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En la soledad e intimidad de un camionero

Las estadísticas indican que el 72% de los camioneros españoles tienen más de 50 años y que pasan de media ocho días al mes con sus familias. Nos embarcamos con Esteban y Raúl para conocer cómo es su día a día.

Son las 20 horas, llegamos a un polígono industrial ubicado a las afueras de Hostalric, un pequeño municipio de la provincia de Girona. Nos encontramos con Esteban Adan, camionero principalmente de rutas nacionales. Está enfadado, no tarda en comentar que se ha visto obligado a estacionar en el polígono debido a que no había sitio en ningún área de servicio y además la noche anterior le pusieron una multa de tráfico de un importe de 90 €, debido a que pernoctó en un carril de aceleración en la salida de una gasolinera. A pesar de no tener más tiempo en el tacógrafo, le obligaban a abandonar el lugar.

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Pasan las horas y Esteban se resiste a subir al camión, se sincera y reconoce que ha engordado unos 15 kg desde que comenzó a trabajar de camionero. Se lamenta por no aprovechar las horas de descanso en dar una vuelta y así evitar acomodarse en el camión. Son casi las 23 horas y con la única luz de las farolas del polígono, decide subirse a la cabina y prepararse para descansar. El teléfono resulta ser su única distracción, antes de dormirse definitivamente hasta las 8h de la mañana siguiente.

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Sin confirmación sobre cuál será su próximo destino, se dispone a desayunar. Tiene 30 años, en este sector lo consideran de los jóvenes, ya que el 72% de los trabajadores del gremio son personas mayores de 50. Empezó de manera apasionada, pero que cada año le pesa más. Se termina el café y el último cigarro antes de subirse al camión de camino, esta vez, a Vic. Apenas una hora de viaje para cargar unas 40 toneladas de cobre.

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Sobre las 11 horas, notifica su llegada en recepción y tan solo le queda esperar a que le avisen cuando su carga se encuentre disponible. El tiempo sigue pasando y con ello, llega la hora de comer. Se dispone a preparar en una toalla lo que será su bocadillo, de esta manera procura no manchar el camión de restos de comida. Empieza a impacientarse ya que comienza a ser consciente de que no llegará hasta el sábado a casa.

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Desesperado, vuelve a preguntar a un operario cuándo podrá cargar, pero no recibe ninguna respuesta clara. La espera es lo que más le agota. Se sienten infinitas las cuatro horas y media que lleva esperando. Desmoralizado por la incertidumbre y a sabiendas que en una hora y media la empresa cierra y esto significa que tendrá que hacer una noche más, comenta la situación con otro camionero. “Como esto siga así tendremos que hacer noche aquí”, comentan entre ellos. Por suerte para nosotros el último momento, le confirman que puede empezar a cargar y marchar hacia Ourense, nos esperan 24h de ruta. No tendrán la misma suerte sus compañeros que se tendrán que quedar finalmente a dormir en ese parking, donde únicamente hay una cabina prefabricada con una máquina de refrescos y cafés.

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Atravesar España
Se hacen las 19:30 h de la tarde, y estamos cruzando España de este a oeste. A las 21:15 h. parada obligatoria que aprovechamos para cenar. El ocaso ya se está yendo y así, con la luz de los neones y las farolas de la estación de servicio se abrocha el cinturón y después de poner en marcha el tacógrafo, se dispone a realizar otro trayecto de dos horas más. La carretera está totalmente oscura, la noche ha llegado y hay que ir con más cuidado, por eso, Esteban siempre que puede intenta no conducir durante estas horas.

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Se hace medianoche, paramos a dormir en el aparcamiento de las afueras del pueblo de Hormilla. Esteban se levanta diez minutos antes de las siete, limpia el camión y coge su neceser para asearse en las duchas de la gasolinera y revisa la carga del camión para cerciorarse de que todo va bien antes de ir a desayunar.

Partimos y al poco paramos a repostar. Algo más de 1.000 euros de gasoil. Según la IRU (Organización Internacional del Transporte por Carretera), España tiene unos de los precios medios de gasóleo más baratos de los principales países de Europa rondando en 1.190 €/L mientras que en Francia la media se encuentra en 1.399 €/L. Por ello, muchos de los camioneros llenan sus depósitos en España.

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Ya estamos en Galicia
Por la tarde del sábado llegamos a Ourense, a la fábrica donde debe descargar, este proceso se alarga y estamos una hora más esperando a que vacíen el camión. Directamente después vamos a la sede de González Yebra donde Esteban dejará su camión durante el fin de semana. Allí, recoge su coche. Son las 18:30h al fin comienza el fin de semana para Esteban. Atravesamos Ourense para dirigirnos al bar donde ha quedado con unos amigos a tomar algo.

