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Santiago del Sol: «Mi vida en mini»

Tener en miniatura aquellos camiones que en algún momento de su vida han pasado por sus manos es el anhelo de este despierto soñador.

Hablamos de un hombre que, a sus cincuenta y pocos, calcula haber conducido más de 5 millones de km, pasando por una cincuentena de camiones.

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“Enmaquetar” toda una vida profesional está solo al alcance de una persona esmerada, resuelta y un punto romántica, y Santiago del Sol no anda falto de nada de eso.

“Entre mis casas en Madrid y Alicante calculo tener más de 1.000 maquetas, y eso sin contar las de coches Citroën, Seat o Renault, que también gustan muchísimo al personal.

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En mis despachos –se pone serio, sin dejar de perfilar una sonrisa– atesoro recuerdos, fotos y miniaturas. Sé que se comen la pared, pero es mi mundo y es así como me siento a gusto.

Eso sí, el gran reto que se me presenta cada tanto es el de ir ampliando estanterías. Soraya, mi mujer, me dice que si está tan cargado el espacio luce menos la colección, y no le falta razón, pero siempre me acaba apoyando en todo, lo que es para mí muy importante”.

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En su universo de miniaturas cuenta Del Sol con unidades elaboradas por él, algunas efectuadas por amigos y otras provenientes de diversas colecciones, como la que se está haciendo en la actualidad de los modelos Pegaso de Salvat.

Tampoco falta alguna que otra joya inclasificable, como el Pegaso 2180 que le regaló Vicente El chispa, con motivo del nacimiento de Lucas, su primer nieto, ejecutada en madera y con todos los detalles que uno se pueda imaginar.

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La de 1:43 es la escala que nuestro madrileño encuentra más apropiada para apreciar los detalles sin pasarse de tamaño.

Lo más trabajoso admite que es tener que sacar de vez en cuando las maquetas, una a una, y limpiarlas con toda la delicadeza del mundo, para no dañar este espejito aquí o esta visera allá.

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“Paciencia no me falta, pero lo que más envidio de los jóvenes de ahora –reconoce Santiago– es el dominio que tienen de las nuevas tecnologías, lo que me habría venido a mí de maravilla para hacer calcos de los rótulos, las matrículas, etc.

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Bueno, eso… y que con la edad ya te va fallando la vista y el pulso, pero eso es algo que a todo el mundo le llega –ríe–. Lo importante es que la ilusión no decaiga nunca”.

Nuestro protagonista reconoce estar siempre pendiente de si sale al mercado alguna maqueta, sobre todo si la misma corresponde a algún camión que él haya conducido.

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“Soy consciente de que tengo reproducciones que, por haber formado parte de una edición limitada, ahora podrían venderse por mucho dinero, porque lo veo en eBay o Wallapop, pero nunca me he llegado a plantear vender una”.

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