El corazón de Andalucía tararea este nombre, sencillo de recordar, y en perpetua excelencia a lo largo de cinco décadas, ya que la naturalidad es así de poderosa.
Transportes Romerito está a punto de cumplir medio siglo sin haber tenido que cambiar el nombre ni, menos aún, la lente con la que ir avistando objetivos factibles, sin que dejen nunca de ser ideales cargados de ilusión.
Eso es lo que hace que en toda Andalucía pronunciar la palabra Romerito emita frecuencias que al oído del transportista de esta tierra le suenen a esencia y respeto por la tradición, lo cual bien podría representarse en sus impolutos Ebro B45, de 1963; y Volvo F12, de 1991.



Al tiempo, Romerito está conectado a últimos modelos, como el Volvo FH 750 Ocean Race Edition, que abre este reportaje, o sus 2 DAF XG 530 recién adquiridos.
Situados entre ambos polos temporales, esta empresa ubicada en Alhaurín de la Torre, municipio atravesado por el río Guadalhorce, posee otros 25 vehículos de planta inconfundible, con 35 semirremolques a disposición de los mismos y una veintena de chóferes al volante.

“Yo diría que nuestra política vertebradora es cuidar al máximo los vehículos, sin tener unos tiempos de reposición establecidos. Si dan buen resultado – nos indica Rafael Romerito, el más pequeño de los Romero que lideran la empresa – los mantenemos, y en función de ello los vamos readaptando a otras rutas. Transportamos materias generales en lona para toda España, aunque principalmente dentro de la propia Andalucía, y manejamos contenedores vinculados a los puertos de Málaga y Algeciras”.
Origen costero
Francisco Romero y su padre Paco; padre y abuelo, respectivamente, del Rafael que hoy nos atiende para SOLO CAMIÓN, son originarios de la granadina Almuñécar, y juntos recorrían las costas de esa provincia con pescado y fruta para los mercados.


Llegado de la mili con los carnets de camión, Francisco, que en este reportaje luce con su estilosa gorrita, se puso a los mandos del Ebro familiar, al que fueron siguiendo los Pegaso 3 ejes, 4 ejes, Troner, Tecno y un Volvo F12 de 400 CV.
“En 1976, con mis dos hermanos ya camioneros, se constituyó Transportes Romerito – nos concreta Rafael –. Como donde trabajaba mi padre ya ejercía un tal Romero de transportista, tuvo la idea de tomar el diminutivo del apellido para distinguirse de aquel, y lo cierto es que nadie concebiría ahora el llamarnos de otra manera”.
El Francisco de hoy, junto a su mujer, Salud, que en sus tiempos se encargaba también de alguna tarea administrativa; ahora prioriza cosas más elevadas, como disfrutar del tropel de nietos que sus cinco hijos les han dado. Tres de esos hijos, junto con un yerno mecánico, están ligados a la Transportes Romerito actual.



“Aunque el origen familiar es almuñequero, mi padre decidió instalarse en Málaga, por ser esta provincia punto de partida y retorno de la mayor parte del trabajo. A tenor de ello – continúa el Romero Rafael -, la mayor parte de nuestros veintitantos chóferes siguen siendo de Málaga y alrededores. Hay que tener en cuenta que 4 de cada 5 viajes son por el interior de Andalucía, y el resto va con destino a cualquier punto de España. Lona y contenedores para el puerto constituyen el parque del que disponemos en nuestra base”.
Rojo y champán
La imagen corporativa de Transportes Romerito responde a una estética que bebe de sus inicios, y de un sello que su fundador ha elevado a categoría desde siempre: los camiones han de ir impecables.
“Mi padre siempre condujo sus camiones bien afeitado, con la ropa bien curiosa, y hecho un pincel todo él, así que esa premisa la hemos querido respetar siempre como nuestra gran seña de identidad.




El color rojo metalizado en cabina – explica Rafael –, con detalles en color champán (un dorado pálido, tirando a beige), es nuestro emblema. En el mundo del transporte pasa un poco como con el flamenco tradicional – le sale aquí a Rafael su vena de camionero por Fandangos – y es que la evolución ha mejorado lo que había en cuanto a técnica, pero en cualidades vitales y emocionales algo se ha dejado este oficio en el camino, en relación a los tiempos de mi padre.
De todas formas, ahí seguiremos con el duende y la intensidad de siempre, porque en Romerito no sabemos, ni queremos saber, cómo puede hacerse de otra manera”.



