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Los camiones en el Dakar

guardianes del desiertoEn pleno secarral turkmeno, David Oliveras, su copiloto y el mecánico de abordo se topan con un camión varado. Faltan menos de 100 kilómetros para la meta, pero toca levantar el pie del acelerador y echar un cable. Son, literalmente, los ángeles de la guarda de los participantes del Silk Way, un rally que atraviesa parte de Rusia, Kazahkstán y Turkmenistán.

El equipo catalán Epsilon Team lleva más de dos décadas siguiendo las pisadas de los potentes camiones de carreras por pistas imposibles. Sufren como el que más, pero no aspiran al triunfo. Su objetivo es otro: aliviar a los pilotos en apuros.

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Falta poco para que termine una nueva etapa del Silk Way. Estamos a sólo dos días de la meta final, Ashgabat, la capital de Turkmenistán, pero de momento ni rastro de la civilización. Sólo tierra, polvo y pistas traicioneras. El Mercedes-Benz de David Oliveras, que atraviesa el desierto a más de 100 km por hora, frena en seco y se detiene delante de un camión semihundido en una cuneta. Casualidades de la vida: el piloto en apuros es también español, así que no hará falta chapurrear ni francés ni inglés.

A (79)Con ayuda de una eslinga, Oliveras, su copiloto, Pep Bertran, y el mecánico, José Antonio Rosales, consiguen rescatar al náufrago y ponerle de nuevo en circulación. Después se suben a la cabina y siguen su rumbo, con la atención repartida a partes iguales entre las indicaciones del libro de ruta y las señales del horizonte, donde los ojos expertos del piloto buscan el camino sin olvidarse de que quizás haya más vehículos con problemas.

David OliverasDavid Oliveras y su equipo Epsilon llevan más de veinte años haciendo asistencia en rallys de toda índole, incluyendo -cómo no- el Dakar, competición que conocen al dedillo. No en vano, son el equipo deportivo español que más veces lo ha corrido (15 en total). Precisamente, para preparar esa gran cita anual, que arrancará en poco más de 30 días, los chicos de Epsilon viajaron hasta Asia Central para correr la primera edición del Silk Way -perteneciente a las Dakar Series– como vehículo de asistencia rápida.

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De hecho, el 6×6 de los catalanes fue el único vehículo de ayuda en carrera. El resto de los camiones y coches de asistencia de los equipos participantes viajaba por rutas paralelas al trazado de competición, mucho menos exigentes tanto para la mecánica como para el físico. Los únicos con autorización para echar una mano in situ eran ellos: Oliveras, sus dos compañeros de cabina y un MB cargado hasta arriba de recambios. Sin embargo, en la retaguardia, Epsilon contaba con toda una plantilla de expertos mecánicos, un jefe de equipo y dos camiones más de apoyo logístico. Durante el Silk Way, Solo Camión tuvo la oportunidad de vivir el día a día dentro de esta peculiar familia.

Expedición numerosa

IMG_6364Nuestro primer encuentro con David Oliveras, máximo responsable de Epsilon, además del piloto del vehículo de asistencia rápida, tiene lugar en el hotel de Kazán (Rusia), donde la organización del rally lleva a cabo todo el papeleo de las inscripciones, tanto para prensa como para participantes. La primera planta del edificio está tomada por los miembros de la organización, que se afanan en tomar fotografías, sellar seguros, anotar números de pasaporte e introducir en ordenadores grupos sanguíneos, teléfonos de contacto y otros datos útiles en caso de emergencia. Faltan menos de 24 horas para que la caravana del Silk Way parta rumbo a Turkmenistán, pero ahora toca la siempre eterna burocracia.

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Emilio BosserEntre tanto ir y venir de gente, nos topamos, por fin, con el responsable del equipo que nos ha invitado a viajar con él. David Oliveras -y su sempiterno puro- pasea aparentemente tranquilo por el hall del hotel. Le acompañan algunos miembros de Epsilon, entre ellos el team manager del equipo, Emilio Bosser -un veterano del mundo del rally, con más de 22 participaciones en el Dakar a sus espaldas-, al que se le acumula el trabajo entre tanto papeleo. Y no es de extrañar. El grupo está formado por 15 personas entre pilotos, copilotos, mecánicos y ayudantes, y tres camiones, el 6×6 de Oliveras -dentro de la categoría de competición- y dos MB 8×8 de logística. Un amplio despliegue humano y mecánico que sólo para llegar aquí ya ha recorrido cerca de 5.000 kilómetros. No obstante, pese al sacrificio, y por contradictorio que parezca, el Epsilon Team no está aquí para ganar.

Nosotros nos debemos a nuestro cliente”, nos explica Bosser mientras le acompañamos de mostrador en mostrador. Ese cliente no es otro que el francés Jo Adua, que desde hace cinco años contrata los servicios del equipo español, tanto para prepararle el vehículo como para darle asistencia en carrera. “Jo compite con un DAF 4×4 muy bien preparado y además le acompañan cuatro Toyota Land Cruiser de amigos y familiares. Así que en total podemos decir que la expedición está formada por más de 30 personas. La verdad es que no solemos dar asistencia exclusiva a un solo cliente -confiesa Bosser-, pero Adua está probando el camión y quería un respaldo completo”. Hacemos números de cabeza: nos salen unas 30 toneladas de material logístico y de asistencia. El respaldo parece que está asegurado, ¿no? “Claro -sonríe Bosser-, pero esto no es nada. En el Dakar llevamos 10 camiones.”

IMG_7053Pese a que el objetivo primordial de Oliveras es cubrirle las espaldas a su cliente durante la carrera, la curiosidad nos puede y le preguntamos al piloto si cabe la posibilidad de que su camión termine disputando puestos de importancia en la clasificación general. “Mientras que no tenga que pararme a ayudar, intento ir lo más rápido posible”, nos dice Oliveras. “Compito contra los Kamaz, contra De Rooy, etcétera. Pero, siendo realistas -sonríe y se saca el puro de la boca-, nuestro vehículo no ha sido diseñado para plantarles cara a esos bólidos”. Empezando por el peso. El 6×6 de Epsilon arrastra cerca de 16 toneladas, casi el doble que el vehículo de los favoritos al triunfo. Y a eso hay que sumarle, primero, la potencia del motor -350 CV-, muy por debajo de los más de 800 que puede erogar un Kamaz ruso; segundo, el hecho de contar con un eje más, y tercero, unas suspensiones muy inferiores tecnológicamente a las de los auténticos camiones de competición. “Ya ves. Sería un milagro”.

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