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Enrique Sánchez, la recogida de la almendra

En la actualidad, en la comarca de Hellín el cultivo por excelencia es la almendra, debido al terreno pobre y a la escasa lluvia durante el año.

Antiguamente, era la uva, junto con los albaricoques, que ganaban terreno al fruto seco, pero las dificultades en la recolección y las pocas ayudas comunitarias al respecto han jugado a favor de la almendra. Enrique Sánchez o el del Puerto, como todos le llaman en la albaceteña Tobarra, desciende de una larga saga de agricultores.

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Se estableció en esta pequeña localidad tras casarse con el amor de su vida y aquí inició el cultivo de las aAlmendra Avia Tobarralmendras, a pesar de que su familia cultivaba cereales por aquel entonces.

Llegó de una aldea colindante, Puerto de la Alforja, y de ahí salió su mote.

Ahora en Tobarra cuenta con 60 hectáreas, en su mayoría de almendros y unas pocas de albaricoques, que a corto plazo convertirá en almendra también. La recolecta del terreno la realiza él mismo junto con una o dos personas más según se tercie la temporada.

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Para ello cuenta con la máquina de recolección en forma de paraguas, la cosechadora con una tolva de fabricación propia y su fiel Avia 3500, que adquirió hace nada menos que 32 abriles.

Con orgullo, Enrique nos cuenta: “Lo compré en Madrid nuevo en la primavera del 77 y lo carrozaron como volquete. Era de los primeros modelos del fabricante con cinco marchas”.

El fabricante era Aeronáutica Industrial, S.A., que por aquellos tiempos ya pertenecía al grupo de Motor  Ibérica, actualmente Nissan.

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Para el del Puerto, aunque conserva el Avia como arraigo a sus comienzos, mucho ha cambiado el sector de la agricultura a su modo de ver. “Antes se formaban cuadrillas de 30 ó 40 personas para recoger los frutos, ahora todo es mecánico, y menos mal”, nos confiesa Enrique, porque si recogieran las Almendra Avia Tobarraalmendras a mano seguramente desaparecería este tipo de cultivo, como está pasando con el albaricoque, cuya recolecta, además de ser manual, se realiza con guante.

Por el contrario, Enrique, para maximizar sus recursos en la recolección de las tres clases de almendra que cultiva: marcona, largueta y mollar, ingenió una tolva de fabricación propia que arrastra una cosechadora para mecanizar al máximo todo el proceso y que le cuadren los números cuando subasta las almendras en el mercado.

En cada tolvada que descarga en el camión van unos 2.800 kg de producto y a lo largo de una jornada puede recoger entre 6.000 y 7.000 kg de frutos secos.

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Para él es fundamental reducir los costes en la recolección para que la temporada salga a cuenta, puesto que el precio de mercado no lo imponen los agricultores, sino los intermediarios.

Almendra Avia TobarraLa marcona es la almendra de forma redonda y la más apreciada en el mercado; el kilo de pepita puede llegar a los cinco euros.

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La largueta también sale al mercado y se emplea para la polinización; su precio de mercado oscila en torno al euro y medio el kilo.

Así pues, en los campos de Enrique las hileras de almendros se suceden en líneas alternas con marcota y largueta. La tercera variedad, la almendra mollar, se planta aparte, y su recolección es manual, así que en varias ocasiones son las urracas y otras aves, o una vez caídas del árbol los roedores, las que hacen acopio de una gran destreza al pelar este tipo de almendra sin necesidad de mazo alguno para extraer su fruto.

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Aunque es la variedad de almendra de la que se obtendría más rendimiento en su venta por tener menos cáscara, al recogerse mano pierde dicho margen, así que cualquiera que esté autorizado por Enrique puede pasar algunas horas recogiendo para su consumo esta variedad de almendras sin cáscara dura.

Así se conoce este tipo de cultivo en el mundo de la agricultura, cultivo de refugio. Mientras que en abril dejó de recoger entre 300.000 y 400.000 kg de Almendra Avia Tobarraalbaricoques a causa del bajo precio en el mercado, la almendra puede recogerse y esperar a que suba el precio, puesto que puede almacenarse hasta dos años y esperar tiempos mejores para su venta.

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“El albaricoque se ha de recoger manualmente con guante blanco y vender rápidamente”.

Enrique comenta que la extorsión en los bajos precios del mercado y la falta de ayudas y subvenciones se están cargando este tipo de cultivo de árboles frutales.

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Por el contrario, “la almendra cuenta con el apoyo de ayudas comunitarias y sólo con ese importe ya se cultiva; luego, si hay buena cosecha, como en esta temporada, mejor que  mejor”.

Por este motivo, los árboles frutales que todavía le quedan los irá convirtiendo en almendros a corto plazo, puesto que no quiere encontrarse otro año más como en el pasado abril, cuando tuvo que dejar perder toda la cosecha de albaricoques.

Del secadero al mercado

Almendra Avia TobarraUna vez recogidas las almendras se trasladan al secadero, donde, si el tiempo es propicio y seco, permanecerán unos tres días para proceder a ser almacenadas.

Este tipo de fruto seco puede almacenarse hasta dos años por el aceite que contienen.

Sin embargo, se suceden varias revisiones durante su almacenamiento, puesto que las que se secan demasiado oscurecen y quedan ennegrecidas, lo que hace disminuir el precio del lote.

Las que no llegan al control de calidad de Enrique se venden como “comuna”, y se mezclan las tres clases de almendra y se comercializan como un único lote.

Es lógico que los agricultores tiendan a la recolección mecanizada, pero Enrique Sánchez va un paso más allá al ingeniárselas para fabricar artilugios para sacar el máximo rendimiento de sus vehículos y recursos.

Colección de lujo

Almendra Avia TobarraEnrique, además de contar con su viejo compañero Avia, se hizo con dos Citroën 11 Ligero que ha restaurado él mismo. Ambos los adquirió en Carcassonne en pésimas condiciones.

Uno era el “Maleta” del año 52 y otro sin maleta del 48. Este último, en peor estado, lo compró para obtener recambios, pero una vez que llegó a Tobarra, acabó restaurándolos los dos, o como él mismo bien dice, les dio vida.

Dos reliquias que a convertido en joyas a las que cuida y mima con esmero.

A cambio le ofrecen retos, aventuras y anécdotas en sus excursiones al volante de estos clásicos, como en la última ruta que ha realizado por Cantabria, en la que con una camisa reparó la fuga de uno de los manguitos.

O como tener siempre a mano un martillo, como hiciera, probablemente, André Citroën en su día, para poner en marcha el vehículo y poder desatrancar la boya del carburador, al recrear la ruta del Pernales, conocido bandolero de la serranía del Segura.

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