Soy camionera: Míriam González, los hechizos del camino

Soy Camionera

·  Un post de Jesús García
Tiempo de lectura: 6 min.

Míriam González, al llegar al Puerto de Pajares quita la música, baja las pulsaciones, respira hondo y se deja amar por el paisaje. ¿Acaso no es eso ser camionera?

Sí. Es serlo y, sobre todo, sentirlo. Míriam reconoce con grata extrañeza que ese objeto de fascinación es algo que no había experimentado ninguna de las veces que había recorrido en coche este enclave montañoso de la Cordillera Cantábrica que une Asturias y León, dos territorios en los que nuestra joven gijonesa enhebra sus portes cada día.

Hacia las 5:30 h suena la alarma del reloj para ella, y una hora después ya se encuentra en las dependencias de Patatas Hijolusa en Ribaseca (León), que es donde hemos quedado con una mujer que en pocos segundos te contagia de una jovialidad forjada a base de muchos años de oficio en la hostelería y como monitora de deportes de aventura, aunque de momento dejaremos ese flashback para un poco más tarde.

Aunque la jornada está abierta a variaciones puntuales, lo más corriente es que lleve la patata al Centro Logístico del Grupo Día en Granda (Asturias).

Ya allí, Míriam carga cajas reutilizables IFCO para el transporte de fruta, verdura, carne, pescado o productos de panadería, tanto para diversos almacenes y naves industriales, como para la prestigiosa Rula de Avilés, un centro de interés turístico desde el que se gestiona el puerto pesquero de esta ciudad asturiana. Acto seguido, carga para la vuelta leche en la avilesina Lactavisa, con destino a Astorga. Míriam llega a su casa unas 12 horas después de haber salido de la misma, pero valora el dormir allí todos los días.

Más aventuras laborales
Como apuntamos atrás, esta gijonesa afincada en Mansilla (León) trabajó de muy joven en la jienense Sierra de Cazorla como monitora de actividades deportivas al aire libre como el rafting, descenso de barrancos, piragüismo, etc. “Era un trabajo interesante y enriquecedor – expone Míriam -, pero el que fuera una faena sólo de temporada me hizo buscar otros horizontes, así que mi hermana Rebeca y yo abrimos una cafetería en Gijón.

camionera

La experiencia fue tan absorbente como satisfactoria, pero cuando llevábamos tres años, y ya nos tocaba empezar a verle el color al negocio, la pandemia lo desmanteló todo. Decidimos cerrar la cafetería, pero al poco tiempo me sonrió la suerte y conocí a mi camionero”.

Su camionero no era otro que Luis Manuel, al que en los primeros compases de la relación acompañaba en alguna ruta, mientras para sus adentros iba deliberando por qué derroteros, a sus ya treinta y tantos, debía enfocar su trayectoria laboral.

Quién sabe si en alguno de esos calibrados clic que a veces te concede el cerebro, puede que con la mirada perdida en el horizonte revelado en la luna del camión, a Míriam se le ocurrió que podía hacerse lugar en un oficio del cual no había antecedente alguno en su familia.
Luis Manuel no sólo le animó a ello, sino que le dijo que en Dytur, empresa de transporte y operativa logística para la que él trabajaba, seguro que se ganaría de inmediato un puesto como chófer.

Curso intensivo
Hincando los codos con una perseverancia que ni Rocky subiendo las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia, Míriam consiguió hacerse en pocos meses con el CAP y los carnet C y E. En Dytur, efectivamente, le hicieron un hueco a la primera. “Diciembre de 2021 fue el mes en el que comencé mi periplo camionero junto a Luis Manuel. Los dos conducíamos y, paulatinamente, yo me iba encargando de maniobras como aparcar o acular el camión al muelle.

Pasábamos 24 horas juntos – ríe al recordarlo-. Mentiría si dijera que todo es perfecto conviviendo en un espacio tan pequeño, pero fue un maestro estupendo, que me abrió las puertas a este oficio y con el que compartí bonitas rutas. Cuando ya me emancipé, a los seis meses, el primer camión que me asignó Dytur fue el Volvo FH 12 con el que conocí a Luis Manuel.

Ahora, como podéis ver, llevo un Iveco Stralis 460 con carrocería frigorífica. Al FH le había cogido mucho cariño, pero a este Stralis, además de ser grande y cómodo, le entra mucha luz”.

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A sus 38 años, Míriam González ya no se ve en otro trabajo que no sea el de estar al volante de un camión. Eso sí, agradece el dormir en casa cada día o tener la posibilidad de ajustar algunos portes para poder ver más a su hija Gabrielle; algo que es consciente de debérselo a Dytur, que aunque es una empresa grande, conserva el carácter familiar.

Para Míriam, el hecho de ser mujer le ha aportado más ventajas que inconvenientes. “Por mi experiencia – nos dice -, yo veía de primera mano lo bordes que a veces se mostraban con mi pareja, y el tono más educado con el que, sin embargo, se dirigían a mí. Alguien molesto siempre hay, que ve que vas a acular y saca el móvil para ponerte nerviosa. Al principio intentaba maniobrar sin que nadie me viera, pero ahora me digo: Qué miren y aprendan”.

Estar con su hija de 8 años, con la que comparte custodia, lo es todo para Míriam. En vacaciones le acompaña a veces en la cabina, y dice que de mayor quiere ser camionera o veterinaria. “Yo le digo que puede acompañarme siempre en el camión, pero con los libros de la carrera para ir estudiando. Es tan graciosa – aclara Míriam, con esa imparcialidad que caracteriza a toda madre -.

El otro día iba de excursión con el cole y al pitar algunos camioneros para saludar a los niños, ella les decía a sus compañeros: Todos esos son amigos de mi madre”.

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