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Los camiones en el Dakar

«Si no paras, un cubata»

DSC_0565Pasan las jornadas en el desierto y la carrera se vuelve cada vez más “africana”. El recorrido se hace duro, con mucha piedra, arena, polvo y hasta dunas. En Turkmenistán, las pendientes se asemejan a las de Mauritania, poniendo en aprietos a más de un coche, y no digamos a los camiones menos experimentados. En las zonas llanas, las pistas se convierten en auténticos laberintos, con variaciones de rumbo cada 200 metros. Con este panorama, la labor de los copilotos es vital.

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Hablamos con Óscar Matons y Josep Bertran, copilotos de Adua y Oliveras, respectivamente. Su rostro refleja puro agotamiento. Todavía no se han quitado los monos. Óscar se queja del cuello. Al contrario que Bertran, él suele prescindir del collarín, porque así le es más fácil asomarse por la ventana para hacer comprobaciones en las ruedas. “Y aunque lo lleves -asegura Bertran- cuando eres el encargado del road-book sufres algo más que el resto. Nos pasamos la mayor parte del tiempo con la mirada en el cuaderno y echando vistazos rápidos por el parabrisas en busca de referencias. De repente nos comemos una brecha en el camino y somos los últimos en enterarnos”. Óscar sonríe y asiente: “No podemos anticiparnos a los golpes. Cuando oigo “¡cuidado!”, encojo el cuello, cierro los ojos y espero el impacto”.

José RosalesA José Rosales también le duele el cuerpo de tanto traqueteo, pero ya está tirado debajo del camión en busca de daños ocultos: “Ha ido bien. Al menos no se nos ha roto nada, ¡que ya es mucho!”. El camión de Oliveras no ha tenido que parar ni una vez durante la etapa de hoy. Todo un respiro. José Antonio nos desvela el secreto: “En realidad, David no ha parado porque yo le voy diciendo que si sigue sin frenar, en la meta ¡le invito a un cubata!”.

En el vivac de Epsilon reina el buen humor. Ya han hecho las reparaciones pertinentes y hoy toca descorchar un buen vino tinto y dedicarse en cuerpo y alma a un par de botes de caviar que alguien ha sacado de no se sabe dónde.

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David enciende por enésima vez su puro. Habla con Emilio Bosser sobre la etapa de mañana, la penúltima. Los mecánicos y copilotos charlan entre risas mientras algunos aprovechan para intercambiarse cigarrillos. Jo Adua se siente satisfecho. Los hombres en los que ha confiado para que su aventura por Asia fuera un éxito han respondido a la perfección, demostrando una vez más que son unos guardaespaldas de lujo.

Sólo queda dar gracias, en nombre de la revista, a todos los miembros del equipo Epsilon por su amabilidad y buen trato durante todo el rally. Os deseamos mucha suerte en Argentina, muchachos.

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