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Una jornada con el burgalés Jesús Martínez, «Chiqui»

A los 16 años, Jesús Martínez, Chiqui para los amigos, inició su inmersión en el mundo laboral. “Mi primer trabajo fue de botones en un hotel de Burgos, transportando maletas”, nos cuenta. De ahí a conducir un camión pasó poco tiempo. Contamos su historia.

ChiquitransJesús no es de los que ha llegado al transporte por carretera por haberlo vivido en casa. Bueno, de alguna manera, sí. Su padre era agricultor y ganadero en San Mamés, una localidad burgalesa situada en la antigua carretera a Valladolid.

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“Cereal y bovino era lo que hacía. Yo de pequeño ayudaba y me quedaba alucinado con los camiones que iban a cargar el cereal o el ganado. Ahí me entró el gusanillo”.

Luego vendría el trabajo en el hotel y también un tiempo en la construcción con su hermano. Con 19 añitos compaginó su puesto en un almacén de materiales de carpintería con la objeción de conciencia.

“Me pasé 13 meses conduciendo una ambulancia de la Cruz Roja. De esa época guardo buenos recuerdos, entre ellos el apodo con el que soy conocido. Allí me pusieron lo de Chiqui.

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Algunos cuando ven en el camión lo de Chiquitrans se creen que el que va dentro es pequeñito, pero claro, cuando me bajo, se les pasa rápido”.

Porque nuestro protagonista mide justo dos metros, 200 centímetros de pura bondad, incluso con un puntito de timidez; esas personas a las que le compraría un vehículo de segunda mano sin problemas.

ChiquitransCon Jesús pasamos una mañana. Justo en un día que sin saber por qué no han querido descargarle. Va repleto de bolsas de patatas.

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Ha perdido un viaje, llegará a casa un día más tarde de lo previsto, pero el bueno de Jesús no demuestra su enfado. Impertérrito. Lo dicho, buena gente.

Aprovechamos el descanso que le ha provocado esta mala jugada de un lunes por la mañana para charlar con él. Nos sigue explicando cómo acabó en esto de los camiones. Siguiente parada: transporte nacional e internacional en furgoneta.

“Durante tres años llevé una furgo haciendo transporte entre fábricas del grupo Volkswagen. De Navarra a Alemania y Bratislava con piezas de automoción. Todo uChiquitransrgencias. Iba con la que por aquel entonces era mi novia y que ahora es mi mujer, me echaba una mano, me permitía echar una cabezadita.

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La empresa para la que trabajaba compró un camión y me dio la opción de llevarlo. Me pagó el carnet y me metí de conductor. Ya con el permiso de conducir en el bolsillo, comenzó a hacer el mismo trabajo que antes pero con el camión. En esta época estrené dos camiones, recuerdo un MAN 26.414 y más tarde otro igual.

Después compraron una cosechadora, un Renault Magnum. A los dos años tuve la oportunidad de comprar este camión y mantener la ruta, pero por mi cuenta”.

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Comenzó aquí una nueva etapa para Jesús. En 2004 se hizo autónomo y empezó a liarse a comprar camiones. “Llegué a tener cuatro. Pero llegó la crisis y comencé a quitarme camiones de encima hasta Chiquitransquedarme solo con el mío.

Desde luego, no me da envidia los que tienen muchos camiones. La tranquilidad que tengo ahora no tiene precio. Es complejo llevar todo ese movimiento de gente y camiones en la cabeza. Ahora te echas a dormir y no te llama nadie. He ganado en tranquilidad”, nos puntualiza Chiqui.

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Fue hace cinco años cuando se quedó con un solo camión. “En Transporte Ogueta, precisamente. Luego trabajé con un frigo llevando fruta entre Almería y el puerto de Bilbao.

Más tarde llegaría Boyacá, primero al enganche y luego con el conjunto al completo. Y desde hace tres años, por mi cuenta. Trabajo con agencias de Burgos que me dan los viajes, normalmente hacia Barcelona para Matutano o el Grupo Roca.

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Los retornos me los apaño yo. Intento buscar para la zona de Burgos o Palencia y si no para Madrid, que desde allí hay muchas salidas para Burgos. Lo normal es que pase una noche fuera de casa, a veces dos, aunque me gustaría estar más por Burgos para estar más tiempo en casa”.

Un hombre de Renault

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ChiquitransNos subimos a la cabina de su Renault Magnum. Impoluto. “Tiene diez años con millón y medio de kilómetros.

Es muy cómodo y, teniendo en cuenta mi altura, eso es importante. Duermo en la litera que lleva arriba, abajo tiene una mesa que me sirve de escritorio”.

Podemos decir sin equivocarnos que Jesús Martínez es un hombre Renault. “El día que este se rompa, buscaré otro igual.

Pero bueno, el mío está muy bien cuidado y de momento no me ha dado sorpresas. Los T no me acaban de gustar, así que buscaría otro Magnum. De este modelo hay muchos con 500.000 kilómetros”.

Lo suyo es llevar carga paletizada, aunque recuerda con mucho agrado los seis años que llevó un escenario móvil. “Llevaba a una orquesta por los pueblos de la provincia de Burgos.

Lo alternaba los fines de semana con el trabajo que tenía. Llevaba el escenario, echaba una mano en el montaje, aparcaba, dormía y, cuando acababa la verbena, pues a otro sitio. Me gustó la experiencia, pero llegas a una edad que es demasiado”.

Desde luego, no podemos decir que no es una profesión dura. “Para mí lo peor es el trato que recibimos en los sitios donde cargamos. Hay bastante desprecio y poca comprensión”, recalca. De aspecto tranquilo, esos desprecios en ocasiones lo sacan de sus casillas. Normal.

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