Hay dichas que únicamente necesitan flirtear a gusto con los retos y tener siempre algo digno que hacer con tu tiempo.
A guisa de chascarrillo oí una vez que la mejor pareja que uno puede buscarse es alguien dedicado a la arqueología, porque cuanto más envejezcas, más interesante te encontrará.
Algo parecido le debía pasar tal vez a Carrasco cuando era niño, pues prefería un mercadillo a una tienda con juguetes nuevos, porque en el primero podía encontrar cosas rotas o medio deterioradas, que él luego disfrutaba a tope arreglando o modificando.



¿Será verdad que ese tiempo que uno pierde en algo que le gusta, nunca jamás es tiempo perdido?.
“La de horas que me pasaba de pequeño, madera arriba, madera abajo. Todavía recuerdo como si fuera hoy lo que disfruté haciéndome yo solito el Troncomóvil de los Picapiedra”.
Aquel pequeño Juan Carlos ha dado paso al Carrasco que hoy tiene 60 años, pero que sigue manteniendo en alto la premisa de que la vida, o es una aventura, o no es; ya sea yendo a Sri Lanka con su familia (como me dice que hará un mes después de la entreviste para este reportaje), en una semana de rule con los amigos en su Harley, o trasteando en el garaje con nuevos desafíos en forma de maqueta de camión.





Casi todo a 1/50
Esa es la escala preferida de Carrasco, pues la encuentra más cómoda a la hora de manejarse en las transformaciones. “No obstante, las tengo también en 1/14, 1/64 o 1/87. En total, poseo cerca de 200, la mayoría Volvo, de las que unas 60 son creadas directamente por mí, y otras son kits o unidades que adquiero y después personalizo.
Para Transportes J. Prada, empresa en la que llevo ya 35 años trabajando, yendo 17 años a Andalucía en camión durante todas las semanas, y donde ahora me dedico al grupaje de alimentos refrigerados y congelados; he hecho maquetas de toda índole. El Volvo F 12 con el que salgo en las fotos – afirma orgulloso -, es con el que trabajo en la actualidad”.






En su garaje cuenta Carrasco con varias mesas de trabajo y una cabina de pintura al uso, que suele sacar a la calle para ejercitarse a la luz del sol.
“Si no tengo mucho pollo – admite -, también me gusta subir los trastos al comedor, para sentirme acompañado de María José, mi mujer. A otros les gustará el yoga, pero a mí no hay nada que me pueda relajar más que esto”.



