Vitrac, polivalencia a pie de obra

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En el mundo empresarial —y posiblemente también en la vida—, la capacidad de reacción es una de las claves para seguir creciendo. Es cierto que, ante un dilema, las decisiones han de ser acertadas, pero no menos cierto es que el éxito, a menudo, tiene que ver más con la velocidad de reacción y el convencimiento que con la brillantez de las soluciones.

El caso de esta empresa mallorquina de excavaciones, Vitrac, es un ejemplo claro.

Vitrac

En el año 2007, el zarpazo de la crisis barrió al entramado empresarial dedicado en Mallorca a la construcción. En pocos meses, compañías y autónomos se vieron obligados a bajarse del negocio.

Se pararon las obras, los promotores desaparecieron y el traqueteo de las máquinas dio paso a un silencio aterrador para muchos. El grifo se secó. Y en medio de la sequía, Vitrac tomó una decisión aparentemente descabellada: comprar más flota. La idea funcionó.

Miguel Reus (Lloseta, 1977) es el fundador y gerente de Vitrac. Su gran pasión, desde niño, son las excavadoras. Comenzó él solito, a los 18 años, montado en una minicargadora que compró con ayuda de su padre y haciendo trabajos en obras para diferentes empresas.

Vitrac

En el año 2007, cuando el boom de la construcción se paró en seco, Miguel ya contaba con una flota considerable tanto de máquinas como de camiones. Era la época del desenfreno constructor. Había faena para todos y él aún andaba a pie de obra manejando maquinaria. De repente, la facturación se redujo a la mitad. «No sé ni cómo sobrevivimos», explica el gerente en su despacho de la oficina central de Vitrac en Lloseta.

«En esa época, algunos cerraron, otros aprovecharon el bajón para jubilarse definitivamente, y en ese momento pensé que tenía que ocupar esos huecos que otras grandes empresas de excavaciones dejaban». En un movimiento absolutamente contraintuitivo, Miguel apostó por ampliar la flota con cinco camiones y dos máquinas nuevas. «Me tiré a la piscina», dice sonriendo. No es para menos. La jugada le salió perfecta.

Vitrac

Vitrac empezó a ocupar un espacio entre las empresas de excavaciones de Mallorca. Había menos trabajo, pero el que había contaba con la maquinaria de Miguel. Los Mercedes de Vitrac participaron activamente en las grandes obras que se llevaron a cabo a partir de 2010 —el tercer carril de la vía de cintura de Palma, el nuevo atraque de grandes buques en el puerto de la ciudad, por ejemplo—.

Y así, en 2012, la empresa dio un salto cualitativo importante. «Fuimos creciendo poco a poco y ese año nos disparamos», explica el gerente. El segundo salto llegaría hace un par de años, cuando Vitrac se configuró como gran empresa.

Hoy, de nuevo en plena fiebre constructora en las islas, Vitrac se ha convertido en una de las empresas referentes de su sector, con cerca de 65 personas en plantilla —incluyendo 20 chóferes, 20 maquinistas y 3 mecánicos—, una flota de máquinas de obra muy polivalente —compactadores, excavadoras de hasta 60 toneladas, motoniveladoras, extendedora de asfalto, palas de cadenas, etc.— y un parque de 21 camiones formado esencialmente por Mercedes-Benz Actros y Arocs.

Vitrac

Un matrimonio eficaz

Miguel recuerda con nostalgia el primer camión que llegó a la empresa, en 2002, «un Renault DG 340 de segunda mano que pertenecía a una empresa de transporte de coches», cuenta el gerente. «¡Consumía la rehostia!». En 2008, cuando Miguel decidió dar el salto sin red, entraron en la flota los primeros camiones Mercedes-Benz.

«Un concesionario de Palma tenía un stock de cinco vehículos que una empresa había encargado antes de la crisis, pero que nunca retiró. Estaban nuevos, por estrenar, y el precio era bueno. Con las nuevas tractoras fuimos hacia arriba y, básicamente, me casé con Mercedes».

La relación de Vitrac con el concesionario Autovidal, de la localidad de Santa María, sigue viento en popa, principalmente por la fiabilidad de las máquinas. «Yo siempre digo: los pobres tenemos que ir con maquinaria nueva porque no podemos permitirnos parar la actividad para arreglar el vehículo.

La fiabilidad es lo primero. Que sean robustos y no den problemas. Luego, claro, es importante que lo puedas pagar, pero no miro otras marcas si la diferencia de precio es pequeña, porque prefiero una flota con una única marca premium que no un popurrí».

