Hay oportunidades que invitan a correr ese riesgo que convierte la dificultad en virtud; y Estela Moreno, nuestra camionera protagonista de este reportaje, tomó una.
Nacida en la murciana Mazarrón, el corazón le llevó un día a Elche (Alicante), por aquello de los amaneceres a los que apelábamos en el titular, que si tardas demasiado en ir a verlos, te los pierdes… y el caso es que de aquí ya no se ha movido. Lo que en un principio te puede intimidar de su carácter firme e independiente, al instante lo conquista su simpatía.
“A mi me casa este oficio con mi carácter libre y también algo despegado. Soy consciente – continúa Moreno – de que este es un trabajo en el que no tienes horarios, sino “tiempos de conducción, tiempos de descanso, de espera, de disponibilidad… de lo que sea; pero me compensa por la libertad que me hace sentir esta profesión, que resulta difícil de hacer entender a quien no siente esta vocación”.



Hablando con ellos
Nuestra radiante protagonista, hecha ya al women’s power, por ser tercera de cuatro hermanas, guarda hermosos recuerdos de su infancia, en la que muchos días de entre semana, aprovechando que el padre era funcionario y libraba por la tarde, los pasaba en la playa.
“La teníamos al lado de casa – recuerda con melancólica sonrisa -, y allá éramos felices yendo después del cole. En sábado y domingo, sin embargo, nos quedábamos en el pueblo, pues nuestros padres decían que la playa en fin de semana era para los domingueros”.
Hizo la ESO, pero con 15 años ya le echaba una mano a una amiga en su heladería, pues ya tenía ganas de tener en la cartera euros ganados por ella misma.
Tiempo después se embarcó en la hostelería, donde trabajó hasta 10 años. “Toda mi etapa veinteañera la pasé en este sector, donde me desenvolvía muy bien y conocí a mucha gente que pasaba por Mazarrón y Puerto de Mazarrón, entre la que, por supuesto, también había mucho camionero.



Me iban llamando cada vez más la atención los camiones, los viajes que me contaban y las diferencias entre unos y otros. La hostelería – reconoce la mazarronera – es algo que también, por muy abierta y enérgica que seas, desgasta mucho psicológicamente; así que me metí en un gran almacén de fruta y verdura, de los que abundaban por allí, donde nadie me iba a calentar la cabeza”.
Allí Estela Moreno fue alternando labores como envasadora, moza de almacén, torera o carretillera; siempre viva y, por supuesto, siempre cerca de los camiones.

Pero en un momento de la vida, por ganas de aventura y por amor, lo cual, y esto lo añade de propina este redactor, viene a ser más o menos lo mismo; ella recaló en Elche. “Allí el universo que predomina es el del zapato, pero como yo no tenía ni idea de zapatos, busqué dónde envasar verduras y hortalizas. Hice trabajos de temporada para unos grandes almacenes –continúa -, pero cuando recalé en la empresa Francisco Oliva, en poco tiempo deduje que este era mi sitio”.
Aquí transporta verduras y hortalizas. “Como mujer, somos pocas aún, pero si recibo un trato especial por ello, reconozco que es para mejor”.



Hacer Perpiñán
En los seis años que Moreno lleva en esta empresa comercializadora de productos hortofrutícolas, fundada en 1982, pocas cosas son las que no ha hecho; pero una ocasión en la que tuvo que sustituir al encargado le aupó a tareas más proclives a sus anhelos, como preparar los camiones que salían de viaje y coordinar diversos aspectos de la flota de Francisco Oliva.
“Cuando contaba sólo con el carnet de rígido empecé a maniobrar con diversos camiones de todo tipo en circuito cerrado, y eso me vino de lujo. De llevarlos al taller o a pasar la ITV – prosigue -, pasaron a proponerme hacer ruta, y así llegue a este Scania R450 con el que estoy de maravilla, sobre todo por su comodidad”.
Para su primer viaje a Perpiñán pidió el amparo de un compañero más experimentado, pero la experiencia de ir a doble chófer no le convenció. “Es mortal ir a doble – resopla -, porque no dormí nada y también me di cuenta de que tampoco aprendes, porque ni vas mirando. Lo mejor, desde luego, es salir con otros compañeros que vayan a ese destino, pero cada uno en su camión«.


Estela se hace entender enseguida cuando nos dice que ella no hace Nacional, ni Internacional: “Yo hago Perpiñán – sonríe -, que no es exactamente ni una cosa ni otra, pero viene a ser las dos.
Me despierto a las 8 de la tarde y salgo de Elche antes de las 10. Llego a descargar a ese mercado francés a primera hora del día y, con lo que me queda de disco, llego a Catalunya, que es donde duermo.
Me cargan algo por la noche (patatas, cajas vacías y lo que sea), a veces incluso mientras duermo, y juego con los “tiempos de”, como ya mencioné antes, para que el disco me lleve al mejor lugar.
Cada día me gusta más mi trabajo y ya no me veo en otro, ni tan siquiera en otra empresa. No obstante, a ver cómo llevo lo de las noches más adelante. De momento, cuerpo, cabeza y corazón me piden lo mismo”.



