Tuneados con gusto exquisito, moran en estos camiones, las parejas Carmen-Ladis (DAF XF 510) y Emi-José (Scania R580). Ambas trabajaban por separado en sendas cooperativas, hasta que decidieron constituir su propia empresa, Trans Grandson.

Con ella comenzaron a hacer ruta internacional por prácticamente toda Europa (Alemania, Holanda, Suecia, Bélgica, Dinamarca, Chequia, Portugal, Italia, etc.), hasta que en FERCAM transportes, empresa con sede en la barcelonesa Castellbisball, encontraron acomodo haciendo dos rutas semanales para las sedes de la multinacional IKEA en ciudades como A Coruña, Oviedo, Sevilla, Jerez o Murcia, donde los descargan por la noche y les dan viaje de retorno hacia la capital catalana con harina, aceite, cobre, palets o cualquier otra cosa.
Las rutas de Trans Grandson suelen ser sota, caballo y rey: salir el domingo a la mañana y llegar el martes, para volver a salir ese mismo martes y retornar el jueves de madrugada.
Sus días de descanso son el viernes y el sábado; tiempo que cada cual emplea en su cometido, ya sea poner al día los papeles de la empresa, hacerle el mantenimiento a los camiones, enchufar lavadoras y, sobre todo, ver a la familia y juntarse con los amigos, muchos de los cuales no quisieron perderse por nada del mundo el estar presentes en la elaboración de este reportaje.
Los casos de ambas parejas parten de puntos distintos, pero ahora convergen en uno del que ya no tienen intención alguna de moverse, porque en FERCAM aseguran encontrarse como en su casa, a pesar de recibir ofertas de otros lados.

El más experto del oficio es José Villar, que empezó con 21 años a manejar el volante de un camión, y lleva ya 30 años (y lo que te rondaré) sin soltarlo.
Su mujer, Emi Nieto, se sacó el permiso hace 10. “Pasábamos mucho tiempo separados, y me propuse que a esto había que ponerle remedio. Me lo pensé mucho –prosigue Emi–.
Mis hijos Mónica, Javier y Marta ya tenían 27, 24 y 14 años, pero todos me animaron a ello, y la verdad es que si de verdad quería ser profesional del transporte, no podía pensármelo demasiado, pues ya tenía 48 años.
Me saqué el permiso con solvencia y al poco ya nos encontrábamos José y yo haciendo ruta internacional. Para ambos es un privilegio poder estar siempre juntos, aunque reconozco que ahora me cuesta un poco más, porque echo mucho de menos a mi nieta María, que tiene solo dos añitos. ¡Qué se le va a hacer! Todo no se puede tener en esta vida”.
El caso de Carmen Nieto y Ladis Fernández va por otros derroteros. Ambos trabajaban en una empresa de seguridad, pero cuando la crisis asomó la zanca y empezó la reducción de personal y la bajada de sueldos, se decidieron (convencidos por un, inasequible al desaliento, José Villar) a comprar su primer DAF XF 510, nuevo, y embarcarse directamente en la ruta internacional.

Carmen, toda una crack, se sacó el carnet, el CAP y el título de transportista de una tacada, así que, aunque en Trans Grandson los cuatro están asociados al 25 %, ella es la que aporta la titulación de la empresa, cuando por suerte cambió la ley que obligaba a poseer tres camiones con menos de seis meses para conformar tu propia sociedad. Tanto ella como Emi, que para quien no lo sepa aún son hermanas, rezan como administradoras de Trans Grandson.
En la casa de Carmen y Ladis cuentan con una muy cuca oficina casera, desde la que este último lleva todas las cuentas y gestiones pertinentes, tanto de pareja como de empresa (facturas, IVA, autónomos…), y se lo entrega todo a la gestoría prácticamente mascado.
“Conducimos cuatro horas y media cada uno y descansamos las nueve pertinentes. Si estamos en España –continúa Carmen, o Carmela, como también le llaman algunos–, comemos o cenamos en restaurante, según nos pille, porque aquí te lo puedes permitir. En Europa preferíamos ir de fiambrera”.
En marzo de 2017 hará tres años que los cuatro decidieron conformar su propia empresa, a la que denominaron Trans Grandson (“grandson” significa ‘nieto’ en inglés, apellido de Emi y Carmen). Lo normal es que lleven lona con IKEA, aunque a veces cargan frigos para Algeciras, que dejan en la base, y que luego van para Marruecos.
“Raramente nos pasa que tengamos que esperar una carga, pero como Ladis y yo no tenemos hijos –afirma una siempre sonriente Carmen–, nuestra familia viaja siempre entera en el camión, así que si nos da por pasar un fin de semana en Marbella o cualquier otro sitio que nos apetezca, ahí nos quedamos”.

