El pueblo de Carballo, a 40 km de A Coruña, es uno de esos lugares tranquilos donde la vida va pasando sin aspavientos ni excesivo ruido. Los vecinos se llaman por el nombre de pila y todos se conocen.
En una de las carreteras que se apartan de la vía general que atraviesa el pueblo vive nuestro protagonista: Francisco Varela.
Su
casa comparte patio con el almacén de material de construcción que fundó su padre hace casi 40 años.
Francisco Varela padre murió cuando el pequeño Fran tenía apenas 14 años, y además del negocio familiar le dejó en herencia una pasión irrefrenable por todo lo que tuviera que ver con los vehículos de transporte.
De buena cuenta de ese sentimiento camionero ya dimos parte hace unos cuantos números, cuando Fran nos enseñó un Comet restaurado.
En cuanto tuvo edad para conducir, tomó las riendas del almacén, se sentó a la rueda y empezó a distribuir ladrillo, cemento y arena por toda la comarca, lo mismo que su padre estuvo haciendo durante décadas. Y aquí sigue.
Preocupado por el bajón que ha experimentado el negocio, con muchas más preocupaciones que antaño, pero con la misma felicidad que cuando era un chaval.
“Yo no voy amargado a trabajar. Hay días que acabas más cansado o enfadado por algún tema concreto, pero me meto en la cama y al día siguiente vuelvo a empezar contento”.
A sus 35 años, Fran compagina las tareas de transporte de material de construcción con las de transporte de productos textiles. Para ambas faenas suele usar un Renault Premium de 400 CV de potencia que adquirió hace aproximadamente 6 años de segunda mano.
Antes manejó un Magnum, un Volvo F12 y hasta un Pegaso 4 ejes de su padre. Cuando toca mover paneles de hormigón, Fran engancha una plataforma propia; y cuando tiene que mover productos textiles, trabaja al enganche.
La actividad principal sigue siendo el ladrillo, el cemento, las viguetas, etc. Y Carballo es el centro de operaciones.
El patio que conecta la casa familiar con el almacén de los materiales -donde además está la oficina de Fran- sirve de zona de aparcamiento de los vehículos de la empresa: un Volvo FL7, un Renault Premium, el Pegaso Comet restaurado y un veterano Renault Mascott. Mires por donde mires, el almacén rezuma transporte y construcción.
Nuestro protagonista trabaja desde hace años para la empresa Forjados El Progreso. La fábrica se encuentra en la localidad de Buño, a pocos kilómetros de Carballo.
El padre de Fran ya trabajaba para la familia Bastón (el fundador es Eugenio) y hoy continúa la relación profesional y de amistad con el hijo, Víctor Bastón.
En sus instalaciones se elaboran productos de construcción, principalmente forjados, y Francisco se encarga del transporte hasta el punto de obra.
“Lo normal es viajar por la comunidad”, explica. “Ahora, por ejemplo, estoy llevando placas de hormigón en la plataforma hasta el puerto de Ferrol, para construir unas naves”.
La empresa de forjados cuenta con una pequeña flota de cinco vehículos, pero en otra época -explica Fran- llegaron a tener hasta 15 camiones. La jornada
arranca a primera hora de la mañana. A las 8.00 h empieza la carga de las placas y una hora después sale rumbo a Ferrol. En poco más de dos horas ya está en el destino y toca descargar.
“Me bajan el material con las grúas y en una hora ya puedo empezar el regreso. Lo normal es que para las 14.00 h ya esté en casa y que por la tarde haga otro viaje más”.
Fran intenta combinar ese viaje de retorno con algún transporte de material de construcción para su negocio, ya sean sacos de cemento o ladrillos. “Se trata de amortizar los kilómetros”, dice con un tono de resignación.
Además del Premium, nuestro entrevistado cuenta con un veterano Volvo FL7 que hace las veces de comodín. ”Con éste no ando ya por ruta, pero aprovecho que lleva grúa para hacer algún servicio por aquí cerca o para cargar en la fábrica material para mí”.
Hace aproximadamente seis años que el grueso del trabajo se lleva a cabo con el Renault. El vehículo vino de una petrolera de A Coruña y antes de empezar la faena se hicieron algunos ajustes. “Traía la cabina corta y necesitaba meterle litera, así que le montamos una cabina nueva más grande. Aparte de eso, nada más”.
Los 400 CV de potencia son más que suficientes para la faena de este transportista. ”No vale para hacer carreras”, dice Fran entre risas, “pero arrastro 27 toneladas sin problemas y el consumo es bueno”.
Camionero desde la cuna
Francisco aún recuerda cuando era un niño y le decía a su madre: “Si vas al pueblo, no te olvides de compararme el Mundo Camión”.
El patio del almacén del negocio de Fran es el mismo en el que nuestro protagonista aprendió a gatear, caminar y andar en bici.
Esto ha sido siempre un ir y venir de vehículos de transporte. Y cuando alguien mama de pequeño este mundillo, es fácil que acabe volviéndose un apasionado de los camiones.
“Cuando venía del cole me montaba con mi padre en el viejo Volvo y viajaba con él toda la tarde. Yo era el encargado de manejar la grúa. Te hablo de hace 21 años, cuando el FL7 era una auténtica novedad por aquí.
Había muchos Pegaso y algunos Mercedes, pero Volvo no se veía nada ¡y con pluma menos! Aquello fue una auténtica novedad. Y yo me tiré un mes trabajando cada tarde con la grúa”. Fran esboza una sonrisa melancólica mientras recuerda aquella época.
Pese a que el camión ha sido su vida desde que era un renacuajo, también reconoce que las cosas, para bien y para mal, han cambiado mucho en las últimas décadas. “Recuerdo en la época del Comet que la gente era mucho más amable”, cuenta
Fran.
“Y la forma de trabajar era, en general, menos estresada que ahora. Antes, quizás, la faena era más sacrificada físicamente, porque también se echaban horas, pero te ibas a dormir con la cabeza relajada. Ahora no. Antes al menos se dormía, ahora cuesta”.
Nuestro amigo carballés nos dice que en Galicia el bajón del sector de la construcción ha llegado tarde (hace dos años, pero que ha sido del 90 %).”Por suerte aún se hacen trabajos. Pequeños, eso sí. Una cubierta, un baño, un tejado ese tipo de obras”.
La gran suerte de Fran, además de que aún conserva a buena parte de sus clientes de antaño y que mantiene la confianza de la fábrica de los Bastón, es que ama este mundo. “Eso siempre. Y me siento un privilegiado. Yo siempre digo que si estás contento con lo que haces, ya tienes el 60 % del trabajo del día hecho”.























