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Los camiones en el Dakar

Hora de tiznarse la cara

A (156)Un día después de nuestro primer encuentro, arranca el rally. Por delante, ocho etapas, 4.352 kilómetros hasta Ashgabat, y jornadas maratonianas en las que el desierto primero y luego, por la noche, la puesta a punto de los vehículos harán que el cansancio se vaya acumulando poco a poco en forma de dolor de espalda, pinchazos en las cervicales y alguna que otra jaqueca.

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En Bougurouslan, primer vivac en el desierto, visitamos por primera vez el campamento del equipo español. La tarde muere lentamente y Oliveras saborea las vistas en compañía de otro de sus puros. “La cosa ha ido bastante bien. Hemos terminado en el puesto 14º, y los Kamaz no nos han superado hasta el kilómetro 90. Eso significa que vamos bastante rápido”. Está con ganas, contento con la etapa, pero no esconde sus preocupaciones: “Pronto vamos a empezar a sufrir. La asistencia rápida es lo que nos da ingresos, pero cansa una barbaridad. A mí lo que realmente me apasiona es la carrera, pero aquí estamos para asistir. El hecho de tener que hacer paradas cortas para ayudar te rompe el ritmo por completo. Luego tienes que volver a arrancar, volver a enchufarte a la carrera, y quizás volver a parar a los 30 minutos. Es muy sacrificado. Con decirte que en el Dakar hemos llegado a la meta con hasta dos días de retraso por haber estado sacando vehículos de la arena”.

A (171)Las condiciones que rodean cualquier desierto son, muchas veces, imprevisibles. Es por ello por lo que el Mercedes del catalán -el único camión que hace asistencia en ruta en esta Silk Way– está muy cotizado dentro de la carrera. “La gente de Volkswagen acaba de pedirme si podemos darles asistencia también a sus vehículos”. Buena noticia.

Mientras Oliveras se refresca, varios mecánicos se arremolinan alrededor del camión de Adua. El cliente tiene un problema grave en los retenes para el sistema de inflado de una de las ruedas. “Hemos perdido una media hora para cambiar un neumático”, nos cuenta Óscar Matons, el copiloto del galo y miembro de Epsilon. “Nos ha reventado por el calor y se ha roto un aro”. Marc Torres, el mecánico que viaja a bordo de camión, va a tener trabajo esta noche. Por lo demás, Óscar se muestra contento con cómo ha ido la etapa: “El route book era bastante preciso. La pista es muy rápida, con muchos tramos a 150 km/h, y alguna que otra zona con brechas, muy traicioneras”.

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Aquí cada uno arrima el hombro en lo que puede. Hay que encender luces, mover herramientas, seleccionar repuestos, limpiar los vehículos, buscar desperfectos ocultos… Así que al menos durante las dos próximas horas en el campamento casi nadie va a quitarse el mono de faena. Tienen las caras manchadas de arena y sudor, pero sonríen pese a todo. El buen ambiente de esta familia parece que es su herramienta más preciada.

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