“No es que se vean muchos en España –es ahora Ladis quien toma la palabra–, pero cada vez se van dando más, al igual en otras partes de Europa. No obstante, en Alemania y Francia, como pasa con casi todo, se sitúan a otro nivel.
Ahí las mujeres tienen ducha propia y, aunque haya que pagar 2 o 3 euros, se agradece mucho el que las mujeres no tengan que compartir espacio con los hombres”.
Sobre el hecho de que dos mujeres como Carmen y Emi lleven un camión, nuestras protagonistas no eluden la evidencia de que a veces se encuentran miradas cargadas de un soterrado machismo, que aún es difícil de extraer de este oficio, aunque reconocen que nunca nadie les ha provocado verbalmente por ello, y que encuentran más comprensión en ese aspecto entre los profesionales del transporte más jóvenes.

El tuneado de estos DAF y Scania, recién salidos de fábrica, es el resultado de una amalgama de ideas surgidas de decorados vistos en carreteras y concentraciones, y que plasmados al gusto de su imaginación, hacen que los suyos se conviertan en camiones únicos. “Luces, barras y otros extras son de un diseño especial, que muchas veces solo aprecian los entendidos.
Cuando aparcamos en una gasolinera por la noche –continúa Ladis–, si las luces están puestas, siempre se hace un corrillo alrededor de los camiones, y es que además en los laterales traseros de mi DAF unas luces simulan que vierten fuego”.
Al calor de nuestro reportaje para Solo Camión, y fruto incuestionable del entusiasmo que contagian este par de matrimonios, han acudido hijos, cónyuges y nietos; compañeros de profesión como Víctor Tardío o Paco Piñar, e incluso el jefe de tráfico de FERCAM, Óscar Verdejo, también amigo de la familia.
Una excelsa paella en casa de Carmen y Ladis pone la rúbrica perfecta a una jornada dominical cargada de plenitud. Allí aprovechamos también el rato para hablar, “off the record”, con mis compañeros de comensalía, sobre las íntegras personalidades de los cuatro espíritus ruteros que protagonizan nuestro reportaje.

Tal vez el más explícito de ellos sea Óscar Verdejo, que entró hace 10 años en FERCAM, para ejercer como jefe de tráfico de la firma, así que con sus palabras, ilustradas con una jugosa anécdota, hemos tenido a bien acabar nuestro relato:
“Yo empecé conociendo a José Villar y a su mujer, pero cuando ya se integraron en FERCAM Ladis y Carmen, conformamos una gran familia, y la prueba más palpable es que mi hijo Marc, que no tiene abuelos, les llama yayis a estos últimos.
No hay fin de semana en el que al menos no cenemos una noche. Eso sí –y aquí es donde Verdejo se pone serio–, a la hora de asignar viajes no hay privilegios, y ellos no solo lo saben, sino que les parece de justicia y no aceptarían que fuera de otra manera.
Como personas son excelentes, pero como profesionales no tengo palabras para definirlos. Salen cincuenta semanas al año y no han fallado jamás.
A modo de anécdota contaré que un día me vino un chófer de FERCAM y me dijo: ‘Óscar, se me ha roto el amortiguador de la cabina y el lunes llevaré al taller el camión. Ya te diré cuándo me lo tendrán arreglado’.
Al poco rato –continúa Verdejo–, apareció José con la cabina tuerta y me suelta: ‘Se me ha roto el amortiguador de la cabina y en la Scania ya me están esperando. Tú prepáranos el viaje, que nosotros el domingo nos vamos’. Así son José y compañía. Trabajar con ellos es garantía, responsabilidad y placer, a partes iguales”.























