Completamos con este artículo la segunda parte del reportaje dedicado a la colección de maquetas de Santiago del Sol.
Como vimos en la primera parte, tener en miniatura aquellos camiones que en algún momento de su vida han pasado por sus manos es el anhelo de este despierto soñador.
Hablamos de un hombre que, a sus cincuenta y pocos, calcula haber conducido más de 5 millones de km, pasando por una cincuentena de camiones.
Como apuntamos entonces, este transportista madrileño, padre de dos hijas, calcula tener un millar de maquetas coleccionadas, las cuales han ido a parar a alguna de sus estanterías.
La procedencia de dichos trabajos puede resultar de un regalo, una compra en el kiosco o del fruto de su propia inclinación por la reproducción de camiones, ya sea resultado de su trabajo, o por mediación de un buen amigo en Lucena (Córdoba).

Su nieto Lucas, con toda la familia a sus pies, como corresponde a todo primer nieto, le pide de vez en cuando una de estas maquetas para jugar.
Para esos casos, Santiago tiene siempre a mano unos camioncitos de plástico que para el pequeño hacen la misma función, y al menos no tienen al abuelo en vilo por si una maqueta se estropea.
Como vimos en el anterior reportaje, la de 1:43 es la escala que nuestro madrileño encuentra más apropiada para apreciar los detalles sin pasarse de tamaño.
Y como bien nos recuerda Santiago del Sol, lo más trabajoso es tener que sacar de vez en cuando las maquetas, una a una, y limpiarlas con toda la delicadeza del mundo, para no dañar este espejito aquí o esta visera allá.

Nuestro protagonista reconoce estar siempre pendiente de si sale al mercado alguna maqueta, sobre todo si la misma corresponde a algún camión que él haya conducido.