Vitrac

Robustez y consumo moderado son las características en las que esta empresa mallorquina pone el ojo. El trabajo es exigente —terreno inestable, pedregoso y con rampas pronunciadas— y la combinación tierra-asfalto requiere un equilibrio.

«Necesitamos algo robusto para la obra y de consumo moderado, para ir en asfalto —cuenta Miguel—, porque si bien es cierto que estamos en una isla, al final del día los camiones recorren los mismos kilómetros que se hacen a diario en la Península, alrededor de 500. Y a eso hay que añadir el precio del carburante, que en las islas es un 12-13 % mayor».

El grueso de la flota de Vitrac está formada por 5 Mercedes Actros (410 CV) y 12 Mercedes Arocs (450 CV), más otro Arocs de 630 CV. Además, cuentan con un camión grúa Iveco, comprado de segunda mano, y la reciente incorporación de un Scania R730 XT para el traslado de maquinaria pesada en góndola.

«Mercedes se quedaba en 630 CV de potencia máxima y necesitábamos algo un poco más potente porque tenemos máquinas de 60 toneladas de peso», asegura Miguel. Lo habitual es que la flota vaya renovándose paulatinamente cada año con la incorporación de tres vehículos nuevos.

Sin embargo, en el último año, Vitrac ha añadido cinco tractoras nuevas. Toca rejuvenecer el parque móvil. Nuevas estrellas se añaden al equipo de gala de Vitrac.

Vitrac

Un ritmo constante

Parecía que el golpe de la última crisis iba a dejar grogui al sector de la construcción durante un largo período. Y si bien es cierto que las obras tardaron en reaparecer, hoy el sector vuelve a estar desatado en la isla. El ritmo de construcción es, otra vez, constante.

Hasta tal punto de que faltan camiones para retirar tierra y escombros. Vitrac, sin ir más lejos, trabaja desde hace un tiempo con empresas subcontratadas, camiones incluso llegados desde la Península. «La crisis —asegura Miguel— se llevó mucho autónomo por delante y hoy hay falta de camiones.

El sector está ahora en auge. Es cierto que la situación no es similar a la de antes de la crisis. No hay tanto trabajo ni tantas empresas. Pero, aun así, hay mucho y se distribuye entre menos compañías».

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Hoy, esta empresa de Lloseta se ha hecho un hueco dentro de la actividad constructora de Mallorca, en un sector que sigue frenético y cuyo techo nadie sabe dónde está. ¿Realmente se puede poner freno a la construcción?

«Durante la crisis lo pensé mucho», explica el gerente. «Parecía que habíamos tocado techo. Pero en cuanto la cosa se alegró, empezaron a salir promotores de debajo de las piedras, aparecieron solares en lugares que nadie había visto y se volvieron a edificar fincas como si no hubiera pasado nada… Así que, sinceramente, no lo sé. ¿Se puede terminar?

Todo se puede acabar, pero he llegado a la conclusión de que mientras se quiera seguir prosperando habrá construcción. Mientras haya dinero en circulación y la gente quiera hacer cosas no se va a terminar».

Polivalencia, la clave

La polivalencia es esencial en este sector. Para mantenerse en el grupo de cabeza de empresas de excavaciones no queda otra que contar con las herramientas precisas. «Además de obra pública hacemos también excavación pura y dura para centros comerciales, hoteles, etc.

También hemos hecho dragados en puertos. Como tenemos maquinaria muy grande siempre nos tienen en cuenta». El éxito ha traído prosperidad y crecimiento, pero también —como remarca el gerente— cierto descontrol. Más maquinaria, más vehículos, más personal. Todo para responder con la máxima polivalencia, para poder trabajar con solvencia en el mayor número de obras. Y, claro, hay un precio que pagar.

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«Es curioso —explica nuestro entrevistado—, en crisis parecía que nos iba casi mejor que ahora. Porque se movían pocas obras, pero las que se movían las tenías muy controladas, muy acotadas de gasto. Hoy en día, con tanto trabajo, llega un momento en que no tienes tiempo de todo y puedes perder el control, perder eficiencia».

En el patio de las oficinas de Lloseta, una minicargadora ocupa el centro rodeada de plantas. Es la máquina con la que Miguel empezó la actividad. Ya hace años que no trabaja. Su papel ahora es decorativo, un guiño a los orígenes de la empresa. El gerente tampoco pisa la obra, a su pesar.

«Lo añoro pero hay demasiado trabajo». En este marco de frenética actividad de pico y pala, de ladrillo y cemento, Vitrac se mantiene firme en su servicio con la lupa puesta en su capacidad para adaptarse a las necesidades de cada operación. Fe ciega en la experiencia y máxima confianza en su polivalencia a pie de obra.

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