Trabega, transporte marítimo entre la Península y Baleares

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Fundada en junio de 2009 y con sede en la localidad mallorquina de Marratxí, Trabega Logística cuenta con una flota externa de aproximadamente 20 camiones y unos 90 remolques en propiedad, entre plataformas lisas, cisternas, góndolas, tauliners, etc. Su tarea consiste en suministrar todo tipo de productos Trabegaprocedentes de la Península.

El turismo marca el ritmo de trabajo. Y así pues, los meses de junio a octubre son los que concentran el mayor número de viajes de ida y vuelta a tierra firme e interislas.

Agustí Ribas lleva desde los 16 años ligado al mundo de la logística en Mallorca, y hoy dirige Trabega Logística. Un ordenador en su oficina y un teléfono móvil, así como un compañero que se encarga de las tareas comerciales, es todo lo que necesita para dar forma al enorme rompecabezas que supone este tipo de transporte. “Gestiono once camiones en Valencia, cuatro en Barcelona y otros cuatro en Palma”, nos cuenta el gerente.

“Viajamos cada día, de domingo a viernes, tanto a Valencia como a Barcelona, y de allí por toda España. Al principio, la construcción copaba la mayoría del trabajo en las islas, hacíamos mucho transporte de material de construcción, pero tuvimos que diversificar y ahora hacemos transporte de bebidas, café, refrescos, azulejos, sal, cal… de todo”.

TrabegaLa gran parte del espacio que hay en las bodegas está reservada a dos empresas grandes, y el resto se lo reparten compañías más pequeñas, como Trabega Logística.

“La competencia es muy dura, pero se puede trabajar”, asegura Agustí. “Nuestro valor añadido como empresa pequeña es que tratamos directamente con el cliente.

Con algunos de ellos tengo relación desde hace más de 15 años. En cuanto nos proponen una carga, si tenemos disponibilidad, la hacemos. Es muy importante que el cliente confíe en ti y sepa que no le vas a dejar tirado. Y eso se gana con los años”.

Antes de dar una respuesta a un cliente, cabe analizar la disponibilidad de los vehículos. Calcular tiempos y reservar plaza en el barco. La operación, a simple vista, parece sencilla. Pero además hay que sumar un factor imponderable: el estado de la mar.

TrabegaJosé Luis Garrucho, Chechu, es un transportista veterano del Puerto de Palma. Trabajó durante muchos años transportando cargas de la naviera Acciona, y ahora, con una pequeña flota de cuatro vehículos y junto a dos chóferes, trabaja como autónomo para Trabega Logística.

Si alguien puede explicar cómo es la experiencia de ser camionero y pasarte la mayor parte del tiempo navegando, ése es Chechu. Este palmesano se pasó un año entero viajando a diario, de domingo a viernes, en alguno de los barcos que salen de Palma. Ida y vuelta.

Siete horas de media por trayecto. ¿Cómo aguantar tantas horas muertas? “Todo empezó muy bien -nos cuenta entre sonrisas-, era verano, había piscina y discoteca por la noche. De lujo. Pero en cuanto llegó el invierno… ¡se hizo insoportable!”.

Nuestro entrevistado se echa las manos a la cabeza y sonríe aliviado. Aquellos tiempos ya han pasado y ahora la faena se comparte entre tres. Chechu viaja con el Scania 470 -inconfundible por su llamativo estampado-; Biel Vidal, Mariner, con el Magnum 440, y Bernat Bestard, con el Scania R500.

Estamos en uno de los diques del Puerto de Palma, dentro del 470, al abrigo del fuerte viento que sopla fuerte de tramuntana. “Cuando abran las compuertas igual nos encontramos una sorpresita…”.

Nuestro protagonista se refiere a algún camión tumbado. El estado de la mar entre las islas y Valencia ha sido malo durante toda la noche, y no sería la primera vez que la fuerza de las olas hace volcar un camión. “Yo lo he visto y te aseguro que da pena ver cómo tienen que sacar el vehículo tumbado por la rampa, arrastrándolo con un cable. A veces no hay más remedio porque, dentro, levantarlos es casi imposible”.

El mar manda

TrabegaDías después de visitar la sede de Trabega Logística en Palma nos citamos con Biel “Mariner” -uno de los chóferes de Chechu- en el Puerto de Barcelona.

La idea es que Biel me recoja con el Magnum y la cisterna y subir juntos a Olesa de Bonesvalls para cargar cal en la empresa Ciaries. Después, volver al puerto y embarcar de nuevo para llegar a Palma por la mañana y hacer la descarga de la cal en una central eléctrica.

El mal tiempo hace que el buque en donde viaja Biel llegue con cerca de tres horas de retraso a Barcelona. “No hay tiempo”, me comenta Biel en cuanto subo a la cabina.

“Tenemos 40 km de ida y otros tantos de vuelta, más la carga, que son 20 minutos. Para cuando regresemos el barco ya habrá zarpado. No hay alternativa. El mar manda. Es mejor desenganchar la cisterna, dejarla en la zona vigilada de Balearia, y volver a embarcar de vacío.

“Un día entero de faena que no ha servido de nada”, dice Biel sin perder la sonrisa. Es la resignación del que ya conoce este trabajo.

TrabegaArriba, los viajeros son prácticamente todos transportistas. En esta época -explica Marnier- las navieras viven de nosotros. Desde la cubierta vemos la fila de vehículos que aún está por embarcar. “No habrá problemas”, dice Biel.

“En invierno hay sitio para todos, pero en los meses de verano te puedes quedar en el puerto aunque tengas billete”. Nuestro entrevistado nos explica la importancia de llegar pronto a la fila para evitar sorpresas de última hora. “De todas formas, si tú llevas cal y fuera hay uno que transporta perecederos, él pasa antes que tú. Es así”.

Hoy dormiremos en camarote, la acomodación habitual para los transportistas. Sin embargo, durante los meses de temporada alta, no es extraño que más de un profesional se quede sin cama y tenga que pernoctar en una butaca. Mandan los turistas. Ellos pagan las camas a precio de oro.

Es media noche y partimos rumbo a Palma. El mar está bravo. Biel me da un último consejo. “Si se mueve mucho, pégate todo lo que puedas a la pared y colócate un chaleco salvavida haciendo cuña entre la cama y tu espalda. Dormirás como un bebé”. Por supuesto… le hice caso.

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