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Soy camionera: Susana Bañuls, «gracias, mi campeón»

Al bajarse Susana del camión siempre le manifiesta una honda gratitud. Le habla y se cuidan mutuamente. Su compromiso es sereno y leal. La semana ideal para Susana es aquella en la que todos los días aparece el sol y sus portes desde el puerto de Valencia, o la base de contenedores en Ribarroja, acaban a una hora que le permita disfrutar del final de la jornada junto a su hijo y su marido.

Evidentemente, los astros no siempre se alinean de tal manera, pero ella siempre encuentra motivos para la complacencia personal, primero por estar integrada en un oficio que la hace sentir libre y le tiene robado el corazón, y después por haberse hecho hueco en un sector como el del contenedor, que considera ventajoso.

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“A mí me apasiona conducir, pero no cargar y descargar, abrir lona, subir techo, quitar cinchas, etc. Mientras maniobran el contenedor puedo ir limpia y vestida a mi gusto, pues solo he de preocuparme de revisar el camión.

De Anymore Transport, que es la empresa en la que trabajo, recibo un trato superprofesional. Al ser una empresa grande –continúa– dispone de un taller en la base, que va de maravilla para tener el camión siempre en perfecto estado”.

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La comodidad del container solo tiene un pero, a juicio de Susana: las colas. “Cambiar un contenedor, cuando tienes la máquina a tu disposición, es cuestión de dos minutos, pero entre las hileras que se forman a la entrada de la terminal y lo que cuesta a veces que llegue el maquinista, los tiempos de espera son un agobio, y más –apostilla seriamente– porque sabes que son horas vacías que le robas a estar con la familia”.

Verso suelto
Entre los suyos nunca hubo nadie que se acercara ni a los aledaños del sector del transporte, pero Susana siempre tuvo la intuición de que su espíritu osado y librepensador casaría bien con este oficio.

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El sentir el abrazo del asfalto pilotando una Yamaha TZR, con la que trabajaría después haciendo reparto en el puerto de Valencia, no hizo más que ratificar su presentimiento. “En su día me saqué el título de peluquera –recuerda Susana–, y también fui delegada de varias oficinas destinadas a la venta de pisos, incluso llegué a desplegar una oficina propia. Pero de la crisis de 2008 quise salir dándole un giro a mi vida y en tres meses me saqué todos los carnets de camión”.

La primera oportunidad para nuestra singular chiqueta se presentó como conductora de un dumper. Tras años al volante en la obra, el siguiente volante fue el de un trailer con lona. “En mi primer viaje subí con el camión cargado a un barco, marcha atrás y en caracol. Superé la prueba perfectamente –sonríe–, pero madre mía lo que llegué a sudar.

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Fue duro al principio, porque hacía la ruta por la noche. A los tres años pasé a diurno, pero un percance abriendo la lona me produjo la rotura de dos dedos. Tras recuperarme, decidí probar con el contenedor y el cambio fue radical. Es lo mejor que me ha podido pasar, porque solo he de preocuparme de conducir y de que mi camión y yo nos cuidemos el uno al otro”.

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Despertar a oscuras
Entre las 4 y las 5 de la madrugada, en función de la ruta asignada y lo preparado que haya quedado el camión el día anterior, amanece para esta transportista, que, eso sí, no sale de casa sin lucir toda su gracia. En el puerto de Valencia, entre miles de camiones, apenas pueden contarse las mujeres al volante con los dedos de ambas manos, por lo que Susana Bañuls aprecia particularmente encontrarse con otras chóferes.

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“En Francia todo el mundo está acostumbrado a ver mujeres al camión, pero aquí aún nos queda camino por andar. No obstante, que la mentalidad ha cambiado no se puede negar. En Anymore –prosigue Susana– todos trabajamos igual. Lo que hoy hace un compañero mañana lo puedo hacer yo, o viceversa.

¿Que a veces me he sentido incómoda porque muchos se te quedan mirando descaradamente para ver si haces o no haces bien una maniobra?… pues como le pasaría a cualquiera, sea hombre o mujer. Muy al principio sí me encontré a un espécimen que me dijo que si no conocía alguna cocina, cuando fui a demandarle trabajo, pero he tenido la suerte de que la grosería y la ignorancia ajena nunca me han afectado”.

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Susana prefiere emplear su tiempo en ponderar la amabilidad y ayuda que de sus colegas de profesión recibe prácticamente a diario; así como centrarse en la responsabilidad de llevar 40 toneladas, jornada tras jornada, para lo que se requiere tener siempre calibradas en su punto la mesura y la valentía.

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