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Mujeres camioneras en la ruta estadounidense

Machismo. Es la mejor palabra para arrancar el reportaje. Ahí está, expuesta la primera, encabezando el pelotón de vocablos que de aquí al final del texto desfilarán uno tras otro.

Y es la primera porque es la mejor forma, creo, de sacudirse los complejos.

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Los de quienes leen y los de quien escribe. Cuanto antes, mejor. Es cierto: nuestra cultura es tradicionalmente machista y la sombra de esa cruz se extiende sobre cada oficio.

En el mundo del camión, esa sombra es, si cabe, todavía más oscura, aunque, camioneras USApoco a poco, parece aclararse.

El comodín para responder a eso lo encontramos en la siempre odiosa baraja de los tópicos: éste es un oficio físico, salpicado de rudeza, incómodo… explicaciones que, salvo excepciones, siempre nacen -aunque sea inconscientemente- en el machismo.

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Porque lo cierto es que hoy en día ya no es imprescindible ir armado de un buen par de bíceps para desempeñar esta profesión. Rudeza, soledad, nostalgia, competitividad…

A todo eso, tan bien puede adaptarse una mujer como un hombre (y el mundo del camión no es el único que conjuga a la vez todas esas circunstancias). En realidad, basta con tener carácter. Como en casi todo.

En nuestra ruta por EE.UU. comprobamos que ser mujer y camionera provoca, por igual, admiración y recelo.

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Hablamos con ellas: unas, camioneras a tiempo parcial, acompañantes de sus parejas, y otras, auténticas profesionales, exactamente igual que sus homólogos masculinos, aunque con una o varias desventajas extra.

Unas, encantadas con el trato que reciben, y otras, desencantadas con la actitud machista de sus compañeros de carretera. Todas ellas, almas a contracorriente.

Mary Estein vive en Texas, aunque no pisa su modesta casa con jardín desde hace tiempo. Después de media vida dedicada al mundo de la abogacía, una jugarreta del destino la empujó a cambiar radicalmente.

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En tres años perdió a su marido, un hijo y a su padre. Hasta entonces no se había alejado de Dallas más de 500 kilómetros. Era la hora de viajar y ver mundo.

“Hace tres camioneras USAaños que no paro. Ya he estado en 48 estados, y la verdad es que este tipo de vida sólo es posible si no tienes familia, como en mi caso.

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Mi única preocupación es que nadie me corta el césped del jardín, pero tengo compañeras de trabajo que lo pasan mal porque añoran a sus parejas y a sus hijos”.

Mary reconoce que no es muy sociable cuando trabaja; se relaciona poco con los hombres y prefiere mantener esa distancia.

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“Soy de la opinión de que o trabajas o te relacionas. Ambas cosas son imposibles. Prefiero ir a lo mío. Te encuentras hombres que quieren entablar conversación y que buscan algo más… pero un truckstop, créeme, no es el lugar ideal para encontrar un novio”.

Más allá del aspecto sentimental, la relación hombre-mujer está muy desequilibrada y, a menudo, se hace incómoda.

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“Puedes encontrarte tipos que te miran mal simplemente porque eres una mujer, y otros que te ayudan demasiado, se convierten en pesados y excesivamente paternalistas. No me gusta tampoco, y por eso es imprescindible ser directa. Manejar las situaciones con carácter”, reconoce Mary.

camioneras USALa supervivencia de la mujer en un mundo eminentemente masculino pasa, sí o sí, por ese carácter del que nos hablaba nuestra protagonista.

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Y un ejemplo que ilustra perfectamente esa necesidad de mantener el espíritu siempre firme es el caso de Margo Phillips, una camionera de Chicago de la que ya os hablamos hace algunos números.

Entonces, nos contaba Margo que si ser negro en EE. UU. ya era un obstáculo, el hecho de además ser mujer multiplicaba las inconveniencias todavía más.

“Lo que me dicen en la carretera o en algún taller no os lo dirían a vosotros, os lo aseguro”. Pese a ser un mundo frecuentemente hostil, la carretera es su vida, y allí vive.

Exceptuando algunas paradas técnicas en su casa, Margo pasa los meses recorriendo estados, buscando en Internet ofertas de carga, haciendo el transporte, y vuelta a empezar. Es su sustento y la única forma que tiene de seguir pagando el Peterbilt.

“Además, -reconoce- no todo es tan funesto. En la carretera también se viven momentos bonitos, historias de amistad, de esas que te reconfortan y que por un momento te hacen firmar la paz con el género humano.

Yo, por ejemplo, nunca he estado más de cinco minutos parada en el arcén sin que nadie bajara a echarme una mano”.

Mary Robb, otra de las mujeres camioneras que ya han aparecido por estas páginas en meses anteriores, nos asegura que antiguamente la situación era bastante más complicada que en la actualidad.

Ella trabaja como transportista desde el año camioneras USA1990, y las ha visto de todos los colores. “Pese a la libertad que implica el poder viajar de un lado a otro, tú solo, con independencia, no todo es maravilloso para una mujer en la ruta.

En ciertos estados, la cultura es realmente machista. Los hombres piensan que las mujeres sólo deben trabajar en casa y que deben criar a los niños.

Afortunadamente, esa mentalidad conservadora va poco a poco cambiando, y ya puedes ver la diferencia de actitud entre los hombres de mi generación y los jóvenes de 25 años que empiezan en esto”.

