retos inalcanzables si te propones una meta asumible. “Me gusta conducir. Con eso, lo tengo todo”.

Las palabras de Mari Carmen no pueden ser más explícitas. No obstante, también saborea el hecho de poder jubilarse (espera) en menos de un año.

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“Tengo a mis nietos David, Hugo, Gerai, Mayka, Nayara, Juan, Laura y Unai para no aburrirme nunca – afirma con entusiasmo –. Además, mi marido anda preparando a conciencia nuestra Camper Mercedes, con la que tenemos la ilusión de recorrer lugares de España”.

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