Ni dónde ni cómo, pero junto a ti. Toda una vida se estaría en COCTRAMO este camionero que en Monzón ha escrito páginas notorias de esta legendaria cooperativa.
Con 27 comenzó Antonio en COCTRAMO… y hasta la jubilación.
Hablar de COCTRAMO en este municipio de Huesca es apelar a una indisimulable conciencia ganada a pulso en sus más de 60 años de existencia.

Esta Cooperativa Comarcal de Transportes fue protagonista de un reportaje de SOLO CAMIÓN que dejó huella hace ahora 4 años, y al cual podéis acceder en este enlace.
“El valor humano – nos decía por aquel entonces Alberto Sampietro, uno de sus responsables – marca nuestra diferencia principal. Es más, en nuestra casa cada socio tiene derecho a todo desde el minuto uno.
En COCTRAMO puedes mantener tu condición de empresario individual, pero a la vez existe un compromiso de ayuda entre compañeros. Entre todos gestionamos las bolsas de cargas y hacemos compras globales, desde el gasóleo, hasta los neumáticos o una simple bombilla.
Los clientes son de la cooperativa – seguía Sampiertro – y nos regimos por órdenes de carga que mantienen el equilibrio entre todos, permitiendo que cada socio pueda elegir el ámbito que quiera para sus vehículos, a partir de lo cual se determinan los cupos de transporte. Los mayores de 55 años pueden hacer únicamente España si así lo solicitan”.



Aventuras mil
Ese Rubicón hace ya tiempo que lo cruzó Antonio Plata, que nació en 1946. Siendo un bebé se trasladó con su familia a Aragón, y con 14 ya ejercía como herrero en el taller mecánico de la Confederación Hidrográfica del Ebro.
“En esta Confederación había llevado camiones sin carnet, pero mi hermano dejaba el Ebro que tenía y decidí sacármelo. Era 1967, y me pedían 7000 pesetas (unos 42 euros) por el C, que entonces te servía también para llevar tráiler, pero conseguí que me lo dejaran por 3000 – ríe Antonio -, al negociar el sólo tener que hacer 3 clases de teórica y 3 de práctica”.

Tras unos primeros compases llevando hormigón y personal al tajo, la memoria le lleva a su Pegaso 165 de doble dirección, que podía llevar 15 toneladas, aunque nunca le caían menos de 20.
“Ya me comprometí con COCTRAMO hasta el final. Los transportes de fruta, manganeso, cemento, ladrillo y demás los llevé luego a cabo en un Barreiros 300, que me duró 15 años.
Este lo cambié por un Renault 340 con el que tuve un grave accidente cuando otro camión me echó encima, de noche, todo un palé. Mi camión quedó para la chatarra – encoge el gesto – y yo estuve 8 meses de baja, pero salí bien y pude seguir después con otro Renault 380, primero; y un 430 después”.



A sus 78 años, y al abrigo de ese recodo de tranquilidad que le proporcionan sus 5 nietos y Rosario, mujer con la que se casó hace más de medio siglo; Antonio sigue siendo un contador de historias camioneras para todo aquel que le quiera escuchar.
Y lo es más aún, tal y como lo hemos podido constatar, si se junta con Luis Laporta, fiel amigo suyo, que atendió también a nuestra llamada, y con el que tantos días de montañas y llanos profesionales ha compartido en COCTRAMO, sobre todo en aquellas semanas en las que, con la cabeza tractora de uno y la caja del otro, ensamblaron un conjunto.




Juntos recuerdan el compartir paciencia en una aduana, desinflar las ruedas que no portaban las cadenas cuando nevaba, aguardarse el uno al otro para solventar una avería o dar un paseo turístico en un Vaporetto de Venecia – ríen con ganas en este punto -, mientras esperaban la carga.
Todo pasa en nuestro oficio. Todo queda en una amistad.