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Después cenará en casa con otros amigos. No pierde ni un minuto en descansar, el día y medio que está en Ourense. Rutas por las montañas de la zona con la moto y sobre todo estar con su pareja a sacar, que no lleva del todo bien el hecho de que toda la semana lo pase fuera de casa. “Pero para mí la vida pasa, ¿sabes? Pasa y si no la aprovechas ahora estás jodido”, confiesa apenado el lunes al volver a trabajar.

El fin de semana que pasamos con Esteban se diferencia totalmente de los días que estuvimos con Raúl Cabañero, camionero autónomo de 42 años y padre de dos hijas, la mayor de 11 años y la pequeña de 8. Raúl también trabaja durante toda la semana en la carretera y normalmente llega a casa los fines de semana. Vive en El Peral, al sur de Cuenca, con tan solo unos 600 habitantes.

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Al aparcar enfrente de casa, su hija menor sale corriendo para abrazar a su padre dentro de la cabina. Ésta le enseña entusiasmada una manualidad que ha hecho en su último día de colegio. Al bajarse del camión saluda a su mujer Emilia y a su hija mayor. Emilia ya tiene preparada la mesa para cenar, solamente faltaban las pizzas que trae Raúl del pueblo de al lado.

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La cena transcurre mientras se ponen al día de lo ocurrido durante toda la semana mientras él no ha estado en casa. Las niñas hablan sobre sus últimos días de clase y Emilia cuenta algún que otro cotilleo familiar, nuestro protagonista explica alguna que otra anécdota al volante.

Después de cenar Raúl vuelve al camión para limpiarlo y recoger las cosas que aprovechará para poner a lavar. Se dirige a la buhardilla de su casa, donde tiene instalada su sala de ocio. Tiene un rincón con todo su equipo de sonido de mezcla, ya que además de su camión, su gran pasión es ser DJ. Empieza a pinchar durante un par de horas. Esta es la manera que ha encontrado de evadirse de todas las horas al volante.

La luz de una pequeña lámpara deja entrever algunas de las pancartas de quedadas de camiones en Asturias, maquetas de camiones, y todos sus manuales de conducir en una pequeña estantería. Raúl es camionero de toda la vida, y antes de él lo fue también su padre, el cual se jubila el año que viene. “Resulta complicado comenzar en este oficio siendo autónomo. Un camión puede costar en torno a unos 120.000€, es una inversión muy grande. Además, tienes que sacarte el carnet de conducir C, más el C+E que te permite transportar remolque, y esto puede llegar a casi 4.000€ más, y por si no fuera suficiente, las facturas son a tres meses, lo que significa que mínimo el primer trimestre son todo gastos”, nos aclara.

Por la mañana, Raúl y su familia desayunan los restos de pizza de la noche anterior, mientras Marta le muestra un libro de postres que le gustaría hacer con él. Al mediodía Raúl sale de casa de la mano de Marta. Mientras paseamos por el pueblo en dirección a la carnicería, nos percatamos de que Raúl no es el único que vive del camión en este pueblo. Contamos al menos seis camiones más aparcados en las calles.

En casa ya, Raúl prepara una barbacoa con ayuda de su hija Marta que no se separa de él en ningún momento. Lo que queda de día lo pasan tranquilos descansando y a la mañana siguiente aprovecharán para salir de ruta. Preparan una visita al castillo de Belmonte. Mientras vuelven a casa, deciden pasar por el pueblo de Alarcón. Acabarán cenando en casa de sus padres. En la travesía los cuatro bailan y cantan a viva voz canciones de una playlist de Raúl.

Ya llega el lunes, son las seis y media y Raúl se levanta para partir de nuevo. A las 9 tiene que estar descargando en Valencia. La noche anterior ya se despidió de sus hijas, ahora solo le queda abrazar a su mujer e irse. Emilia ya está más que acostumbrada a este estilo de vida, piensa en las ventajas y desventajas de mantener una relación así. “Que malos son los lunes”, nos comenta cansado.

Mientras tanto suena en la radio de fondo las noticias de la mañana. Solo espera que tenga una semana tranquila y que los encargos sean como le prometen de antemano y no tener ninguna sorpresa. «Este oficio es el único que conozco que si quieres puedes estar cabreado todos los días de una forma u otra”, nos confiesa un tanto apenado .

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