A Javier y Fernando Pequerul su padre les transmitió valor y constancia, algo que el destino supo transformar en sabiduría.
Creer en ti mismo es tener ya de tu lado el primer secreto del éxito, y eso es algo a lo que a estos dos hermanos de habla serena no hace falta insistir con palabras, pues con sus hechos hay más que suficiente.
“Te va a faltar día”, me dice Fernando, con ese particular acento de esta zona de Aragón que va arrullando nuestra charla, cuando llevamos ya más de tres horas viendo fotos donde camión, profesión y familia van intercalando el color con el blanco y negro.

Mientras tanto, su hermano, acompañado de su hijo, llamado también Javier, nos apremia a que siga medrando nuestra entrevista en un restaurante que han reservado previamente, donde aún no sé que me esperan unos caracoles deliciosos.
A todo ello, sus formidables grúas aún no han salido de la nave para posar ante nuestra cámara. Pues sí, está claro que me va a faltar día, pero al igual que los Pequerul, yo también tuve un padre que me enseñó algo que tampoco se me olvida: “Donde estés bien, buen rato”.
Aprender paleando
Puede parecer una frase hecha, pero no lo es. A los camiones de esta empresa con sede en Binéfar, dotados de grúas con la última tecnología para el traslado y rescate de vehículos, no les falta una pala bien visible. Todo… por lo que pueda pasar.
El trabajo de salvamento que ejercen estos hombres es de esos que, como os podéis imaginar, no entienden de horarios ni fechas en el calendario. Eso sí, hay un factor determinante al 100%: el imperativo humanitario. Si hay heridos, la urgencia prevalece y todo protocolo pasa por custodiar la vida de las personas.
Pero si se trata únicamente de recuperar un vehículo accidentado, el procedimiento es otro, y ahí la maestría con la que Javi y Fernando operan se resume en una frase de la que un servidor nunca se va a olvidar: Las prisas traen más lloros que risas.


“En la calidad de cada paso que se ejecuta reside el resultado final de la operación – nos alecciona Javier -, de manera que es muy aconsejable observar lo que cada señal te quiere decir y meditar muy bien cada movimiento.
Cuando llegamos al sitio evaluamos con detenimiento y, en principio, escuchamos a todo el mundo, porque nunca sabes quien puede tener una agudeza válida. No obstante, eso sí, la fórmula que acaba dando el resultado sale de nuestra experiencia”.
“Todo el mundo confía en que los de la grúa sabrán qué hacer – es ahora Fernando Pequerul quien se explica -, y para ello es importantísimo trazar la estrategia. En ocasiones, si quieres ganar tiempo, para sacar un coche es conveniente ir antes y ver qué equipo hace falta y qué camión puede entrar o salir mejor.



Si es de noche, y el vehículo no ha de estar sí o sí en un sitio, lo mejor es esperar a que amanezca. Pocas veces se da, pero si no lo vemos claro del todo, no lo hacemos. De hecho, llevamos decenas de años haciendo este trabajo y no hemos tenido nunca una operación fallida. La experiencia te va cargando de razones; y la razón, amigo, da mucha fuerza”.
Toda una vida
Transportes Pequerul, que además de su servicio de grúa siempre se ha dedicado al transporte de mercancías por carretera, se constituyó como empresa en 1994, pero sus orígenes van mucho más allá.
Francisco Pequerul, el padre, fue ya una suerte de pionero al volante, pues suya fue la primera cosechadora de la provincia de Huesca (no hablamos de un Magnum, sino de cosechar trigo y cebada), con motor de gasolina y botijo debajo del asiento.

