En Solo Camión siempre nos honra recibir historias de nuestros lectores. Hoy queremos compartir una carta especialmente emotiva, un tributo de amor de uno de vosotros, Moisés Rueda, que ha decidido plasmar el recuerdo de su madre a través de su pasión: la creación de miniaturas de camiones.
Es un relato de dolor, de nostalgia, pero también de esperanza y de cómo el arte y la dedicación pueden ser formas poderosas de homenaje. Creemos que merece ser leído y compartido. Aquí está su historia.
«Hola amigos de Solo Camión.
Con gran tristeza y lágrimas en los ojos, os envío fotos de mi última creación.
Lamentablemente, la persona a quien está dedicada, nos dejó hace poco, mi querida madre.
Daría lo que fuera por que pudiese disfrutar este homenaje aquí conmigo, quiero pensar que desde allá arriba así lo estará haciendo, con su sonrisa eterna.
Ella era la persona más maravillosa del mundo, una mujer valiente, luchadora, trabajadora, que irradiaba alegría con su mera presencia y cuya ausencia es un enorme vacío en los corazones de todos. El mío se fue con ella, y me espera allá arriba a su lado…
Un ser de luz único, que con sólo un gesto o una palabra hacía que hasta el día más gris se transformase en un precioso arcoíris lleno de color. Ahora sin ella todos los días son oscuros y tristes, esa hermosa luz se fue con ella y todo se ha quedado inmerso en la oscuridad.

Madre ejemplar, siempre cuidando y protegiendo a los suyos, inculcando siempre los mejores valores y principios. He intentado plasmar en esta maqueta su espíritu, su coraje, su fuerza, su entrega como madre cuidando y protegiendo siempre a sus cachorros cual mamá leona, defendiéndolos de todo peligro y luchando en todo momento por su bienestar.
Ella era mi todo, mi amiga, mi confidente, mi apoyo incondicional, ese hombro que siempre estaba ahí arropando y cuidando a los suyos, esa mano que siempre hacía que te levantaras cuando te caías al suelo. Era la calma tras la tormenta, las fuerzas en el cansancio, ese plus de energía que siempre impedía la rendición y te animaba a intentarlo de nuevo con más fuerza. Con su ausencia las tormentas son constantes y cada caída es más dura…
Ella me enseño muchísimas cosas, excepto a tener que vivir y afrontar la vida sin ella. Se la llevaron al Cielo y con ella se fue todo lo que hacía bonita la vida. Cuánto extraño sus sabios consejos y esa manera tan única que siempre tenía de hacerme ver la parte buena de todo. Tener que seguir adelante sin ella es demasiado duro y doloroso.



La vida muchas veces es demasiado cruel e injusta, llevándose a las personas que amamos demasiado pronto, y dejándonos un vacío inmenso que es imposible volver a llenar. A mi amada madre me la robaron y se la llevaron al Cielo y ahora es la estrella más brillante del firmamento, esa que busco cada noche con la esperanza de oír de nuevo su voz…
Espero que desde ahí arriba me siga cuidando, guiando y ayudando como siempre hizo, y me mande fuerzas para poder seguir adelante, porque su ausencia es extremadamente triste y dolorosa, y cada día es más complicado seguir adelante sin ella…
He intentado que quedase lo mejor posible, y creo que en mayor o menor medida así ha sido.

No quisiera despedir esta carta sin agradecerle a mi gran amigo Roque García, maestro de maestros y unas de las mejores manos de este mundillo de las miniaturas, por todos sus consejos, asesoramiento, enseñanzas y trucos aportados para lograr un buen resultado, aunque siempre se puede mejorar.
Sus extensos conocimientos y experiencia en la materia han supuesto una gran ayuda para conseguir un resultado decente…
Desde aquí mandar un beso enorme al cielo a mi querida madre, que espero esté sonriendo viendo este pequeño homenaje. Siempre en mi corazón, brillando desde el cielo».
Moisés García Rueda





