:La naturaleza le habla al asfalto. Lo hace por boca del árbol que cae, un corzo que cruza, esa ladera que lagrimea piedras o la nieve que esconde el camino.
Gaizka está a la escucha porque, como a toda madre, a la naturaleza también conviene hacerle caso.
Quien más, quien menos, casi todo el mundo suele aprovechar el invierno para recogerse algo más en sí mismo, hacer cosas aplazadas, cocinar platos de cuchara y, en general, pasar más tiempo en el hogar.
¿Es este el caso de nuestro navarro de 43 años?. Pues no. Para cuando cae la primera nevada del año en su tierra, esa que pronostica que a partir de entonces se avecina una buena temporadita de frío, Gaizka Razkin lleva ya mucho pronosticado por delante.





“En septiembre empezamos a preparar los camiones para que, llegado octubre, estén listos para la presentación ante la Diputación Foral de Navarra.
Sus expertos determinan si las unidades que conforman nuestro parque están en buenas condiciones – continúa Razkin -, y dispuestas para cubrir una zona como esta, especialmente severa y con mucho ventisquero.
Hay más de un tercio del año en el que tienes que salir a echar sal al asfalto a diario. A las 4 de la mañana ya estamos a veces en danza para que el conductor encuentre sus carreteras en condiciones.
Aquí se agradece mucho nuestro servicio. No falta a quien le gustaría que llegáramos hasta la puerta de su casa – sonríe este vasco de madre valenciana -, pero el mantenimiento de las vías es aquí sagrado para las administraciones, porque si no se paraliza el corazón laboral de una zona tan activa como la nuestra.






En la utilización de la sal y la brea, nuestra empresa, UTE Conservación Irurtzun Lakita Serveo, está considerada un modelo de referencia.
Llevo 20 años viendo la nieve de una manera muy distinta a la que un niño o tú mismo la puedas ver, pero aún así hay algo en ella que me sigue seduciendo. La naturaleza – nos educa Gaizka a su manera – es previsible e imprevisible a la vez.
Tu actitud ha de ser siempre la de estar dispuesto a aprender, pero cuando un contratiempo perturba la carretera no hay lugar para muchas inspiraciones. Hay que trabajar duro, bajo las condiciones que sea, y actuar con celeridad”.
Solución al problema
La labor de este lakuntzarra no comprende autovías como la A-68, donde es más propio que los camiones quitanieves funcionen con lámina. Su herramienta principal es una cuña que abre la carretera cuando ésta se encuentra oculta por la nieve.



No obstante, ni mucho menos es sólo una nevada que cae del cielo la que pauta el día a día de Gaizka.
El hielo que se conforma antes de que despunte el día es obviamente muy peligroso para la conducción, por lo que las 8 toneladas de sal que caben en el depósito de su Iveco, a razón de hasta 4 o 5 viajes diarios al silo para su recarga, se esparcen por Nacionales, vías secundarias y ramales de toda índole, que comprenden centenares de pueblos que jalonan el distrito de Irurtzun y puertos como los de Lizarraga o Azpirotz.
“Entre nuestras atribuciones también está la de dar parte de las incidencias que vamos encontrando en ruta – prosigue Gaizka –, de manera que también nos encargamos de reponer señales en mal estado, sellar grietas con una caldera que calienta un betún especial para que no entre el agua y cuartee el asfalto; o, si es necesario, como me pasó hace 4 días, coger la motosierra y cortar a trozos un árbol caído en la vía.

En un espacio tan natural como este son muy frecuentes los accidentes con animales, a los que llegamos, para limpiar el espacio, después de bomberos y ambulancia.
Se ha llegado a construir un viaducto de 14 metros de ancho, con árboles y vegetación, para que estos pasen de un lado a otro; pero aún así – nos advierte el navarro – el que se te cruce un tejón, un corzo o un jabalí es una posibilidad siempre a tener en cuenta”.
Llegado abril, vuelve al cuartel de verano su Iveco EuroTrakker Cursor 4X4 de 310 CV y caja ZF de 16 velocidades (“Si me dan a elegir – ríe Gaizka –, los cambios, manuales; y SOLO CAMIÓN, a la que llevo suscrito 25 años, en papel”).
Gaizka me sorprende al despedirnos con dos cajas: una de vino y otra con espárragos de Navarra. Su gentileza para conmigo bien podría decirse que es calcada a la de la nieve, que embellece todo lo que cubre.



