Al volante del Renault Magnum 480

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En enero de 2003, en nuestra revista Solo Camión 155 tuvimos la ocasión de probar el Renault Magnum 480 As-Tronic, un coloso de largo recorrido.

Por aquel entonces, nuestro probador Juan Linero nos decía que si la comodidad en la conducción era un valor al alza, el Magnum de nuestra prueba aupaba el listón un peldaño más. Todo, desde la regulación, reglajes, tacógrafo o salpicadero apuntaba a ese objetivo.

La tractora con motor Euro 3 Mack E-Tech de 480 CV, que se obtenían a 1.900 rpm, con un par motor de 2.250 Nm a 1.200 vueltas, 6 cilindros en línea de 12 litros. Éste contaba con una inyección de alta presión por bombas unitarias reguladas electrónicamente, sobrealimentado por turbocompresor sobre los gases de escape, con refrigeración del aire de la admisión por radiador frontal aire-aire, y la novedosa caja de cambios As-Tronic de 8 velocidades partidas de ZF.

Al visualizar el Magnum desde el exterior, la característica más notable a simple vista era la completa separación de la plataforma técnica y la cabina, un diseño que por aquel entonces tenía una veteranía de diez años, todavía nos hacía girar las cabezas.

Exteriormente podíamos decir que se lograba llegar a un alto grado de elegancia y originalidad. Este concepto de vehículo brindaba importantes ventajas a la hora de incorporar tanto elementos destinados a la comodidad del conductor directamente como para la realización del trabajo cotidiano.

Uno de los puntos que más satisfacían de este Renault Magnum a nuestro probador era la gran altura de la cabina -el techo estaba situado a 3.691 mm. La limpieza tanto de la luna delantera como de las ventanas laterales se efectuaba con bastante comodidad. Ello, gracias a los escalones de acceso al parabrisas y a los tres escalones laterales de acceso a la cabina, con un cuarto desplazado, justo debajo de la puerta de acceso.

Estos escalones, nos decía, tienen unas medidas generosas que nos proporcionan seguridad a la hora de movernos por ellos. Esta forma exclusiva de acceder a la cabina no entraña ningún problema, pero sí nos quita la mala costumbre que algunos tenemos (apuntaba Juan Linero) de bajarnos de frente; con el Magnum esto no es posible, lo que nuestras vértebras agradecerán.

En el interior descubrimos el porqué del gran éxito del Magnum y las ventajas de su peculiar diseño. El piso era totalmente plano, con una altura interior uniforme de 1,87 metros. El interior destilaba amplitud y se podía transformar en función de la actividad a desarrollar. Podía tener montado hasta cuatro asientos que podían girarse para facilitar la conversación, podríamos decir que era la primera cabina que sustituía al despacho para hablar de negocios.

Además disponía de un verdadero sillón para los momentos de descanso que, junto a la estantería desplegable para el televisor, convertía a la cabina en una sala de estar. El asiento del acompañante podía reclinarse, así como aprovechar el salpicadero como cojín donde descansar las piernas.

Los dos asientos traseros son los que se pueden transformar en la litera inferior. En cuanto a la superior es abatible mediante unas correas de cierre. Toda la zona de dormitorio la podremos mantener aislada de la de conducción mediante dos cortinas que la cubren de arriba a abajo.

El orden en una cabina destinada a las grandes rutas los espacio portaobjetos es uno de los puntos que los ruteros no deberían tomarse a la ligera. En este sentido, el Magnum conseguía una de las mejores notas.

La prueba de circulación y consumo la realizamos en un recorrido de 367 kilómetros que por aquel entonces comenzaba en Algete (Madrid) y transitaba durante 65 kilómetros por la N-I hasta llegar al Puerto de Somosierra, con una pendiente del 6%.

De ahí hasta el peaje de San Rafael y después hasta Toledo por la A-6, así como por la N-501. Los 78 kilómetros finales transcurrían por la N-400 y la N-IV hasta la gasolinera Cerro Los Ángeles.

Nuestra camión que hoy rememoramos tardó 4 horas 41 minutos en completar el trazado con una velocidad media de 83,3 km/h y un consumo medio de 35,4 litros a los 100 km con un día que tuvimos niebla, lluvia, viento fuerte e incluso tráfico denso.

Nuestro probador resumía sus sensaciones indicando que veía al Magnum como uno de los camiones que proporcionaban una mayor grado de comodidad en la conducción, contribuyendo a prevenir el estrés y evitando que se nos cargue la espalda de kilómetros.

Asimismo, destacaba las mecánicas Mack que animaban a la serie Magnum, así como la comodidad que notábamos al volante gracias a la suspensión neumática.

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