Ramón Fernández, el por todos conocido por Pepe Pótamo, venera a los camiones, sufre por ellos y finalmente los convierte en pura literatura artesanal. Tras el primer trabajo donde nos explicaba su afición por las maquetas Volvo hoy os traemos esta segunda edición, donde podemos ver más ejemplares de su completa colección.
Desde 1993 es profesional del transporte, y 16 de los últimos años lleva una jaula de cerdos. “Con la empresa gerundense Bestiar Serra i Martí hago portes de animales de sábado a jueves. Paso la semana fuera y estoy muy contento con el Volvo FH 500, tuneado y muy chulo, que tengo asignado; pero apara los únicos camiones propios que de momento me llega – bromea Pepe Pótamo -, es para mis maquetas”.
Fernández empezó con camiones a escala 1:24, pero finalmente se inclino por escalas que considera más manejables y que caben en una vitrina convencional.





Como ya apuntamos en la anterior entrega dedicada a este coleccionista, su pincelada personal consiste en dotar de una patina Volvo a todos sus trabajos, cogiendo cualquier bañera, cisterna o caja, de la marca que sea, para acabar añadiéndole una cabina Volvo con la que crear una pieza única.
Es así como en la colección de este barcelonés nos topamos con Volvos como el de Casintra, o Estrella Damm, por citar a algunos de sus preferidos, los cuales no tienen una réplica real, saliendo únicamente de su imaginación y creatividad.



“De las 200 maquetas que tengo, unas 180 son Volvo, y no las podrías encontrar en una tienda. En lo que yo llamo mi laboratorio – continúa – hay veces que estoy trabajando con 3, 4 o 5 maquetas al alimón. Mavi, mi mujer, así como mis dos hijos, no sólo lo comprenden, sino que lo disfrutan. En el mercadillo de maquetas en el que nos solemos reunir en Barcelona el primer domingo de cada mes lo pasamos genial y siempre se aprenden cosas nuevas”.
Este camionero-maquetero, con ese punto de testarudez que él mismo reconoce que preside toda su obra, no se pone límites a la hora de pensar en un número de unidades para su colección.





“Eso me pasa a mí, y yo diría que a casi todos. Con lo que realmente disfrutas es con el proceso, más que con el resultado en sí. Cuando acabas una obra, le haces 4 fotos y la pones en una vitrina. Hasta que no viene alguien y te dice que se la enseñes, o está en la zona donde pasas algún día el plumero o la brocha de maquillaje, no te vuelves a acordar de ella”.
Con su afición, la mente de Pepe Pótamo está en constante movimiento. Cuando observa algo que le gusta, sencillamente, lo ficha.



“Prefiero reproducir camiones que ya existen, pero llevándolos a mi terreno. He hecho algún encargo puntual, pero no es lo mío, ni quiero que lo sea, porque pienso que un hobby es preferible mantenerlo siempre en el terreno del compromiso exclusivo contigo mismo”.





