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Un viejo Chevrolet a escala 1:18 con mucha historia

Para esta transformación hemos escogido un viejo Chevrolet que podría perfectamente datar de finales de los años treinta y, aunque en la actualidad pocos vehículos abandonados podemos encontrar, hubo una época, no tan lejana en nuestra memoria, en la que turismos y furgones como el protagonista de estas páginas se apoderaban de los márgenes de las carreteras, a la entrada de un pueblo, en un solar de una casa a medio derruir, o simplemente en un descampado por edificar.

Ahora, lo difícil es encontrar un hueco sin edificar y lo fácil, una obra a medio terminar, por falta de fondos, resquicio de una burbuja inmobiliaria reventada.

Chevrolet

Transformación inversa

Pero sin más preámbulos, vayamos por partes para conseguir darle el vetusto aspecto que ofrece en las imágenes. Como la carcasa de la maqueta escala 1:18 es una única pieza, empezamos desatornillando los tirafondos que anclan el chasis a la carrocería. El primero está compuesto de dos largueros y cinco travesaños.

En este punto, hay que tener extremo cuidado con el sistema de la dirección, que es muy delicado. Extraemos el tubo de escape, una de las ruedas delanteras, el motor, los asientos y el salpicadero. Acto seguido escogemos los distintos elementos para decidir el esquema de pinturas.

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Extraídas todas las piezas llega el momento de pintarlas en los colores elegidos, por nuestra parte, así lo hemos hecho, el tono negro mate para el motor, el chasis, la caja de cambios, los ejes, el fondo de carga y algún que otro elemento.

Mientras el gris perla lo hemos seleccionado para partes del exterior del vehículo, como una puerta, una aleta, el portón trasero y un espejo retrovisor, como si hubiera estado en un taller y se hubiera interrumpido una remodelación de chapa y pintura, para dejarlo a su suerte en el campo. El gris también lo aplicamos en el interior para los asientos y el salpicadero, entre otros detalles.

A la carrocería le damos un tratamiento distinto. Lijamos con una lija de grano 2000 toda la superficie para quitarle totalmente todos los brillos. Una vez terminado este proceso, damos unos toques de óxido, colocados estratégicamente.

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También sumamos algunos desconches a base de mezclar rojo y negro mate, tratamiento que aplicamos con el pincel.

Alrededor de la boca del depósito de gasoil ensombrecemos la chapa para que simule la corrosión debido a un derramamiento del líquido de hace varias décadas atrás y el paso del tiempo a la intemperie bajo todo tipo de inclemencias meteorológicas: sol, lluvia, humedad, etc.

Una vez llegados a este punto, únicamente nos queda volver a armar el vehículo, siguiendo el mismo proceso del inicio pero en sentido contrario o, dicho de otro modo, a la inversa. Aunque como veis, dejamos el capot del Chevy abierto para dejar ver el motor que sirve de cuna para algunas raíces, al igual que desencajamos el portón trasero.

Cada uno de vosotros puede aportar aquellos detalles que crea oportunos y que ofrezcan al vehículo el aspecto de abandono, en el grado deseado. En nuestro caso, los hemos llevado al extremo, puesto que el vehículo suma más de setenta años.

Más trucos

Para hacer el escape algo más grueso, aprovechamos las curvas y el bombo del silencioso, mientras que el resto de las piezas las guardamos en el cajón. Cogemos los palitos de Chupa-Chups, que nos parecen fabulosos para muchos trucos en el modelismo, y rellenamos el agujero con arena de playa cribada. Lo hacemos así, porque una vez bien repleto, cogemos la pieza original y calentando con ayuda de un mechero moldeamos el palito con la misma forma del original.

Si no completáramos el interior con arena, el palo del caramelo se doblaría y retorcería, por lo que no podríamos moldearlo a nuestro antojo y causaría un efecto muy feo en el resultado final de la maqueta.

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