Tras conocer a Alicia, madre de nuestros protagonistas, se instalaron en Binéfar; y allí Francisco se dedicó para siempre al transporte de grava del río, que luego se compaginó con el transporte de leche y, circunstancialmente, como gustan decir ellos mismos, de todo lo que entre en la caja.
“Con 12 años, durante un verano, me dijo mi padre un día que si me atrevía a llevar el camión a descargar, siguiendo el río; y allá que fui, más ancho que largo.
De hecho – recuerda un Javier al que por minutos se le va viendo más emocionado -, mi padre compró un Pegaso 200 y fui yo, con 15 años, quien le enseñaba a manejar el cambio de bola, porque lo había aprendido de unos camioneros que me traían en autostop desde Monzón, donde iba a los Salesianos.
Recuerdo perfectamente cómo tenías que hacer el doble embrague para reducir, pero con las revoluciones exactas, para que no te rascara la marcha”.
A Francisco Pequerul le ofrecieron poner una cisterna de leche y es ahí donde Fernando y Javier, dos de sus cuatro hijos, dieron el paso definitivo para crear una entente que siempre se ha mantenido compacta, trascendiendo a lo meramente profesional.


“A veces parece que discutan – nos dice entre risas el joven Javier, hijo y sobrino de ambos, que trabaja como mecánico de Volvo –, pero con una mirada se entienden y con dos se ponen de acuerdo”.
Tras la leche vino el ofrecimiento de transportar gasoil, con lo que la empresa fue creciendo ante sus nuevas exigencias. No obstante, una circunstancia estuvo a punto de frustrar sus perspectivas de futuro.
“Nuestro Pegaso volcó. Por suerte – relata Javier –, nada nos pasó, pero lo teníamos a 60 letras, como 60 soles, y mi padre pensó que esa sería nuestra ruina para siempre.
Por fortuna, el camión se salvó sin rasguño alguno, pero a nosotros nos quedó una enseñanza que hasta ahora siempre hemos hecho valer: Si hemos de comprar un camión, el dinero siempre por delante”.
Al Pegaso 2 ejes y un Tecno 310 de doble dirección le siguió un Renault Midliner para el porte de gasoil. En 1994 nace así Transportes Pequerul, quitándose al poco de la leche, para desplegarse más esmeradamente en el transporte general, principalmente por Huesca y alrededores.
Desde entonces Pequerul no ha cesado de crecer y sus Volvo 410 y 420 actuales portan grúas de referencia en esta zona de España. “Los vehículos encomendados a este trabajo – nos explica Fernando – se pueden equipar de muchas maneras, pero no vale cualquier grúa para cualquier camión.
Según el modelo de grúa y la capacidad que tenga hay que elegir el modelo de vehículo que lo va a llevar, para que estabilidad y eficacia vayan siempre acompasadas. El reparto de pesos por eje es primordial y los mandos al ordenador dirigen cada paso”.
Los Pequerul van intercambiando caja y grúa con naturalidad. Su ubicación estratégica en Binéfar les dota de una cobertura aventajada en toda su zona de influencia.

No les importa, es más, lo entienden en parte como un privilegio, trabajar un domingo o en un cumpleaños; pero lo que ellos consideran la dignidad de su trabajo, no es negociable. De ello el sector del transporte haría bien en tomar siempre buena nota.
“Para todo aquel que nos quiere apretar con el precio – nos dice un satisfecho Javier -, y quiere que se lo ajustemos hasta ir casi a pérdidas, con la excusa de que nos va a dar muchísimo trabajo en el futuro, siempre tenemos una frase lapidaria que nos hemos ingeniado y que no falla nunca: Tú páganos lo estipulado ahora y no te preocupes, que si tanta faena nos vas a dar, el viaje 1.000, por muy lejos que sea, te lo hacemos gratis”.


Pasa el día con los Pequerul y tengo la sensación de haber tejido una jornada profesional cargada de enseñanzas. “Si trabajas de lo que te gusta, no trabajas en tu vida”, me dicen poco antes de despedirnos.
Mientras meto mi cámara fotográfica en la funda pienso en el sentido de esa última frase. ¿Tendrán razón?. Entre fotos, caracoles y docencias camioneras en ningún momento del día tuve la sensación de estar trabajando.



