Lo mueven todo. De que los vehículos de apoyo que componen la estructura de la Vuelta funcionen en perfecta sincronía depende algo tan sencillo como que después de una jornada ciclista se hable sólo de eso: de ciclismo. Parece una perogrullada, pero no lo es.
A buen seguro que entre el 24 de agosto y el 15 de septiembre de 2013, en los más de 3.300 kilómetros recorridos desde Villanueva de Arosa (Pontevedra) hasta Madrid, muchos camiones con funciones más o menos relevantes han luchado también contra su propio crono para que todo funcione con normalidad.
El enorme esquel
eto vehicular que a diario mueve todo esto ha de tener las articulaciones bien engrasadas.
Su trabajo a la sombra para muchos es algo literal, pues los hay que empiezan su jornada a las 6 de la madrugada, y otros que la acaban pasada la media noche.
Se calcula que unas 2.500 personas se movilizan a diario en la carrera ciclista por excelencia en España.
Cada una de las 21 jornadas conlleva el mismo trabajo que montar y desmontar un evento deportivo de gran magnitud, pero en la Vuelta hay que tener además en cuenta que las operaciones a repetir cada 24 horas están siempre a merced de la meteorología.
Nada de lo que vemos normalmente en la tele está ahí por casualidad: carteles señalizadores, arcos de salida, meta y metas volantes, equipos de telecomunicación… un auténtico rompecabezas que se monta y desmonta de ciudad en ciudad.
Complejidad logística
Con Pedro Lezaun, director de producción de la Vuelta, nos reunimos momentos antes del final de la decimotercera etapa, Valls–Castelldefels, que discurrió durante 169 kilómetros entre las citadas localidades de Tarragona y Barcelona. La
experiencia adquirida por él en este tipo de eventos es vital, ya que lleva seis ediciones a sus espaldas ejerciendo este cargo.
Pese a la complejidad que supone coordinar los distintos grupos de personas que componen una flota tan numerosa de vehículos, tanto pesados como ligeros, su experiencia práctica le ha demostrado que lo más complicado es que todo cuadre desde mucho antes de que se dé el pistoletazo de salida a la 1ª etapa.
Lezaun lleva muchos meses de trabajo previo contactando con las autoridades de cada sede para estudiar localizaciones logísticas y de producción, explicar al alcalde de la ciudad de turno las necesidades estructurales específicas, estudiar el recorrido, presentarlo a los medios, etc.
“Lo más complicado es siempre arrancar. Luego, aunque cada etapa tiene sus peculiaridades, pues todo el engranaje está a
merced de elementos difícilmente controlables, a partir del tercer o cuarto día todo el mundo sabe al dedillo sus funciones.
Lo que más puede alterar la normalidad es la meteorología, y más aún el viento que la lluvia. Hay un tipo de vehículo para cada momento –prosigue Lezaun–, pero le damos mucho valor a las plataformas elevadoras, pues en un mes se suceden multitud de maniobras, y los esfuerzos físicos hay que mesurarlos”.
La empresa que organiza la Vuelta a España, Unipublic, asienta en la firma Akzar la confianza de buena parte de la logística de la Vuelta, que recae sobre 28 tractoras MAN TGX 18.480 4×2 BLS, con cabinas XXL, así como un rígido Iveco ML 140 EP 128, cuyos kilómetros recorridos sumados bien pueden superar los 160.000.
En las distintas plataformas rodantes se localizan diversas oficinas permanentes, pódium, controles de firmas, medios de comunicación o asistencia médica. Las arquitecturas de cada camión (caja cerrada, lona, frigo) se adecuan a cada flanco de la intendencia.
Como un reloj
Al poco de dejar al jefe de producción de la Vuelta, nos preparamos desde nuestra privilegiada posición para asistir a un final de etapa que se presume interesante, con algunos hombre escapados por delante.
Vamos cogiendo posiciones entre la prensa gráfica para captar la imagen más esperada, la del ganador con los brazos en alto, brazos que en este caso corresponden a los del jovencísimo ciclista Warren Barguil (Francia, 22 años), cuya alegría captó perfectamente con su cámara Dani Martorell, para dar entrada a nuestro reportaje.
El resto de los corredores fue llegando, como si de una lluvia de flechas se tratara, entre los aplausos de un público entregado desde hace horas al placer de un final de etapa que por lo general suele ser muy fugaz. Acaba el día en Castelldefels, y cuando los ciclistas aún buscan resuello, los distintos vehículos de la organización ya parten hacia las ciudades de salida y llegada del día siguiente.
Javier Ayensa, responsable de publicidad de Iveco, también nos atiende, sin perder de vista, y sobre todo de oído, la coordinación de su flota de vehículos Iveco, fundamentalmente ligeros.
“La Vuelta no descansa nunca –nos dice–, pero los imprevistos acechan a diario, ante los que la capacidad de reacción es importantísima, por lo que me mantengo en contacto permanente con los concesionarios y talleres oficiales Iveco de cada zona por la que pasa el pelotón”.
Vamos dando fin a una jornada que para nosotros también ha sido de muchos kilómetros, aunque, por suerte, para pisar el freno y el acelerador no se conoce hasta el momento que haya que tirar de riñón.
De camino seguimos topándonos con camiones de diversa índole, desde los de Tráfico, utilizados como elementos de comunicación itinerantes, hasta los que alojan los más sofisticados servicios técnicos, normalmente para la televisión.
Pero es la caravana comercial de los sponsors de la Vuelta en la que concurren los camiones más atrevidamente ataviados para captar, que para eso es la caravana comercial, la atención de la concurrencia.
Nuestro querido compañero Rubén Peris, director de la “Volta” a Catalunya, con el que compartimos despacho en nuestras dependencias barcelonesas, y siempre tan afablemente dispuesto a llevar a cabo las gestiones necesarias para que los protocolos nos sean más sencillos en este tipo de reportajes, nos pone siempre los dientes largos cuando sale este tema de conversación: “La caravana de la “Volta” es espectacular –nos dice–, y la de la Vuelta aún más, pero el Tour de Francia es de otro mundo”. Pues qué podemos decirte, Rubén. Estaríamos encantados de entrar en esa otra dimensión y mostrársela a nuestros lectores. “A bientôt”.























