A mediados de los 80, Enrique Puente empezó a trabajar de jefe de tráfico en una empresa maderera con explotaciones de monte y camiones. Mucho movimiento internacional, tanto de subida como de bajada.
Comenzó a gestionar cargas, a negociar con otras empresas de transporte, a abrir cartera de
clientes… en definitiva, un master en gestión y administración que le serviría de base para lo que vendría. Tras 17 años de experiencia, levantó su propia empresa de transporte en 2003.
Empezó con cuatro Iveco haciendo servicio a empresas que ya le conocían. “Por fortuna, ninguno de esos clientes cerró durante la crisis, así que seguimos juntos después de tantos años”.
A aquellos primeros camiones se les unieron algunos autónomos y la propia inercia del negocio empujó a la compañía a seguir creciendo y convertirse en lo que Transportes Enrique Puente es hoy: 23 vehículos propios más siete autónomos; unas instalaciones nuevas con 200 metros cuadrados de oficinas y cerca de mil metros cuadrados de almacén, repartidos en dos pabellones.
Iveco es su marca fetiche y el Stralis 500, el modelo preferido. Las cargas medias de la flota rondan las 16 toneladas de peso, con mercancías tan variadas como el envase vacío, la conserva llena, tablero contrachapado de chopo, la galleta… rumbo a Europa, su territorio natural.
Además de los Stralis de última generación, Enrique tiene el orgullo de conservar aún dos modelos con los que arrancó el negocio en 1986, aunque hoy ya se dedican a tareas más cómodas.
El crecimiento de sus clientes ha empujado a la compañía a seguir el mismo camino. Cada vez más camiones, más cargas para cuadrar y una obsesión por la calidad que solo puede mantenerse a base de una buena gestión. “Es cierto que yo no tengo carnet de
camión –reconoce Enrique–.
Pero tener una empresa de transporte significa saber gestionarla. No necesito saber si esa cuesta se ha de subir en 4ª o 5ª velocidad. Para eso está el profesional, que es el conductor. Yo tengo que saber que un viaje Logroño-París son 11 horas al volante y sobre todo conocer a la perfección lo que dice la ley”.
Además de la calidad en el servicio, para Enrique el cumplimiento a rajatabla de la normativa de transporte —en cualquiera de sus aspectos— es básico para la salud del sector. Por eso es partidario de que aumenten los controles en carretera.
“Nos quejamos de que tiran tarifas, de que vienen a quitarnos el pan, pues habrá que empezar a controlar a los camiones. ¡Yo sé que voy bien!”.







