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El Peterbilt 379 de los Alberto Pérez, de Alabama a Almería

El que un padre y un hijo compartan pasión, sueños y experiencias significa que los consejos ceden el paso a algo mucho más interesante: los ejemplos. El Alberto nacido en 1967 y el que vino al mundo 34 años después se regalan ejemplos mutuos a diario, que oxigenan y dan vida a una manera de quererse y complementarse muy especial. Ahora con este Peterbilt 379.

Conductor de autobuses urbanos el primero y estudiante de 3º de Ingeniería Industrial Mecánica en la Universidad de Almería el segundo, el que os escribe estas líneas ha entablado relación con esta cercana pareja en un sinfín de eventos camioneros desde hace década y media.

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Entre decorados y clásicos siempre han emergido las figuras de padre e hijo, flanqueadas en un principio por un bus Setra S 10, decorado con los Pitufos; y más tarde por un tuneado Volvo VNL de morro y un imponente Kenworth W900.

Pero es su más reciente adquisición la que viene hoy a este espacio: un Peterbilt 379, que ya sabe lo que es sentir la admiración a su alrededor en una concentración camionera como la de Albox 2021.

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“Del camión clásico y el decorado seremos siempre unos enamorados –afirma Alberto padre–, pero estamos en un momento en el que nos atrae más el truck americano. Casi todos los propietarios de estas máquinas que hay en España conformamos una gran familia.

Recientemente coincidimos la mayoría en la concentración de Alcossebre Yankee 2021 (Castellón), organizada por los amigos Justi y Toni. Pero con tuneados y camiones restaurados seguiremos siempre compartiendo espacios y ambientes lúdico-profesionales en los que se destila una misma ilusión”.

Este Peterbilt, localizado en Madrid y proveniente en su día de Alabama, que a instancias de su amigo Cortijo veían online ofreciéndose para menesteres publicitarios, un buen día se puso a la venta.

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Con los ojos como platos, Alberto se puso rápidamente en contacto con el propietario, y en dos días constituyó lo que él mismo bautizó como su “equipo de apoyo”, compuesto por su compadre Paco, Capel, Trueno y José.

Juntos fueron a la capital de España a examinar el camión de primera mano. “Mi amigo Antonio Marfil –recuerda el almeriense– me hablaba de un conocido suyo, empresario también del transporte, que estaba interesado en nuestro Kenworth, así que el plan era perfecto para completar la jugada.

Con las palabras del comprador del Ken y el vendedor del Pete ya dadas, fui a Madrid a dejar la paga y señal. La venta del Kenworth –prosigue– se demoró un par de meses, pero una vez consumada, fui a por el Peterbilt de inmediato”.

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El color de la cabina del vehículo se decidió dejar tal cual, pero se iniciaron diversos cambios para poner el truck al gusto de los Pérez. Sus amigos Jesús Morales y José Gómez entraron en escena, el primero para cambiar por completo la tapicería y el segundo para crear una trasera acorde con el estilo custom del conjunto.

El suelo de madera y el cambio de los pilotos a led completaron esa sesión de cambios que uno sabe cuándo empezar, pero no tanto cuándo y cómo acabar.

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peterbilt 379

En cualquier caso, había un detalle que no podía faltar, y ese era la decoración con los viejos Pegaso y MAN conducidos por el Alberto Pérez que inició esta saga, siempre presente en el recuerdo de hijo y nieto.

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“Es nuestra seña de identidad. A él le debemos todo lo que nos hace disfrutar de nuestro sentimiento por el camión. Es nuestro ángel de la guarda. Esos camiones –se emociona Alberto– me cuidaron y alimentaron cuando yo era un chavalín”.

Sueño llama a sueño

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Ante mi pregunta de qué es lo primero que harían si les tocara un millón de euros en la lotería, creo que merece la pena respetar la literalidad de las palabras de nuestro conductor de autobuses: “¡Madre mía! Lo primero sería comprar un Pegaso Cabezón como el que conducía mi padre y, después, una góndola para poder llevarlo a las concentraciones enganchado al Peterbilt. Ese nivel sería ya insuperable”.

Seguro que Pepi, esposa y madre de los susodichos, no se debe ya tapar los oídos ante tal ensoñación, pues damos por hecho que nada que provenga de su relación con los camiones le puede ya sorprender.

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Pepi, no obstante, siempre guarda para ellos y para su hija Marina el mejor obsequio que una persona le puede conceder a otra, que es el creer y confiar en ellos. “Aunque pueda parecer lo contrario, en realidad somos muy caseros – reconoce el padre–, pero también sabemos disfrutar de los encantos de nuestra provincia, como pasear por la playa, ver atardeceres o irnos de tapas los cuatro.

El camión –se recrea pensando en ello– se ha convertido en uno más de la familia. Gracias al mismo hemos forjado grandes amistades por toda España”. “Un camión te abre un camino por el que se expande la realidad –concluye magníficamente Alberto Pérez hijo–, pues nos otorga crecimiento personal y aprendizaje”.

El ya barbado y no tan pequeño Alberto aún no tiene la edad para llevar este truck america… bueno, dejémoslo en que no tiene la edad para llevar el carnet de camión en el bolsillo.

La Ingeniería Industrial que está estudiando seguro que hará realidad sus más altas aspiraciones, pero los destinos a los que le pueden llevar los 750 CV de este Peterbilt, con su padre a un lado y la memoria del abuelo al otro, son de los que se sueñan con los ojos cerrados y se disfrutan con los ojos abiertos.

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