Soy camionera: Cristina Batiste, los vigores del alma

Soy Camionera

·  Un post de Jesús García
Tiempo de lectura: 6 min.
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Su vocación de camionera ha sido tardía, pero en ella ha encontrado su remanso de paz. Eso sí, del combate diario con sus Iveco S-WAY y DAF CF no le libra nadie, al menos hasta la jubilación, que Cristina sueña a los 60 años, con las personas que más quiere a su lado: Carmelo, su marido; Mar, su hija; y Yoli, su hermana.

Todo empezó a gestarse en 2015, cuando obtuvo el carnet de camión a través del SEPE, ese organismo que aún tantos seguimos denominando INEM. “Al estar en paro, me ofrecían un curso de unas 300 horas para sacarme el permiso de camión, con la ventaja de sólo pagar unos 400 euros de tasas para el C1, y otro tanto para el tráiler.

Entraba un número concreto de prácticas – hace memoria Cristina –, pero yo me quise asegurar con algunas más. Cuando dije a mi gestor que iba a sacarme la Capacitación, con mis 45 años ya cumplidos, no se me olvidará nunca que me dijo “De ilusiones también se vive”.

Pero saqué esa Capacitación. Es un poco más difícil que el CAP, pero la saqué. Como puedes imaginar, lo primero que hice es una visita a aquel gestor, con mi título en la mano. Por suerte – reflexiona Cristina -, la normativa en cuanto a las tarjetas de transporte cambió para mejor.

Antes te obligaban a tener un camión de menos de 5 meses o a heredarla, lo cual daba pie a los chanchullos que todos conocemos. Ahora, con la Capacitación te dan la Tarjeta gratis, asociada a tu camión”.

Ardua trayectoria
A Cristina Batiste le ajusta perfectamente la letra de aquella canción de Los Fabulosos Cadillacs: “Los caminos de la vida no son lo yo que pensaba… cuando yo era chiquitita”. Su infancia, de hecho, es de los pocos remansos de paz en los que ha flotado nuestra protagonista; una infancia que ella asocia a su abuelo Ramón, que manejó una ambulancia antes y después de la guerra.

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“Él me contaba que le mandaban a recoger cuerpos en la carretera – se emociona Cristina -, pero mis recuerdos de él están asociados a su SEAT 1500, con el que ejercía de taxista.

En la torre familiar sacaba las ruedas, limpiaba los bajos y a mí, que era muy pequeñaja entonces, me gustaba escucharle y ayudarle en lo que fuera. Seguro que molestaba más que otra cosa – ríe esta barcelonesa, suscrita a SOLO CAMIÓN desde hace años -, pero me contagió de lleno su pasión por conducir”.

Ya adulta, Cristina ha ejercido como educadora social, socorrista, monitora de colonias, cajera de supermercado o conductora de coches de alquiler en el aeropuerto (lugar en el que conoció a su pareja, y gran cómplice de la vida, Carmelo García).

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De fácil no ha tenido nada su periplo vital, con un padre sujeto a diversas adicciones y siempre inclinado a anegar la economía familiar; y una hermana, Yolanda, algo mayor que ella y con discapacidad intelectual, a la que Cristina adora. De Yoli se hacen cargo ella y Carmelo, lo cual siempre mediatizó todo paso laboral que ambos emprendieron juntos.

En 2018 compraron su DAF 75.310. Cristina y Carmelo se turnaban con el mismo, hasta que en septiembre del pasado año se hicieron con el Iveco S-Way de 420 que ilustra nuestro reportaje. “Los dos nos compaginamos a la perfección.

Un día hacemos el horario de 8 de la mañana a 7 de la tarde; y al siguiente, de 10 a 3. Así nos vamos turnando – continúa -, de manera que cada día uno de los dos es el que lleva y trae a mi hermana a su centro de día.

En Transparets, empresa para la que trabajamos, siempre se han mostrado muy contentos con nosotros. Nos querían a ambos en horario completo, pero nos pusimos duros en que no y lo tuvieron que aceptar. Un canguro se llevaría prácticamente medio sueldo y en contratar un chófer sólo veíamos posibles problemas. Como se te ponga de baja y tengas que acabar pagando dos, no nos hubiera quedado ni para pipas”.

Madrugar en Riells
Cuando Cristina conduce el Iveco, a las 8 va al muelle de Transparets para cargar el camión y coger la hoja de ruta. Alimentación y plástico, básicamente, se agrupa en los 20 palets que pueden acomodar el Iveco y el DAF.

Nuestra protagonista tiene una querencia particular por este último, al que nunca llama viejo, sino mayor, porque es con el que empezaron a abrirse paso en este oficio. “Nunca nos ha fallado”.

Eso sí, cuando adquirieron el S-Way, un rígido con la cabeza de tractora, su propósito era el de cruzar con éste la línea de meta de la jubilación. Vicisitudes no han faltado en la vida del tándem Cristina-Carmelo (una de las últimas, su parón de tres meses en pandemia, ante la incógnita del sistema inmunitario de Yolanda), pero ahora se reconocen en un momento más dulce y estable.

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“Lo será aún más – concluye Cristina – cuando por fin cobremos en virtud del Observatorio de Costes del Transporte de Mercancías por Carretera.

Es injusto que se nos pague por el porte diario, sin que se te ponderen también los gastos que como autónomos tenemos en partidas como neumáticos, papeleo, revisiones. Sin ello, no hay manera de que te quede un margen digno”.

¿Hará Cristina Batiste, de aquí a 8 o 10 años, uno de sus queridos puzles de 2000 piezas en esa caravana que, de momento, sólo habita en su imaginación?

¿Tendrá esas vacaciones que las circunstancias de la vida le han hurtado siempre, junto a sus queridos Carmelo, Yoly y Mar? ¿Por qué no? Si temple y honestidad custodian cada paso que das es mucho más sencillo dar con tu felicidad. No es pedir tanto.

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