Y no sólo ha habido cambios de actitud en los últimos veinte años. Robb os cuenta que la cada vez más frecuente presencia femenina ha ayudado a mejorar también sus condiciones de trabajo: “Antes estábamos obligadas a compartir las duchas en los truckstops, pero ahora ya casi todas ofrecen espacios separados”.

camioneras USAMaría Monjaras es californiana pero de origen mexicano. Hace siete años que maneja “trocas” (como llaman los latinos a los camiones), y desde hace dos duerme cada noche en casa.

“Es una auténtica suerte. Hasta ahora sólo regresaba cada 4 semanas, y sólo durante cinco días. Después, vuelta a empezar. Y eso era durísimo”.

María trabaja en una empresa de juguetería (70 chóferes) donde, además de ella, hay diez camioneras más.

En California, las diferencias en la carretera se van reduciendo de forma más rápida que en el resto del país. En la costa este, por ejemplo, apenas ves mujeres, pero por aquí está lleno”.

Pese a las dificultades, nuestra protagonista reconoce que jamás le han faltado al respeto. Es más, asegura que siempre la han tratado “con cortesía”. Y ella, obviamente, predica con el ejemplo.

“En cuanto tengo oportunidad, me gusta sentarme en los truckstops con otras mujeres, o con parejas que viajan juntos, y compartir una taza de café”.

Matrimonios en una cabina

Una de esas parejas que durante largos períodos comparten su vida en los pocos metros que ofrece una cabina de camión es la formada por Littie River y James Singletary.

Él, profesional del transporte desde hace 25 años; ella, maestra de escuela y conductora ocasional. “Durante los tres meses de verano -nos explica Littie- aprovecho para viajar con él. Para mí es un camioneras USAauténtico gusto.

Si pudiera lo haría todo el año, pero tengo en casa una niña pequeña, de tres añitos, que ahora la cuidan sus dos hermanas mayores”. Littie y James se compenetran a la perfección.

Son conscientes de que en un espacio tan reducido, la organización es vital. “Tenemos un Freightliner porque son, precisamente, muy anchos. Para vivir cómodamente siendo dos en un camión tiene que haber mucho orden”.

Una de las cosas que más valora James es la compañía a la hora de comer. “Cuando voy solo, por ejemplo, desayuno una taza de café y me pongo a trabajar. Con Littie, tanto a primera hora como a mediodía y en la noche, dedicamos más tiempo.

Nos sentamos, comemos tranquilamente, charlamos con otras parejas, y nos tomamos el día de forma más relajada”.

Preguntado por el trato que reciben sus colegas camioneras, James lo tiene claro: “En esta profesión hay gente muy desagradable, pero me pasa a mí también cuando voy solo. Miradas, malos modos… hay que aceptarlo. De todas maneras, te diré que, en general, a las mujeres se les suele tratar mejor que a los hombres”.

Littie se disculpa un momento y aprovecha para ir a llamar a casa. “Echa de menos a sus hijas una barbaridad”, nos explica James con una mueca agridulce.

camioneras USACande no tiene, de momento, el problema de la añoranza de los hijos.

Es de Colima, México, y viaja con su marido, Bulmaro, desde hace ya cinco años. “¿Mucho? ¡No, hombre!”, nos dice Cande.

“Es poco tiempo, ¡ni siquiera nos hemos enojado una sola vez!”. El matrimonio trabaja recorriendo once estados, todos ellos en el oeste del país.

Diez horas de conducción y luego, descanso obligado. “A menudo conduzco yo. Nos turnamos bastante. Y la verdad es que no he notado un trato discriminatorio.

Es cierto que viajar con él es diferente a ser mujer y sola. Pero no creo que los problemas vengan por ahí. Más bien existe un cierto rechazo al latino. En el oeste somos muchos, y por la radio, de vez en cuando, se oyen comentarios peyorativos. Nosotros no hacemos ni caso”.

Bulmaro y Cande aprovechan tres semanas al año para regresar a casa y aparcar el vehículo. Una vida dura, sin duda, pero que tiene fecha de caducidad.

“Nuestra idea es dedicarnos a esto cinco años más y después regresar y abrir un negocio propio. Entonces será el momento de empezar a formar una familia”.

camioneras USALos que todavía no han tenido tiempo de pensar en hijos son los jovencísimos Maryeri di Giorgi (26 años) y Douglas Irwin (27).

Hace sólo una semana que se casaron y ya están trabajando juntos en la carretera.

Ella es latina y él estadounidense. Hablan mediante el inglés rudimentario de Maryeri, porque él prácticamente no entiende español. “Estamos haciendo la ruta New Jersey-California, y luego regresamos”, nos explica la joven.

“En total estaremos unos ocho días”. Douglas hace cuatro años que vive como transportista, pero ésta es la primera vez que Maryeri se embarca en una aventura de este tipo.

“Llevamos cinco días y… la verdad es que no sé si repetiré”, nos cuenta en voz baja y sonriendo. Douglas, que escucha atentamente, no ha entendido nada, pero intuye lo que nos acaba de decir su mujer. “En realidad, creo que es un trabajo muy duro. Una semana puedo aguantarlo, pero varios meses… imposible.

Y tampoco me seduce la idea de quedarme en casa cocinando y teniendo hijos”. Su idea es regresar a New Jersey y apuntarse a una academia para perfeccionar su inglés y poderse dedicar a la abogacía.

“¿Que si será difícil estar semanas separados?”, se pregunta la joven. “Pues supongo que sí. Pero no me asusta”.

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