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Transporte de madera por los parajes de Cantabria

Entre la cordialidad de Ismael, la dulzura de Ana y la belleza del paisaje cántabro, nos ponemos en vereda. El día despierta caluroso, un presagio de lo que nos espera.

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Estamos en la localidad de Meruelo, que da nombre a un valle repleto de eucaliptos donde el Scania 143H de Ismael, con sus 450 CV de potencia y pintado de un llamativo verde y rojo, viene a cargar madera.

Transporte troncos Cantabria

Digamos que tras 30 años de profesión, nuestro invitado se conoce al dedillo los entresijos de este transporte.

“Con 19 años me compré un GMC y el primer día me denunciaron porque no tenía carnet. Me dieron 15 días para sacármelo, lo hice y ya empecé con la madera”, nos detalla.

A pie de monte (el camión no puede subir más allá) le espera Ángel Campos, que presta sus servicios forestales a Maderas Bada, la empresa que compra la madera.

“La montaña suele estar parcelada, lo normal son extensiones de 1.000-3.000 estéreos (con la equivalencia de 1 estéreo = 1 m3 de madera), aunque también encontramos de tan sólo 200″ .

Ángel, al volante de su Volvo, un dumper articulado, ya ha dado un viaje y tiene apilados troncos como para llenar medio semirremolque. Sin descanso, ambos se ponen manos a la obra.

El uno pilota el brazo articulado y deja caer convenientemente los maderos en el semi, mientras Ismael espera a que caigan para dejarlos bien colocados contra los polines a golpe de hacha.

Transporte troncos Cantabria

“Ésa es la parte más farragosa del trabajo, ya que en función del palista que te cargue, si te los deja mal, los tengo que mover con el hacha y te pegas un reventón que no veas. Ángel es de lo mejorcito que tiene Bada, así que con él no tengo ese problema”, nos cuenta nuestro protagonista.

Transporte troncos Cantabria

El camión queda medio cargado. Ahora, el Volvo vuelve a subir al monte para completar la otra mitad. Ángel nos hace hueco y nos subimos con él.

Pisamos el valle del Meruelo, una zona a pocos kilómetros del mar, a medio camino entre la bahía de Santander y el estuario del Asón.

Por su climatología fresca y húmeda y su suelo ligeramente ácido, en la zona se ha adaptado perfectamente el eucaliptus globulus, una especie natural de Australia que por su rápido crecimiento se usa, entre otros particulares industriales, para la producción de pasta de celulosa.

Un camino empinado y embarrado no es obstáculo para el Volvo. El maestro Ángel hace fácil lo difícil. Ya arriba nos da tiempo de contemplar las tonalidades de verde que pintan la tierra cántabra. Sin palabras.

In situ comprobamos también todos los pasos de este proceso maderero. Un poco más arriba, un operario, sierra eléctrica en mano, va talando los árboles uno a uno.

Transporte troncos Cantabria

Tras él, una máquina se encarga de procesarlos: en una rápida operación gestionada por ordenador atrapa el árbol, pela su tronco para que empiece a secarse, lo corta a dos metros de longitud y lo apila.

En apenas cinco segundos y sin fisuras, todo queda listo. “Aunque hay empresas que cortan los troncos a 2,50 metros, lo tradicional es hacerlo a dos metros, porque antiguamente se cargaban en los GMC y éstos tenían una caja de 2,20 metros”, nos informa.

A esas pilas de madera es hasta donde se acerca Ángel. Palada a palada va cargando su remolque; una vez que éste queda repleto, nos toca la bajada.

Llegamos, de nuevo, hasta el Scania. El procedimiento se vuelve a repetir. El palista carga los troncos en el semirremolque e Ismael los deja niquelados, todo ello ante la atenta mirada de Ana. Inmaculada con su traje de diario, confeccionado por ella, Ana es puro nervio.

Además de controlar el papeleo y de gestionar los portes de la empresa, nuestra protagonista también se sube al camión. ¡Y tanto que lo hace! De copiloto siempre ayuda a su marido en este trabajo de la madera.

Damos fe de ello: mientras charlamos a pie de camión con ella, un tronco se cae al suelo; rauda y veloz se acerca hasta él, lo coge y se lo deja a Ismael, que desde arriba lo engancha cual pluma con el hacha.

Cuando ya están cargadas las 27 toneladas de madera, es hora de fijar la carga. Ismael lanza una cuerda, Ana por el otro lado la sujeta, la ata y listo. “Si los maderos van secos es difícil que se mueva, lo complejo es si va húmeda, que puede resbalar”, nos apuntan.

Fin de la operación. Ahora, a descargar la madera. Destino: Sniace, en Torrelavega, un potente grupo industrial químico que tiene en esta localidad cántabra una de sus factorías.

“Siempre recojo la madera en Cantabria y la descargo en Torrelavega, Hernani y Zaragoza. Antes también lo hacía en Miranda de Ebro y en Aranguren (Bilbao), pero esas empresas cerraron”.

Ismael mira su reloj. Vamos con el tiempo justo para que nos atiendan; si llegamos fuera de hora, no entraremos hasta después de comer. Nos subimos al Scania y ponemos rumbo fijo.

Transporte troncos Cantabria

Todo está bajo control. Dicho y hecho, un par de minutos nos han sobrado, la destreza de Ismael al volante nos ha llevado a buen puerto.

A flor de piel

Entre curvas, Ana nos cuenta las mil y unas andanzas que han pasado juntos esta pareja. Como aquella en la que bajando un puerto de montaña, el camión se quedó sin frenos y Ana envolvió en una manta al por aquel entonces pequeño Demetrio, su hijo, con la intención de tirarlo a la cuneta pensando que así se salvaría de un accidente que presagiaban trágico.

Al final no se toparon con ningún vehículo de frente e Ismael pudo detener sano y salvo el camión. Entre lágrimas, Ana nos recuerda que en ésta como en otras ocasiones se sintió respaldada por su Cristo de Limpias, localidad de la que es natural Ismael.

Entramos en las instalaciones de Sniace. Otro mundo se abre a nuestro paso. La madera queda descargada y otra vez apilada a cielo abierto.

Más tarde pasará a una cinta transportadora para ser molida en virutas, luego a unos silos en los que se procede a su cocción hasta conseguir tras varios pasos la pasta de celulosa.

Sniace produce 66.000 toneladas al año de esta pasta totalmente libre de cloro que luego se utiliza para aplicaciones textiles, de higiene personal y medicosanitarias, entre otras.

Marcamos nuevas coordenadas en nuestra ruta y nos despedimos de nuestros amigos. Les deseamos la mejor de las suertes.